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EL PLAN DE SAN LUIS

EL PLAN DE SAN LUIS

Memoria 20/10

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Venustiano Carranza: un político porf...

Venustiano Carranza: un político porf...

Sé bien que este personaje no es de los que se dejan sondear. Hombre acostumbrado a la política de un país donde el disimulo resulta una de las mejores virtudes; no es fácil conocer su pensamiento verdadero. Baste decir que cuando Venustiano, cuando recibe una visita, lo primero que hace instintivamente es colocar un sillón de espaldas a la ventana. Así queda en la penumbra y su cuerpo no es más que una silueta negra. Él, en cambio puede examinar a su gusto el rostro del visitante


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El Plan de San Luis es un documento sencillo y directo, que tenía una misión específica: dar por terminada la fase electoral del movimiento antirreeleccionista e inaugurar una nueva ante el agotamiento de las instancias legales. Por ello se convoca a las armas para el 20 de noviembre, a las 6 de la tarde.

Constituido por 11 artículos y varios considerandos transitorios, el Plan de San Luis señala en algunas de sus partes centrales las causas de la convocatoria a la rebelión. Como era de esperarse, el lenguaje es áspero y confrontacional; por ejemplo, se refiere al gobierno como tiranía que oprime, dictadura intolerable, que ha abusado del pueblo.

Se explica que la causa principal para hacer tal llamado es el autoritarismo del sistema, la injusticia en todos los órdenes de la vida nacional, la antidemocracia, la falta de libertades y la decisión de Díaz de seguir gobernando e imponer como sucesor a Ramón Corral.

Añade que durante sus recorridos por el país “las palabras mágicas de Sufragio Efectivo y no Reelección” generaron grandes expectativas que se combatieron con el asedio, la persecución y la prisión de Madero y seguidores. No obstante, el Partido Antirreeleccionista había participado en las elecciones como una estrategia para demostrar al mundo “que el pueblo mexicano está apto para la democracia, que está sediento de libertad, y que sus actuales gobernantes no responden a sus aspiraciones”.

Después de exponer el contexto de los comicios recién efectuados remataba en la parte sustancial de la convocatoria:

En tal virtud, y haciendo eco de la voluntad nacional, declaro ilegales las pasadas elecciones, y quedando por tal motivo la República sin gobernantes legítimos, asumo provisionalmente la Presidencia de la República, mientras el pueblo designa conforme a la ley a sus gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar del poder a los audaces usurpadores que por todo título de legalidad ostentan un fraude escandaloso e inmoral.

Por ende convoca a la rebelión y deja otras cuestiones de gobierno, organización social, económica y demás asuntos para otra ocasión. Es un documento centrado en el llamado a las armas y las formas de organización ante el triunfo de la rebelión.

Así, los puntos 1° y 2° están referidos a declarar nulas las elecciones y al desconocimiento de las autoridades, el 4° a declarar como ley el principio de no reelección y el 7° a convocar al inicio de la rebelión para el día 20 de noviembre. Lo cual en conjunto representaba la ruptura con el sistema porfirista.

Otros artículos se refieren a la organización ante el eventual triunfo de la rebelión. Así, por ejemplo, en el artículo 3° se declaran vigentes todas las leyes promulgadas por la administración de Díaz; en el 5° y 6° se señala que, al triunfo, el presidente provisional convocaría a elecciones y daría cuentas al Congreso.

En otro bloque se especificaba el comportamiento que debía tenerse durante la conflagración; por ejemplo, el artículo 8° señalaba que se debían observar las leyes de guerra; el 9°, someter a las autoridades que se resistieran a la aplicación del Plan; el 10°, la forma de establecer autoridades provisionales, y el 11°, lo relativo a los gastos de administración.

Además, existía una parte relativa a la organización militar de las fuerzas alzadas, lo cual quedaba explícito en un apartado transitorio, en el que se habla de los grados militares, el comportamiento de las fuerzas revolucionarias, las formas de tratar al enemigo, distintivos y hasta uniformes.

Como se ve, el Plan está centrado en dos ejes: la ruptura y la organización de la lucha y primeros instantes del nuevo gobierno. Sin embargo, hay un artículo que parece fuera de ese corte, el 3°, que refiere la inaplicación de la Ley de Terrenos Baldíos que había permitido el despojo a pequeños propietarios indígenas, por lo cual se postula la restitución de estas propiedades.

Si bien es cierto que el problema de la tierra requería de una urgente solución y que se vivía una tremenda injusticia en el ámbito rural, parece un tanto extraño que Madero trate este asunto en un plan que tiene por fin la convocatoria a las armas, y más si se toma en cuenta que en el programa de gobierno que signó junto con Vázquez Gómez el problema agrario se menciona vagamente, sin referirse a los indígenas,19 por lo que se puede pensar que esta reflexión de Madero tenía por objetivo involucrar al campesinado en la lucha.

Paralelamente, Madero lanzó una proclama al ejército mexicano invitándolo a que se uniera a la insurrección, que apoyara la causa del pueblo a cambio de respetar sus grados.20 Asimismo lanzó una convocatoria al pueblo estadounidense explicando la causa de su movimiento y la situación de dictadura que se vivía en México.

Los hechos se precipitarían. El 18 de noviembre se descubrieron los planes para la insurrección que habían trazado en Puebla Aquiles Serdán, amigos y familiares. Todos fueron asesinados. El día 20, como estaba establecido en el Plan, Madero cruzó la frontera por Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras, uno más de los simbolismos que gustaba propiciar el místico Madero). En principio nada de ello sucedió, no hubo multitudes levantadas, Madero fue recibido por un grupo exiguo y mal armado, la revolución parecía un fracaso, pero pronto las cosas empezarían a cambiar. Pocas horas después, en San Isidro, Pascual Orozco leyó el Plan de San Luis ante un auditorio de mineros, campesinos y mineros, y se levantó en armas. En los días subsecuentes harían lo propio Abraham González, Francisco Villa y Maclovio Herrera en Chihuahua; Cesáreo Castro en Coahuila; el ingeniero Urquidi en Tlaxcala; Rafael Cepeda en San Luis Potosí; Alfredo Robles Domínguez en el Distrito Federal; Cándido Aguilar en Veracruz; Emiliano Zapata en Morelos, etcétera.

En pocos días la revolución ardía en el país.

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