Alejandro Araujo
Al inicio de un ensayo titulado “Gómez Morín: modernidad y tradición” Javier Garciadiego sugiere lo siguiente:
‘Los historiadores profesionales desconfían de las efemérides –cuando no de plano las repudian–, pues propician las historias “de bronce” y los rescates historiográficos artificiales u oportunistas. Sin embargo, es incuestionable que las efemérides sirven de pretexto para la recuperación de personajes históricos injustamente olvidados o erróneamente subestimados, así como para reflexionar sobre los legados del personaje conmemorado y revalorarlos.’
Ese texto fue publicado por primera vez hace 10 años, en 1998. Sin embargo, es posible encontrarlo en un libro que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) decidió publicar con la intención de ofrecer una “muestra representativa” de la obra publicada en los últimos 30 años por Garciadiego. Gracias a ello, el lector interesado en la historia intelectual del México postrevolucionario podrá encontrar diversos textos que se encuentran “dispersos en libros colectivos y
en revistas especializadas”; los 30 años de Garciadiego como historiador justifican plenamente el recuento de la obra realizada.
Pero la cita, leída en 2008, permite invocar los riesgos y posibilidades que todo acto de conmemoración conlleva. No es necesario detenernos en ello, aunque sugiero, modesta y amablemente a todo aquel interesado en pensar la historia de México y
su forma de escribirla, acudir al libro de
Garciadiego y leerlo bajo la cita que decidí recuperar.
Y es que Cultura y política en el México posrevolucionario reconstruye y narra algunos de los momentos claves de aquello que indica en su título. Los temas centrales giran, en sus primeros cuatro capítulos, en torno a la Universidad Nacional Autónoma de México, a la figura de Alfonso Reyes, a la de Gómez Morín y a la producción historiográfica; en el último, el quinto, recorre algunos temas más, como una breve historia de El Colegio de México, y repasa el papel que desempeñaron personajes como Pedro Henríquez Ureña, Salvador Azuela, Jesús Reyes Heroles y José Vasconcelos, entre otros.
El libro comprende más de 50 años de producción intelectual enfocados bajo las tensas y complejas relaciones entre el mundo de la política y el mundo intelectual. Muestra las redes intelectuales que marcaron la producción de dichos personajes, los espacios culturales y académicos que construyeron; las exigencias normativas que organizaron múltiples disputas, así como una amplia gama de singulares anécdotas que nos permiten observar tanto las relaciones de poder existentes al interior del mundo académico, como los efectos que las miradas académicas –“intelectuales”–generaron en el orden social y político.
Ahora que la revisión de nuestra historia forma parte del horizonte reflexivo de nuestros mundos académicos, políticos y sociales; es necesario reconocer que nuestras observaciones, como las que en su tiempo hicieron Reyes, Vasconcelos, Gómez Morín, Caso, Reyes Heroles, también están marcadas por las preguntas de nuestro tiempo y por las articulaciones complejas y tensas que la cultura y la política tienen entre sí. Probablemente, en nuestros tiempos, somos “menos ingenuos” que algunos de aquellos grandes intelectuales. El tránsito de la historia fue para ellos, un problema que dejaron circunscrito para comprender su objeto de estudio; nosotros, en cambio, hemos hecho de la mirada historiográfica, de nuestra propia mirada, un objeto por historiar. El libro de Garciadiego es un claro ejemplo de ello: en él los constructores del mundo intelectual mexicano se han vuelto parte de la historia.
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