Jim Caviezel en una escena de 'La Pasión de Cristo'.
Foto: Icon Productions
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Es el personaje más representado a lo largo de la historia del arte, desde la literatura hasta la pintura o la escultura, y el celuloide no ha podido renunciar a seguir sus parábolas, tentaciones y predicamentos en la gran pantalla.
Jim Caviezel, Willem Dafoe, Klaus Kinski o Enrique Irazoqui son algunos de los intérpretes que han osado, cada uno a su manera, "resucitar" a Jesús en la pantalla.
Teniendo en cuenta lo difícil que es satisfacer a un lector con la versión cinematográfica de un libro, sorprende que a muchos cineastas no les haya amilanado el mayor best-seller de todos los tiempos: la Biblia.
Más bien parece que ocurre lo contrario, pues lograron gran inspiración y crearon aproximaciones a ella y, en especial, al personaje de Jesucristo, de lo más variadas: descarnadas, propagandísticas o irreverentes.
Todas tuvieron que buscar a su actor, pero también todas encontraron su parroquia de espectadores, siempre dispuestos a disfrutar de las diversas emociones que la historia del hijo de Dios es capaz de provocar.
CAPÍTULO I - EL CRISTO TEEN: JEFFREY HUNTER
En los tiempos en que el cine competía con la televisión, la Biblia se hizo presente en el celuloide para defender la épica de la gran pantalla. Cristo hizo un "papel secundario" en la ganadora de once Oscar 'Ben Hur' (1959), y tuvo los rasgos de Max von Sydow en 'La más Grande Historia Jamás Contada' (1965). Pero la película más relevante sobre el personaje, al menos en esa época, fue 'Rey de Reyes' (1961), de Nicholas Ray.
La elección del protagonista suscitó varios comentarios jocosos: Jeffrey Hunter tenía una cara tan angelical que parecía casi adolescente, y la prensa de la época puso el sobrenombre de "Yo era un Cristo teen" a la ambiciosa superproducción.
Hunter, en realidad, tenía 35 años, mucha más edad que otros intérpretes que habían encarnado a Jesucristo anteriormente, y el éxito de la película demuestra que sí supo transmitir la hondura de una figura tan histórica y espiritualmente relevante.

CAPÍTULO II - EL CRISTO DE LAS BUENAS COSTUMBRES: H.B. WARNER.
Con el mismo título de la película de Ray, el hombre que pronunciara aquello de "dénme dos páginas cualquiera de la Biblia y haré una película", Cecil B. De Mille, no hizo excepción con Jesús, cuya interpretación corrió a cargo de H.B. Warner en 1927.
Como hiciera Martin Scorsese, De Mille también prohibió a todo el reparto practicar actividades "antibíblicas": fumar, practicar juegos de azar, natación, juegos de balón, salidas nocturnas o conducir convertibles.

Los planes fallaron cuando una mujer con la que Warner había mantenido relaciones sexuales amenazó con dinamitar el aura pura del filme. De Mille solucionó el conflicto a la manera del viejo Hollywood, pues le pagó a la susodicha un silencioso exilio fuera de Estados Unidos.
CAPÍTULO III - EL CRISTO GORE: JIM CAVIEZEL
Un Mel Gibson en la cúspide de su carrera decidió mirar al cielo y crear 'La Pasión de Cristo', una película con ambiciones de alto nivel: rodada en arameo y latín, y con un retrato impúdico del castigo físico que sufrió Jesucristo hasta llegar a la cima del Gólgota.
El bombazo en la taquilla, crucificó, en cambio, la carrera de Jim Caviezel, al que le sigue costando "resucitar" después de un filme de tanto impacto.
El actor, de convicciones católicas tan fuertes como las del director, ofreció una interpretación descarnada y muy aplaudida, pero la promoción se convirtió en una predicación conjunta y un poco posada.
Gibson aseguraba que no era casual que las iniciales de su intérprete fueran J.C. y tuviera en el momento del rodaje 33 años. Caviezel, por su parte, aseguró medio en serio medio en broma que, para prepararse para su personaje, había intentado caminar sobre el agua de su piscina.
CAPÍTULO IV - EL CRISTO MÁS CARNAL: WILLEM DAFOE
Martin Scorsese, experto retratista de la corrupción contemporánea, deslumbró por su heterodoxa visión de Cristo, basada en el material literario del griego Nikos Kazantzakis.
En ella, un Cristo con más aristas humanas y filosóficas se hacía vulnerable al atractivo carnal de María Magdalena y se materializaba en el rostro anguloso y poco angelical de Willem Dafoe.

