Anna Sokolow
Foto: Reforma
La mujer rebelde de la danza moderna, Anna Sokolow, fue el pilar fundamental de esta disciplina en México, coinciden la coreógrafa Magnolia Flores, Manuel Hiram y la investigadora Margarita Tortajada.
La bailarina estadounidense, quien murió el miércoles pasado en Nueva York, formó a los coreógrafos más importantes del país con un principio: la búsqueda de la profundidad del ser humano.
La creadora de danzas que revolucionaron a nivel internacional la concepción de la danza como Sweet lírica (pieza considerada como obra maestra en el mundo), Rooms y Poema entre otras, formó el primer grupo de danza moderna en México, integrado por Rosa Reyna, Ana Mérida, Raquel Gutiérrez, Martha Bracho, autodenominadas las sokolowas.
Alumna de Martha Graham, Sokolow es considerada como la representante más brillante de la segunda generación de la danza mundial.
"Es una pérdida imposible de sanar; fue un valor importantísimo. Para Raúl Flores Canelo y para el Ballet Independiente, Sokolow fue una luz que nos incitaba a caminar y ser verdaderamente artistas, puros, honesto con el arte", manifestó Hiram, director artístico de la agrupación con la que se identificó en México.
Sokolow ha sido un talento insustituible que dejó una huella muy importante en la danza mexicana, considera Magnolia Flores, directora del Ballet Independiente, que es el único en el país con permiso para bailar sus coreografías, pues de las cerca de 17 piezas que tienen en su repertorio, muchas de ellas la misma Sokolow las montó personalmente.
"No sólo la unió a Canelo (fundador del grupo) una profunda amistad sino la afinidad creativa de coreógrafos, porque conservaban ese entendimiento del ser humano".
Considerada, junto con la estadounidense Waldeen, pionera de la danza moderna en el país, la mujer con ascendencia ruso-judía nunca recibió en vida un homenaje por parte de las instituciones mexicanas, expresa Hiram.
"En 1998, el Ballet Independiente le hizo un homenaje en el que el Gobierno le entregó el Aguila Azteca, pero una ceremonia como tal por parte de las autoridades culturales no se hizo.
"Siempre se les olvidan los creadores y cuando se mueren empiezan a preocuparse. Tienen una obligación verdaderamente alta con ella porque fue una de las grandes", comenta Hiram.
Margarita Tortajada, investigadora del CENIDI-Danza, comenta que Sokolow pisó tierras mexicanas en 1939.
El pintor guatemalteco Carlos Mérida recomendó el trabajo de Sokolow a Celestino Gorostiza, quien dirigía los hilos de la cultura en ese entonces.
La bailarina que se presentó en el Palacio de Bellas Artes se identificó con los murales de Rivera y Siqueiros porque decía ver su danza en esas pinturas de lucha, manifiesta la autora de los libros Danza y poder y Mujeres de danza combativa.
Una de las anécdotas de esta coreógrafa indican que cuando estreno en Nueva York la pieza Desiertos, perteneciente a su etapa obscura, nadie aplaudió.
