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Gilberto Samperio Donde salta la diferencia respecto al S4 es en el motor, incluso su aspecto con las tapas de las cabezas en rojo y algunos cosméticos en fibra de carbono que la hacen más patente. Pero lo mejor es cuando el V8 cobra vida; tan sólo al encenderlo no aúlla como el común, sino que ruge en plenitud como felino superior al estirar sus extremidades antes de la cacería, que para nuestra metáfora aplicaría para “comerse” los kilómetros de asfalto de una buena autopista.
Para los amantes de las cifras, este V8 cubica 4.2 litros y gracias a un refinamiento de sus componentes principales como cabezas, válvulas, gestión electrónica, inyección directa FSI y demás consigue la mágica cifra de 100 CV por litro. Así, su potencia oficial queda en 420 CV a unos sorprendentes 7,800 giros por minuto; muy pocos motores de esta arquitectura pueden presumir tal régimen.
En tanto el par-motor se queda en unos muy respetables 43.9 kg-m ó 317 libras-pié, siendo el principal protagonista en nuestro análisis. Y es que el empuje de este V8 sorprende pues nos recuerda a sus equivalentes de origen estadounidense, pero con cilindradas muy superiores. Es cierto que no es posible quemar llanta debido a la eficiencia del sistema Quattro, pero la patada que nos repliega contra el asiento al realizar un arrancón hace que le tengamos respeto.
Si seguimos pisando hasta el comienzo de la zona roja -8,000 en el tacómetro- los cambios con la caja manual de seis cortas relaciones se suceden con rapidez. Y la adrenalina inunda nuestro cuerpo al detectar tal cantidad y velocidad de la información de nuestro entorno.
Afortunadamente, el tacto de la transmisión e inserción de marchas es preciso, lo que acompañado de un embrague no tan duro -como en otros deportivos de alto nivel-, permite una conducción rápida relativamente fácil, al punto de que puede engañar a los menos experimentados. De hecho, si realizamos la rutina de acelerar y cambiar sobre medio tacómetro, cuando insertamos la quinta o la sexta ya rodamos a 160 km/h.
Todo sin menoscabo del confort, una maravilla de sedán deportivo. En autopistas de escasas curvas el RS4 presume ritmos de 200 a 220 km/h -su punto más dulce- como si nada. Una marcha muy buena pues a pesar de su firmeza no cansa tanto; a cambio, sí padece un poco cuando realizamos reducciones o punta tacón muy apurado, pues gracias al torque se presentan cabeceos que orillan a la cautela, máxime si rodamos al límite del Audi y a pesar del DRC (Dynamic Ride Control).
Lo curioso de esta sedosidad radica en el ligero subviraje que se presenta al acometer curvas de alta velocidad, ello debido en parte al peso del V8 que se halla por delante del eje director. Porque al viajar en zonas de montaña, la tendencia es mucho más neutral. Incluso en tramos muy sinuosos es una delicia llevar el RS4 dada la respuesta tan directa del volante y de todos los mandos.
Claro, sin olvidarse de que el mejor rango del torque inicia en las 3,000 y su contundencia se deja sentir hasta el corte de inyección, unas 8,200 rpm, lo que genera un rango muy amplio de utilización. Todo se combina para gozar de un manejo rápido y a gusto, tanto en carreteras como vías de altos vuelos. | | |
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