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Día de los inocentes en el Tlacotalpan
Bernardo García Díaz

Día de los inocentes en el Tlacotalpan

Entre los documentos del Archivo Municipal de la ciudad de Tlacotalpan, en la sección correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX
 

Un día de los inocentes en el Tlacotalpan
Para mayor información consultar el Tomo 6 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
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Entre los documentos del Archivo Municipal de la ciudad de Tlacotalpan, en la sección correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX, existe un legajo amarillento que atrae en seguida la atención del historiador que lo descubre. Este Expediente, fascinante para el investigador que lo lee por primera vez, sin duda se encuentra entre los manuscritos más apegados a la esencia del carácter tlacotalpeño, o al menos a uno de sus rasgos más singulares. Se trata de una pequeña carpeta que contiene algunos elementos de un juicio entablado en el invierno de 1889 en contra de tres empleados del municipio de esa localidad: Ángel Cházaro y Joaquín Roura, secretario el primero y escribiente el segundo del Ayuntamiento, e Irineo Alacio, secretario de los Juzgados de Paz de la ciudad.


El proceso tuvo su origen en un telegrama urgente, enviado desde la Perla del Papaloapan a Xalapa a finales de 1889, al entonces gobernador del estado de Veracruz, el general Juan de la Luz Enríquez. Tlacotalpeño de pura cepa, se encontraba éste en el cuarto año de su largo mandato, que se prolongaría hasta el año de 1892 y posiblemente por un periodo más amplio si no lo hubiera sorprendido la muerte. En dicho telegrama, expedido el 28 de diciembre, se le comunicaba que había sido asesinado su hermano político, el diputado al Congreso de la Unión, Donaciano Lara.


Desde luego, una vez superado el primer impacto del golpe moral que significaba la desaparición violenta de su cuñado, don Juan de la Luz se dirigió al puerto de Veracruz, para trasladarse de ahí a Tlacotalpan con una pequeña comitiva correspondiente a la dignidad de su investidura. Dentro del grupo que le acompañaba, buscando apoyarlo en tan difícil trance, se encontraba también el juez onceavo de primera instancia del cantón, que venía autorizado por el Tribunal Superior de Justicia para hacer las diligencias correspondientes al caso.

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