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 Escuadrones de la muerte en Brasil
10 de abril de 2007 19:36

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SAO PAULO.- En una polvorienta barriada, lejos de los rascacielos del centro de Sao Paulo, seis jóvenes trabajadores metalúrgicos se reunían en una esquina el Día de las Madres para beber gaseosas y ver pasar a las chicas.

Atardecía cuando una camioneta policial pasó lentamente cerca del grupo dos veces, dijeron familiares de los jóvenes. Poco después, cuatro individuos cubiertos con pasamontañas llegaron a la esquina, ordenaron a los seis muchachos alzar los brazos y les dispararon en la cabeza.

Cinco murieron. El sexto joven herido sobrevivió.

Ahora se sospecha que el crimen fue obra de escuadrones de la muerte que entraron en acción en las barriadas pobres de Sao Paulo a mediados de mayo, cuando una ola de violencia sin precedentes ocasionó la muerte de 200 personas.

La violencia estalló cuando líderes de una poderosa banda criminal se molestaron porque estaban siendo transferidos, junto a cientos de miembros del grupo, a una prisión de mayor seguridad. En respuesta, los criminales ordenaron atacar estaciones policiales y agentes, provocando la muerte de decenas de policías.

Grupos de derechos humanos afirman que la policía enfurecida por la muerte de sus miembros reaccionó en revancha en forma indiscriminada y salvaje contra presuntos integrantes de la banda. Y dicen que algunos eran inocentes.

Las autoridades que recopilan información sobre 27 de las muertes (incluso la de los cinco jóvenes del Día de las Madres) no descartan que los propios miembros de la banda hayan aprovechado la confusión para ajustar cuentas.

Ninguna de las 27 víctimas tenía antecedentes criminales y todas recibieron tiros en la cabeza, al estilo de las ejecuciones sumarias, con armas de potente calibre, dijo Antonio Funari, de la oficina policial recopiladora de informes sobre supuestos abusos y delitos cometidos por agentes.

"¿Son de policías estos escuadrones de la muerte? Quizá", dijo Funari. "Pero también podrían estar integrados por criminales que intentaran sacar ventaja de la situación y ajustar cuentas con sus rivales. Estamos investigando todas las posibilidades", indicó.

Pero los familiares de los cinco jóvenes muertos sostienen que culpar a las bandas carece de sentido y que la policía los hace ver como miembros de los grupos criminales. La barriada en que vivían los muchachos, Parque Sao Rafael, a unos 30 kilómetros del centro de Sao Paulo, puede ser peligrosa, pero las bandas no gobiernan sus calles.

Los parientes también insisten en que los jóvenes no se mezclaban con las bandas, sino que por el contrario trabajaban seis días por semana en una fábrica cercana y jugaban fútbol con sus amigos los domingos.

"La gente piensa que esto es una venganza de la policía", dijo Kelly de Souza, de 20 años y hermana de Robson de Souza, uno de los jóvenes muertos. "Todo lo que mi mamá quiere es que se pruebe que mi hermano no era un delincuente, limpiar el buen nombre de su hijo", añadió.

Pero en una muestra del miedo que viven las barriadas, los parientes de De Souza no quieren encarcelar a los responsables porque eso podría provocar una venganza sobre la familia.

"El castigo no traerá de vuelta a mi hermano, sólo queremos que digan que mi hermano y sus amigos no eran bandidos ni que murieron como bandidos", dijo Eduardo de Souza.

El informe de la policía sobre de De Souza y sus amigos sólo indica que fueron muertos por cuatro hombres y que el caso aún es investigado, dijo Otavio Davis, de la oficina de prensa de la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Sao Paulo.

Por ahora, los nombres de De Souza y sus cuatro amigos no aparecen en la lista oficial de 187 muertos a raíz de la ola de violencia que sacudió Sao Paulo del 12 al 19 de mayo.

Esa lista incluye 123 muertos en "enfrentamientos con la policía", 23 reclusos que murieron en rebeliones carcelarias y 41 agentes de la policía y agentes penitenciarios muertos por supuestos integrantes de la poderosa banda Primer Comando de la Capital (PCC).

Además de atacar a la policía, la banda también quemó decenas de autobuses y atacó cajeros automáticos, provocando miedo entre los 18 millones de habitantes de la mayor ciudad de Brasil.

Algunos creen que el número de víctimas podría aumentar si se suman las muertes que se sospechan ocurrieron a manos de escuadrones de la muerte. El diario Folha de S. Paulo, el más grande de Brasil, indicó que las morgues de la ciudad recibieron 272 personas muertas a tiros entre el 12 y el 19 de mayo.

"Ciertemente hubo un sentimiento de venganza. Sao Paulo tiene antecedentes de escuadrones de la muerte", dijo Carlos Eduardo Gaio, del grupo de derechos humanos Centro de Justicia Global, en Río de Janeiro. "La policía fue muy clara en sus declaraciones al público: matarían a los bandidos y los usarían como ejemplo", agregó.

Tampoco están incluidos en la lista oficial casos como el de Lindomar Sousa de Lemos, de 19 años, quien falleció en un choque de motocicleta cuando escapaba de la policía durante la semana de violencia en Sao Paulo. Filipe Morresque, de 17 años, que iba con De Lemos en la motocicleta, también murió.

Las autoridades dijeron que los agentes persiguieron la moto de De Lemos, que coincidía con la descripción de una usada en el ataque a la policía el 13 de mayo.

Morresque intercambió disparos con los agentes y los dos murieron al estrellarse con una pared, dijo David, el vocero de la Secretaría de Seguridad. Las autoridades aseguran que los dos hombres murieron por las heridas del choque. La hermana de Morresque dijo al diario Estado de S. Paulo que su hermano recibió un disparo en las nalgas.

Las autoridades aseguran que encontraron un arma calibre 32 con los hombres, pero los amigos de los jóvenes y parientes aseguran que debió ser plantada. De Lemos, dijeron amigos y familiares, había olvidado la licencia de su motocicleta y debió entrar en pánico y tomó la decisión fatal de huir de la policía.

"Nunca sabremos qué pasó por su cabeza, pero creo que le asustó la posibilidad de que lo multaran", dijo Adalberto Soares, a cargo de la tienda de bicicletas donde De Lemos fabricaba y reparaba bicicletas de competencias.
A diferencia de la barriada donde murieron los cinco jóvenes el Día de las Madres, el barrio donde De Lemos y Morresque crecieron es conocido por la violencia pandillera y donde deudas de 10 dólares en drogas se ajustan con asesinatos.

Al conducir alrededor de la barriada, el sacerdote Paolo Parise señaló una casa donde hace varios años siete personas fueron baleadas en una boda horas después que él celebró la ceremonia en una iglesia cercana.

"Puede ser sólo un golpe en la puerta y luego disparan", dijo Parise. "La gente aquí tiene mucho miedo tanto de la policía como de los narcotraficantes".

En otra barriada obrera, donde un agente gana 521 dólares al mes, un policía de 41 años dijo que ahora teme ser blanco de bandidos mejor armados.

El oficial, que habló a condición de no ser identificado por temor a represalias, aseguró que dos de sus amigos fallecieron en esa semana de violencia. Dijo que su esposa ve en él "un blanco andante para los bandidos".

Reconoce que probablemente hubo policías que quisieron vengar a sus colegas con "ejecuciones sumarias de cualquiera que creyeran o conocieran como un criminal", pero que esos agentes deberían ser "detenidos, juzgados y expulsados".


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