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 Premonición y adivinación de los sueños
22 de agosto de 2011 00:00

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Ciudad de México (México). Los seres humanos tenemos por costumbre dormir entre seis y ocho horas cada veinticuatro. Durante ese tiempo, la mente realiza las combinaciones más asombrosas para crear imágenes que, a veces, nos desvelan o nos envuelven en apacibles visiones de las que no quisiéramos despertar. Pero, ¿cuáles son los mecanismos que funcionan en la realización de estas películas nocturnas y de dónde proceden sus guiones, aparentemente absurdos?.

El insondable mundo de los sueños ha despertado pasiones entre científicos y filósofos y nunca ha dejado de ser materia prima para artistas enamorados o desesperados. Pero, también los sueños tienen su lado oculto y, a veces, se trasforman en premoniciones y nos ayudan a despejar las dudas de un futuro incierto.

Los sueños premonitorios suelen estar envueltos en un simbolismo difícil de interpretar, puesto que no se refieren a experiencias pasadas. Se trata de mensajes que provienen del inconsciente y que por lo regular nos advierten de peligros o claves importantes para el desarrollo de nuestra personalidad.

Esta clase de sueños ha tenido siempre un gran valor en las culturas orientales y en las que aún hoy suelen denominarse primitivas. En la nuestra han sido asociados, por lo regular, con cuestiones religiosas y su existencia se admitía tan sólo en la vida de santos y profetas. Pero, curiosamente, estos últimos sólo se reconocen muchos años después de acontecida su muerte, por lo que de sus sueños premonitorios quedan, en el mejor de los casos, dudosas leyendas debidamente depuradas por los dogmas religiosos.

Así ocurre, por ejemplo, con la más antigua tradición que, en este sentido, nos transmite la Biblia en el libro del Génesis. Se trata de la historia de José, decididamente marcada por sus sueños premonitorios y la habilidad (señal divina, según nos dicen) con que interpretaba los de otras personas, como es el caso del Faraón de Egipto.

En el campo científico y filosófico, quien abrió la brecha más importante, en este campo, tras las crisis religiosas y el positivismo del siglo XIX, fue C. G. Jung. Para él, los sueños tenían una importancia terapéutica fundamental. Y de ellos lo que más valoraba era precisamente su carácter premonitorio.

Cita el caso de un conocido suyo, entusiasta del alpinismo, que le contó una vez un sueño que se le repetía insistentemente, en el que experimentaba una sensación de éxtasis al ascender la montaña a alturas cada vez mayores, hasta pisar el vacío. Jung aconsejó al alpinista que llevara siempre consigo dos guías en sus expediciones, y que se dejara conducir por ellos dócilmente. Pero el intrépido soñador se rió de tal consejo diciendo que se trataba de supersticiones, hasta que un día fatal perdió la vida con un compañero, precipitándose en el vacío al realizar una escalada.

Y no son tan sólo la Biblia y Jung quienes hablan de sueños premonitorios, dentro de lo más aceptado de nuestra cultura.

Cuando se aborda el tema de la interpretación de los sueños, surgen muchos puntos importantes que han de tenerse en cuenta. En primer lugar ha de estar claro qué sentido tiene interpretar un sueño; qué se pretende descubrir. Esto que parece tan simple y evidente, que no necesita aclaración ni explicitación alguna es en realidad una base fundamental que determinará completamente toda elaboración posterior.

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Siendo así, dejarlo sin dilucidar puede llevarnos a cometer errores muy graves. No es lo mismo, evidentemente, abordar la interpretación de un sueño desde unas premisas psicoanalistas clásicas, que desde una concepción religiosa (cristiana, musulmana, judía, budista u otras) o desde una orientación espiritista u ocultista en general.

Los sueños en las artes adivinatorias

Tradicionalmente se ha conectado el mundo de los sueños con las artes adivinatorias. Desde lejanos tiempos ha sido éste un campo fértil para magos, videntes y profetas. Hoy en día no sólo lo es para estas personas sino que también la ciencia, a través de la psicología, pone el caudal onírico en posición privilegiada para conocer la problemática, los deseos, esperanzas y posibilidades proyectivas que hacia su vida tienen todos y cada uno de los individuos humanos.

La razón de la conexión entre los sueños y el futuro es sencilla. Aquellos nos hablan de los contenidos pulsionales inconscientes, de las potencias ocultas, por donde encauzamos nuestras vidas ante el reto de posibilidades que el porvenir nos lanza. Y esa es la voluntad de nuestra existencia individual. Dadas las características biológicas particulares de nuestra estructura biológica, de nuestra cultura y de las experiencias adquiridas, además de otras inclinaciones espirituales, nos encontramos con requerimientos, tendencias y deseos involuntarios que nos llevarían a tomar una serie de decisiones y a ejecutar los actos correspondientes.

Así vamos conduciéndonos por este devenir vital, por el proceso temporal de nuestra edad y forjando el camino que será, inexcusablemente, nuestro y sólo nuestro.

Deseos y esperanzas ocultos

Las artes adivinatorias consisten en una captación de nuestros deseos y esperanzas ocultos. Estos, en un fugaz instante posterior, se vislumbran proyectivamente aplicados al sendero de nuestra temporalidad. Para ello se requiere sensibilidad y habilidad en la observación de nuestras más mínimas conductas y formas de pensar e imaginar, unido todo a una gran dosis de sentido común o lógica natural. Los videntes, adivinos y profetas, cuando son mínimamente serios, realizan todo este proceso con una gran rapidez, debido al entrenamiento de la intuición a través de su hemisferio cerebral no predominante (el derecho para los diestros).

En el caso de los sueños, se pone rápidamente en conexión el contenido de los mismos con la forma de relatarlos, la apariencia física del sujeto, su manera de vestir, de pensar y los datos biográficos de que se disponga. A todo ello se suele unir también la interpretación realizada por el propio consultante.

Con todo este material se pueden obtener conclusiones muy claras y concretas, ya sea por medio del uso de la intuición (visiones y sentimientos de la vida pasada y futura) o por el análisis racional. La primera forma ha estado relegada a los santos, profetas o adivinos y ha sido puesta en duda en numerosas ocasiones, por la falta de escrúpulos y los engaños de muchos farsantes. Ha habido pseudo-adivinos que, sin un desarrollo real de sus facultades psíquicas, simplemente memorizaban algunas claves de la tradición oniromántica o de las supersticiones populares para sorprender con ellas, entre trucos dramáticos, a sus ingenuos clientes.

La segunda fórmula válida para la interpretación es la que, a partir de Freud, se ha asociado al psicoanálisis y se esfuerza en aportar el rigor del método científico. No obstante, el buen psicólogo debe tener capacidades manifiestas tanto en cuanto a la observación y análisis racional como a la captación intuitiva. Y tales cualidades lo convierten, como C. Jung decía, en el moderno gurú occidental.

Como conclusión observamos que las artes adivinatorias, considerando la interpretación de los sueños u oniromancia como una de las más destacadas, siguen teniendo su lugar en nuestra sociedad actual. Pero hoy, más que nunca, se ha de tener precaución. Porque en nuestros días, debido a la masiva divulgación de todos los temas, han surgido muchos falsos profetas que, en ocasiones, infringen, con toda la buena voluntad de su ignorancia, daños irreparables en sus ingenuas víctimas.

EFE

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