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EL PLAN DE SAN LUIS
Héctor L. Zarauz López

EL PLAN DE SAN LUIS

En su temprana autobiografía Francisco I. Madero escribió: “(…) estoy resuelto a luchar con toda energía defendiendo la causa del pueblo, lo cual me pondrá en condiciones de ser actor principal de muchos acontecimientos”.
 

Memoria 2010
Después de la publicación del Plan, Madero intentó una primera incursión para tomar Ciudad Porfirio Díaz (Ciudad Juárez). Sin embargo, tuvo la necesidad de regresar a suelo norteamericano debido a la escasez de apoyo y armamento. Francisco I. Madero, 1911. AGN
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Héctor L. Zarauz López


Anteayer pisé vuestro suelo libre. Vengo huyendo de mi país gobernado por un déspota que no conoce más ley que su capricho. No vengo a implorar vuestra ayuda; los mexicanos estamos en aptitud de gobernarnos a nosotros mismos y el pueblo mexicano es bastante fuerte para hacer respetar su soberanía; lo único que reclamo de vosotros es la hospitalidad de los pueblos libres que han dispensado siempre a los hombres que en otros países luchan por la libertad.

Francisco I. Madero, San Antonio, Texas, octubre de 1910.

En su temprana autobiografía Francisco I. Madero escribió: “(…) estoy resuelto a luchar con toda energía defendiendo la causa del pueblo, lo cual me pondrá en condiciones de ser actor principal de muchos acontecimientos”. De esa manera inició un intenso y rápido proceso de politización que lo llevaría del idealismo electoral a la realidad de las armas.

Este vertiginoso y contradictorio trayecto, marcado por dos puntos tan opuestos entre sí, está bien representado en el pensamiento y la acción de Madero por dos documentos. Por una parte, La sucesión presidencial en 1910, que claramente responde al impulso de la democratización del país por la vía del diálogo y la fuerza electoral; en el otro extremo, el Plan de San Luis, que indica de manera contundente el hartazgo de un sector de la sociedad ante el autoritarismo del sistema y la falta de libertades políticas elementales. Representa, pues, la toma de la justicia por asalto.

En marzo de 1908 El Imparcial, el periódico oficioso de la época, dio a conocer en sus páginas la entrevista que el presidente Porfirio Díaz había concedido al periodista estadounidense James Creelman en el Castillo de Chapultepec. Las declaraciones ahí vertidas tuvieron gran trascendencia pues el dictador manifestaba, por primera vez de manera pública, su deseo de dejar el poder, señalando que México se encontraba listo para la transición política.

Sin embargo, no fue consecuente con lo dicho, y en marzo de 1909 se postuló de nuevo a la presidencia de la República para el periodo 1910-1916. Entonces los grupos políticos cercanos a él: los llamados científicos y los seguidores del general Bernardo Reyes, decidieron contender por la vicepresidencia, ya que ambos grupos sabían que quien ejerciera ese puesto estaría llamado a ser el sucesor de Díaz.

Por otra parte, fuera de las corrientes intraporfiristas, Madero tomó la palabra al viejo caudillo y durante la segunda mitad de 1908 se dedicó a escribir un libro en el cual analizaba la historia de México, su situación en el contexto internacional, sus formas de organización y las necesidades de un relevo político, aunque reconocía los méritos de Díaz. A comienzos de 1909 empezó a circular La sucesión presidencial en 1910. Así, fuera de los canales oficiales, surgió un movimiento político que postulaba como bandera la democratización electoral del país, el respeto al voto y la no reelección.

Arar en el desierto

El 25 de febrero de 1909 Madero llegó a la ciudad de México para dar resonancia a su libro y sus ideas. El texto fue enviado a políticos y periodistas, a gobiernistas y opositores, incluso el propio Porfirio Díaz recibió un ejemplar. Sin embargo, la respuesta oficial a las inquietudes políticas que habían surgido fue la misma cuando el 2 de abril el Club Reeleccionista confirmó la postulación de Porfirio Díaz para la presidencia y Ramón Corral, miembro del Partido Científico, para la vicepresidencia.

Ante tales señales de inmovilidad política Madero se dio a la tarea, con algunos seguidores intelectuales de la clase media, de crear clubes antirreeleccionistas y un partido que aglutinara a quienes participaban de esa inquietud. El 19 de mayo se fundó en la capital el Centro Antirreeleccionista de México, presidido por Emilio Vázquez Gómez y el propio Madero como secretario, y se propuso el lema de “Sufragio efectivo, no reelección”. Un par de días después se dio a conocer el acta constitutiva en la que habían participado José Vasconcelos, Luis Cabrera y Filomeno Mata, entre otros.

Todo ello significó el inicio formal de las actividades de los opositores. Durante un mes se realizaron varias reuniones en la casa del ingeniero Alfredo Robles Domínguez. Como resultado, el Centro Antirreeleccionista lanzó un manifiesto y se crearon clubes que llevaban por bandera el antirreeleccionismo. Asimismo. se tomaron decisiones que innovarían la forma de hacer política en ese momento, como el uso de la prensa (México Nuevo y El Antirreeleccionista de manera notoria) y el contacto directo con la población a través de giras políticas.

Así, Madero y correligionarios realizaron visitas al estado de Veracruz y la Península de Yucatán (en el mes de junio). Al principio la respuesta fue variable, pues no siempre acudía un gran número de personas. Daba la impresión de que se araba en el desierto. Luego siguieron ciudades en las que se logró la atención de la ciudadanía –Monterrey, Tampico, Torreón–, sumándose profesionistas, artesanos, sectores medios y partidarios de Bernardo Reyes, agrupados en el Partido Nacional Democrático, que habían quedado sin líder cuando aquél renunció a su candidatura a la vicepresidencia.

En diciembre de 1909 una nueva gira llevó a Madero y a Roque Estrada por Querétaro, Guadalajara, Chihuahua (en donde conocería a Abraham González) y otros lugares, hasta llegar a San Pedro de las Colonias, su pueblo natal. En el trayecto percibió que aumentaba el apoyo a su causa, las plazas se llenaban para escuchar los postulados del antirreeleccionismo y, en la medida en que la muchedumbre crecía, la dictadura daba indicios de nerviosismo. Los osados jóvenes antirreeleccionistas empezaron a ser vigilados, difamados en la prensa porfirista, hostilizados. Se clausuraron sus periódicos e incluso hubo prisión para algunos militantes de la causa.

Madero permaneció en Coahuila un par de meses y regresó a la ciudad de México el 2 de abril de 1910 para asistir a la Convención del Partido Antirreeleccionista, en la cual se decidiría la candidatura a la presidencia de la República.

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