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 Los Kaibiles: Las 'máquinas de matar'
10 de abril de 2007 17:09

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Kaibiles
José Luis Castillejos

Lima.- Los kaibiles, las "máquinas de matar" del Ejército guatemalteco -una mezcla de "rangers" estadunidenses, gurkas británicos y comandos peruanos-, son entrenados en "El Infierno", una Escuela Militar del norte de Guatemala.

Al "Infierno", un Centro de Adiestramiento y Operaciones Especiales kaibil ubicado en la región de Poptún, a 415 kilómetros al norte de la capital de Guatemala, sólo se ingresa por invitación del Ejército y allí estuvo hace unos años este corresponsal de Notimex.

Los miembros de esa fuerza de élite son sometidos durante ocho semanas en ese centro a un entrenamiento de sobrevivencia en condiciones extremas y ellos siempre tienen presente el lema:

"Kaibil, si avanzo, sígueme; si me detengo, aprémiame. Si retrocedo, ­mátame!".

El tableteo de las ametralladoras, una densa columna de polvo y humo y jóvenes kaibiles carapintadas con el fusil M-16 al pecho y la bayoneta calada, reciben al visitante en una zona sembrada de minas y plantas de "pica-pica", que causan un escozor interminable.

Los estridentes cañonazos y el olor a pólvora ahuyentan a las aves, que vuelan despavoridas, mientras los hombres con traje de "fatiga" se desplazan pecho a tierra por entre el espeso follaje selvático, la tierra y el lodo.

Se trata de una demostración de la destreza que estos soldados -indígenas en su mayoría- han adquirido como resultado de un procedimiento desgastante y de privaciones que los ha convertido en implacables soldados de fortaleza inaudita.

Estos hombres cuya arma fundamental es la sorpresa, saben resistir y han sido instruidos como "máquinas de matar" que reaccionan ante "fuerzas o doctrinas extrañas que atenten contra la Patria", según fuentes militares consultadas por Notimex.

El curso para ser kaibil comprende tres etapas: la primera tiene una duración de 21 días de instrucción teórica y entrenamiento práctico en la que se mide el grado de espíritu militar y el nivel moral del aspirante.

La segunda fase se desarrolla en la selva por 28 días y al final del severo entrenamiento, el kaibil debe saber actuar con destreza en una guerra irregular y ser capaz de cruzar corrientes de agua, pantanos, riscos, hacer demoliciones, detectar y desactivar minas.

En la ultima etapa, el aspirante a kaibil, acostumbrado a comer culebras, hormigas y raíces, y a captar el agua del rocío en hojas, debe efectuar ataques de aniquilamiento, maniobras de inteligencia, penetraciones en territorio enemigo y reabastecimiento aéreo.

Le llaman "El Infierno" al centro de entrenamiento kaibil porque los 38 grados centígrados de temperatura y la intensa humedad del lugar han hecho a muchos desistir.

El visitante común se derrite en esa zona ubicada en plena selva del Petén guatemalteco, donde pocos ingresan, y en el caso de los militares, muchos caen rendidos ante el hostil entorno y el brutal entrenamiento.

Los que se rinden nunca podrán llevar sobre la cabeza la boina púrpura y los emblemas que distinguen a la fuerza elite creada en los años 70 para combatir a la insurgencia guatemalteca.

Como parte del curso, que sólo culmina una tercera parte de aspirantes, los futuros kaibiles tienen que pasar dos días sin dormir en un río con el agua hasta el cuello.

Los kaibiles son capaces de doblegar la voluntad del enemigo y su mística está presente en todos los Ejércitos de América Latina, dijo a Notimex el entonces teniente Julio Alberto Soto Bilbao, de la 42 Promoción "Kaibil Balam Internacional".

Ese grupo de elite fue creado el 5 de diciembre de 1974 para enfrentar al ahora desactivado grupo rebelde Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), que durante cuatro décadas puso en jaque al gobierno de ese país centroamericano.

Los militares adoptaron el nombre de Kaibil Balam, un rey del imperio maya que nunca pudo ser capturado por los conquistadores españoles y, con ese espíritu, se organizó también en función de un objetivo político-militar: recuperar el territorio de Belice.

Algunos de los postulados kaibiles son contundentes lemas de guerra, como "Siempre atacar, siempre avanzar" y "El ataque de un kaibil será planeado con secreto, seguridad y astucia, porque el kaibil es una máquina de matar".

Como parte de su preparación los enseñan a cuidar perros cachorros a los que terminarán matando para comérselos, y son entrenados para arrancarle la cabeza de un mordisco a una gallina.

Se especula que en la época de la guerra contrainsurgente incluso comieron carne humana de sus enemigos caídos en combates.

Los militares de este grupo de elite exhiben orgullosos la insignia en forma de arco, con fondo negro y ribetes dorados con la palabra "KAIBIL" en letras mayúsculas de color amarillo.

El color negro significa operaciones nocturnas, el amarillo las diurnas. El ribete amarillo, la primera semana del curso, el fondo negro, la segunda y las letras los siguientes 42 días.

Al término del entrenamiento, los comandos se dan un banquete con carne de lagarto asada, iguana y venado y tienen el permiso de tomar por la fuerza al ministro de Defensa guatemalteco en turno y lanzarlo a un estanque donde hay cocodrilos.

Como parte del ritual de culminación del curso, cada uno de los militares toma la "Bomba", una mezcla de tequila, whisky, ron, cerveza, agua mineral y pólvora que es servida en un vaso de bambú en cuyo exterior y hacia el borde superior está atada una bayoneta.

El militar tiene que tomar con cuidado la bebida, porque con una "Bomba" se embriaga y puede cortarse la frente con la bayoneta que sobresale por la parte superior del vaso.

A partir de entonces, ellos pueden exhibir el escudo kaibil, que tiene un mosquetón de alpinismo, que significa unión y fuerza, y una daga que está al centro de la imagen y representa el honor, y su empuñadora con cinco muescas en referencia a los cinco sentidos.

Uno de los lemas que se lee en la entrada de la Zona Militar 23 de Poptún es "Bienvenidos al infierno" y las ocho semanas que los aspirantes a kaibiles pasan allí así lo confirman.