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Sus calles: un inmenso museo | Data de 1066 y es la iglesia principal de la fe anglicana, pero también es el escenario de las coronaciones y funerales de los monarcas británicos. | | |
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Javier Farje BBC Mundo.- Sube tus fotos de viaje a Trotamundos En la Abadía de Westminster nació Eduardo el Confesor rey de Inglaterra, último monarca anglo sajón de estas islas. Los turistas que se acercan a ese imponente edificio de torres que parecen querer llegar hasta el cielo son educadamente informados de esta parte de la historia de Londres.
Después de todo, Eduardo fue el constructor de la abadía, uno de los símbolos de la capital del reino. Y, después de todo, la abadía ha sido testigo de la transición religiosa de este país que se abandonó el catolicismo gracias a ese expeditivo invento de Enrique VIII llamado Iglesia Anglicana, que nació porque no le hizo ninguna gracia que El Vaticano se metiera con su prolífica vida matrimonial.
Situada frente al palacio de Westminster, sede del parlamento, la abadía es depositaria de cadáveres ilustres: reyes, reinas y nobles cuyas osamentas llegan a sumar tres mil personas apiladas en tumbas de mármol o piedra, siendo el propio Eduardo el Confesor el primer habitante póstumo de este edificio impresionante que intimida con sus 600 monumentos y tablas conmemorativas.
Ahí también descansan Isaac Newton y Charles Darwin; Charles Dickens y Geoffrey Chaucer; Rudyard Kipling y Henry Purcell. Unos añadidos más modernos conmemoran las vidas de Oscar Romero y Martin Luther King. Además la abadía ha sido escenario de cada coronación desde 1066.
La concepción
Concebida como monasterio benedictino en las orillas del Támesis en 1045, la abadía de Westminster, que nació como homenaje a San Pedro Apóstol, casi perece cuando Enrique VIII decidió cerrarla en 1540, para convertir a la catedral de San Pablo en símbolo de la nueva religión.
El término "robarle a Pedro para darle a Pablo" parece provenir de ese turbulento período. Poco duró su restauración como iglesia católica durante el reinado de la Reina María porque en 1559, durante la monarquía de Isabel I, volvió a sus fueros anglicanos.
De ahí que el londinense, nativo o adoptivo, considere esta abadía como un lugar obligado de peregrinación, aunque esta no tenga visos de devoción religiosa, porque esa iglesia gigantesca define de muchas formas la identidad de esa parte de Londres en la que se concentran edificios ilustres y emblemáticos.
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