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 Nacho Libre: Da pelea a las grandes
11 de abril de 2007 09:23

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Nacho Libre

Nacho y Esqueleto: Un dúo fantástico.
Foto: Paramount Pictures

Ignacio Campos

Cd. de México (MÉXICO)


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Ya casi por terminar la temporada veraniega, llega a las pantallas nacionales Nacho Libre, una cinta con una trama tan simple e inocente que remonta a las comedias de Capulina o la India María que tanto divirtieron en los 70’s.

Protagonizada por Jack Black (King Kong, Escuela de Rock), la guapísima Ana de la Reguera y Héctor Jiménez (quien tuvo una pequeña participación en Voces Inocentes), la película es un divertidísimo vehículo para rememorar los filmes de El Santo o Blue Demon.

Black es Nacho, un monje de una congregación religiosa de un pueblito de Oaxaca dedicado a cocinar para los niños huérfanos que viven allí, pero que no está del todo a gusto con su función, ya que desde niño siempre ha soñado con ser un famoso luchador enmascarado.

En parte por su deseo personal y en otra por mejorar las condiciones precarias en las que viven religiosos y huérfanos de la congregación, Nacho decide dedicarse profesionalmente a la Lucha Libre para obtener dinero, por lo que se somete a un “duro” entrenamiento ayudado por un vago del pueblo.

El actor Héctor Jiménez es quien encarna a tan singular personaje, llamado Steve o Esqueleto, y resulta el patiño ideal, como Viruta a Capulina, para las locuras que realiza Black en la película, siendo su trabajo tan bueno, que le roba cámara en varias escenas.

Pero la película no funcionaría del todo basándose solamente en las gracias de estos dos actores, sino que cuenta con un soporte muy importante en la elección del casting, el vestuario y las excelentes coreografías para las escenas de las luchas en el cuadrilátero.

Aunque la trama es predecible, resulta muy disfrutable para verla con toda la familia, ya que jamás recurre al albur o al doble sentido para arrancar las carcajadas de los espectadores.

Además de lo divertido de la trama, resulta asombroso ver cómo el director logra recrear tan atinadamente la atmósfera y esencia de aquellas películas que tanto emocionaron a los padres de familia y sus hijos en una época, que vista desde hoy, nos resulta cándida e ingenua.

Ojalá que Nacho Libre pudiera convertirse en realidad y viniera a liberarnos de tantos problemas que enfrentamos el día de hoy, pero principalmente, devolvernos esa ingenuidad que nos permitía deleitarnos con las cosas más sencillas de la vida.

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