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 El Obispado: símbolo de Nuevo León
05 de junio de 2008 12:23

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El Obispado: símbolo de Nuevo León

El Obispado: símbolo de Nuevo León
Foto: Mauricio Marat, INAH

Seis cañones del siglo XIX custodian la entrada de “El Obispado” de Nuevo León. La finca de reposo que construyó en 1783 el obispo franciscano Rafael José Verger se erige cual vigía en la colina más alta de Monterrey y, convertido ahora en museo regional, después de haber sido cuartel militar, lazareto y cabaret, narra desde allí su historia mientras resguarda el patrimonio histórico de los regiomontanos.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lleva a cabo en este edificio colonial, el monumento histórico más importante del noreste de México, la restauración más intensa, de las 15 que ha tenido desde mediados del siglo XX, con una inversión superior a los 2.5 millones de pesos.

Pese a la fortaleza estructural de la construcción, cimentada en roca, el paso del tiempo, los años que estuvo abandonada y la exposición constante a huracanes, vientos y tormentas, fueron deteriorando sus elementos ornamentales de estilo barroco estípite, sobre todo los del retablo de 30 metros que luce en su frontispicio, y que con esta restauración están recuperando su esplendor.

El restaurador Alberto Compiani coordina estos trabajos por parte del INAH. Explica que a partir de fotografías y documentos del siglo XVIII ha sido posible precisar la fachada original de este monumento, que fue construido con piedra sillar, propia de la región, y que aplicando las técnicas constructivas de la época, con una mezcla de cal, arena y baba de nopal, se repusieron los aplanados de los muros y los elementos decorativos.

El obispo Verger lo concibió y edificó como un remanso para la oración en la conocida Loma de la Vera, y lo bautizó como Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, pero murió en 1789, tres años después de haberlo concluido. Desde entonces ha sido un símbolo en la Sultana del Norte. Continúa

Longeva su presencia, no ha estado exento de vicisitudes. Muerto su constructor, el edificio no conservó por mucho tiempo ni su vocación ni su nombre originales. Muy pronto la voz popular lo llamó “El Obispado”, y así permanece hasta el presente.

Durante el siglo XIX fue escenario de múltiples batallas: en 1847 se usó como baluarte militar durante la intervención norteamericana, y de nueva cuenta, en 1864, sirvió de fortaleza para detener el avance de los franceses; sobrevivió en 1871 a la revuelta de La Noria, pero perdió el ala norte a raíz de una explosión. Dos veces se usó como lazareto, donde confinaban a los contagiados por las epidemias, la primera en 1898, y luego en 1903.

Hace un siglo, este majestuoso conjunto lucía completamente en ruinas. Entre 1913 y 1914, en plena revolución, fue motivo de disputa de varios grupos armados que luchaban entre sí; finalmente, en 1920 terminó siendo un cabaret.

Fue declarado monumento nacional en 1933, y pasó a la administración del INAH en 1938 con presupuesto para su restauración. Sin embargo, es hasta 1946 cuando se realiza su primera intervención mayor, y diez años después se inaugura como el Museo Regional de Nuevo León.

La pieza más preciada del Museo del Obispado es el edificio mismo, por su magnificencia, su ubicación en un sitio histórico, por su legado arquitectónico y porque, pese a la modernización que trajo consigo la industrialización, sigue siendo un referente para la ciudad.

En su interior, se pueden apreciar muy diversos objetos valiosos: la imprenta que trajo a México Fray Servando Teresa de Mier para apoyar la causa de la independencia, el carruaje que usó Benito Juárez en su itinerario por la república, una colección de banderas de la Revolución, un Miguel Hidalgo y un Benito Juárez del siglo XIX pintados al óleo por Escudero y Espronceda, así como otros óleos del siglo XVIII con temas religiosos, de los pintores Antonio Vallejo y Miguel Cabrera.

Información del Instituto Nacional de Antropología e Historia