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 Hombre baila la danza del vientre
09 de abril de 2007 18:30

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Mousbah Baalbaki

Mousbah Baalbaki, famoso bailarín de la danza del vientre de Beirut
Foto: Reu

Lucy Fielder

Beirut, Líbano(Reuters) - Los ojos azabache miran con timidez detrás de un velo negro con lentejuelas. Las borlas plateadas se mecen al compás de las caderas.

Sus patillas y torso muscular son menos típicos. El famoso bailarín de la danza del vientre de Beirut, Mousbah Baalbaki, ha llegado a la pista.

El velo cae en medio de los vítores y silbidos de la audiencia y él toma una vara dorada. Sosteniéndola con las yemas de los dedos y mordiéndose los labios, toca sus caderas con la vara y se inclina hacia atrás mientras sacude sus hombros.

Los tambores apuran el ritmo y retumban. Mousbah se desplaza por el escenario moviendo sus caderas y hombros cada vez más rápido, dejando en el espectador una imagen borrosa de cadenas y borlas.

Echando la cabeza hacia atrás, la boca abierta, los ojos entrecerrados, luce cautivador ante su asombrada audiencia.

"Es el mejor bailarín que he visto. La música, el espectáculo, todo eso pone una especie de encanto en uno", dijo Nassim Shadi, de 23 años.

Mousbah tiene 1,80 metros de estatura, usa maquillaje y su vestuario tiene un toque callejero: pantalones satín adornados con borlas, jeans rasgados, con cintos y cadenas, camisas con diseño que asemeja la piel de los tigres, bandanas...un vestuario nuevo para cada espectáculo.

"Prefiriría que fuera una mujer, creo", dijo Faisal Shams, de 28 años, que no miró gran parte de la actuación. "Aunque él es un gran bailarín, mejor que la mayoría de las mujeres que hacen la danza del vientre".

Ser un hombre que es visto en un papel femenino fue difícil al principio para Mousbah, de 31 años, un sunita que creció en Sidon, un pueblo en el conservador sur de El Líbano.

"Al principio mi familia estaba en contra, pero con el éxito comenzaron a aceptar lo que hice. Ahora es normal porque me he hecho de un nombre".

La actuación de Mousbah ha demostrado ser un éxito en el cosmopolita Beirut, donde se presenta regularmente en clubes y en recepciones de bodas. Próximamente saldrá un álbum de música para danza de vientre en su honor.

"Es estupendo verlo pero creo que a la gente en parte le gusta verlo porque es algo raro, y en Beirut todo se rige por la moda", dijo Layla Abdullah, de 31 años, quien observaba a Mousbah en el Salón de la Música, un nuevo escenario para presentaciones en vivo donde hay que reservar con semanas de anticipación.

Nazih Khater, un columnista de arte para el importante diario An-Nahar, está de acuerdo con Abdullah: "Todo lo inusual atrae. No obstante, él es un artista, tiene creatividad, estilo y personalidad, lo cual lo hace una estrella".

En reuniones familiares privadas, dice Khater, es normal para hombres y mujeres libaneses bailar con los mismos movimientos ondulantes, que se cree provienen de los ritos sagrados de sus antepasados, los fenicios. "Pero si un hombre hace eso en público, normalmente la gente se reiría", dijo.

Mousbah y otros como él pueden ser vistos como de reputación dudosa en el resto del mundo árabe, señaló Khater. "En el Líbano, se valora altamente la cultura, la gente aprecia a Mousbah como un artista y hace una excepción".

Mousbah dice que salvo algunos comentarios extraños o miradas sarcásticas, nunca ha sido acosado. "Amo al Líbano, amo a esta sociedad y está cambiando, incluso la mentalidad. No estoy buscando liberar a nadie, yo me he liberado por mí mismo".

La hedonista vida nocturna de Beirut la ha convertido, indiscutiblemente, en la capital de la diversión en Oriente Medio. El consumo de alcohol es ampliamente aceptado y solteros y solteras salen juntos por calles repletas de bares.

Pero regresan a casa con padres que viven en comunidades cerradas, donde enfrentan presiones para que formen una familia.

Ser homosexual es tabú para muchos libaneses, sean cristianos o musulmanes, y los homosexuales corren el riesgo de ser incriminados por tener "sexo contra natura" bajo las leyes del país.

La policía generalmente se hace de la vista gorda con los bares de homosexuales, y Khater dice que la actitud de la mayoría de la gente es "vive y deja vivir. No es aceptado, pero no es un drama".

La incursión de Mousbah en un baile que otrora estaba reservado para las mujeres-- que combina palmadas en sus propios glúteos con pasos más clásicos -- es arriesgada. Sin embargo, a Mousbah parece no preocuparle la controversia.

"Estoy rompiendo barreras, pero no a propósito. Nunca hice esto pensando en cambiar a la sociedad. Solamente soy un bailarín".

Reuters

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