El actor, con predilección por roles bastante impíos, pasó todo un verdadero calvario durante el rodaje: Scorsese le prohibió fumar para evitar imágenes de un Cristo adicto a los cigarrillos.
Para mayor gloria de Dios, el propio Dafoe optó por métodos interpretativos poco recomendables: abusó tanto de las gotas para dilatar sus pupilas y conseguir una mirada ultraterrenal, que perdió la vista. Sin embargo, al tercer día, como en las escrituras, la recuperó.
CAPÍTULO V - EL CRISTO PROLETARIO: ENRIQUE IRAZOQUI
Los caminos del Señor son inescrutables y les resultan atractivos incluso a cineastas no creyentes.
El italiano Pier Paolo Pasolini, comunista, ateo y homosexual, concibió la que está considerada la aproximación más hermosa a la figura de Jesús de Nazaret: 'El Evangelio según San Mateo'.
Desde una perspectiva humanista, el filme consideraba a Jesucristo el mayor revolucionario de todos los tiempos y, para encarnarlo, Pasolini se planteó la posibilidad de contratar como protagonista a Jack Kerouac o a Allen Ginsberg, ambos escritores beat y expertos en dinamitar esquemas.

Sin embargo, el cineasta tuvo una "epifanía": conoció a un joven español de madre italiana que estudiaba literatura y quería centrar su tesis en la obra pasoliniana.
Y así, Enrique Irazoqui, nacido en Barcelona el 5 de julio de 1944, se convirtió en el Cristo más proletario.
Pero, pese a la buena estrella que tuvo y aún guarda la película, el actor no encontró un hueco para él en el mundo del cine y acabó siendo profesor de literatura en Cadaqués y ajedrecista.
CAPÍTULO VI - EL CRISTO ROCKERO: TED NEELEY
El evento conocido como 'la más grande historia jamás contada' no podía dejar de tener su versión en Broadway. Pero la apuesta fue arriesgada porque suponía convertir a Cristo en una estrella pop y virar el look nazareno hacia lo hippie.
Para que la palabra de Dios se convirtiera en "la canción de Dios", Andrew Lloyd Webber compuso una ópera rock extremadamente popular que, en el cine, fue rodada por Norman Jewinson en 1973. Era 'Jesuscristo Superestrella'.

Para el papel del Salvador, el elegido fue el rockero Ted Neeley, que venía del polémico musical de The Who 'Tommy'. Su interés por conseguir el papel lo impulsó a aparecer en el hotel de Jewinson en Los Angeles vestido de nazareno.
Su interpretación, sobre todo la vocal en temas como 'Gethsemane', fue tan convincente que cargó con la cruz -bastante rentable, por cierto- de ese personaje para el resto de sus días en innumerables montajes teatrales. Además, conoció a su mujer, una de las bailarinas del número de Simón el cananeo, en el rodaje.
CAPÍTULO VII - EL CRISTO CÓMICO: JOHN HURT
Aunque la comedia religiosa más célebre de todos los tiempos es 'Life of Brian', de los Monty Python, es más recordada la aparición del Cristo de Mel Brooks en 'History of the World: Part I' (1981), interpretado por John Hurt.
En una hilarante secuencia en la que se mezclaban los tiempos históricos, Leonardo da Vinci intentaba pintar "en directo" la última cena y John Hurt por fin pudo cumplir su deseo de desempeñar un rol cómico, aunque fuera, precisamente, como un atípico Jesucristo.
Luis Buñuel también retrató en clave cómica a Jesucristo en 'La Vía Láctea', donde volvió a dejar claro por qué afirmaba aquello de que era "ateo gracias a Dios".
CAPÍTULO VII - EL CRISTO MÁS RADICAL: KLAUS KINSKI
Una de las frases que pronunciaba Klaus Kinski desde el escenario en 'Jesus Christus Erlöser' era "no soy su superestrella".
El siempre controvertido actor decidió dar en el teatro su propia versión del Mesías, a quien consideraba "un hombre que prefería morir antes que continuar viviendo arrodillado".
El resultado fue un montaje sencillo pero explosivo: un monólogo que se inundaba con el carisma indomable y desquiciado del actor alemán, que se presentó en Berlín el 20 de noviembre de 1971 y cuya polémica dio pie a un documental estrenado en 2008.

Ante los abucheos del público, Kinski montó en cólera e insultó a los disidentes para mayor disfrute de sus admiradores. Decidió, entonces, que cada vez que fuera interrumpido retomaría su monólogo desde el principio.
Vitoreado y vilipendiado a partes iguales, acabó la representación a altas horas de la madrugada y con necesidad de intervención policial. Al serle reprochado su comportamiento incoherente con las enseñanzas de Jesucristo, contestó: "Él hubiera sacado el látigo y los habría azotado".
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