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La Independencia y Vale Coyote: la formación de la identidad nacional

La Independencia y Vale Coyote

Memoria 20/10
Para mayor información consultar el Tomo 5 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

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Haya o no sido consciente del papel subversivo que este orador jugaba en los dramas y comedias incluidos en sus 'cuadros de costumbres mexicanas', lo cierto es que la Compañía de Rosete Aranda se proponía, como todo empresario de espectáculos públicos, ofrecer diversión a sus clientes. El discurso de este personaje no era sólo un recurso comercial de un productor teatral que tiene que atraer audiencias, sino una auténtica correspondencia entre un titiritero creativo que sabe leer los signos de los tiempos y la producción de signos y significantes sociales y culturales, revestidos de entretenimiento y encarnados en la retórica de Vale Coyote.

Este discurso ofrecía lecciones de la relación entre la independencia y la mexicanidad. Por eso la identidad nacional mexicana tuvo un origen sorprendente. A pesar de los esfuerzos oficiales de políticos codiciosos, comandantes del ejército y maestros de escuela, y del auge de concretas expresiones comunitarias sobre los derechos y el patriotismo, los sentimientos nacionales recibieron la promoción duradera de personas que estaban preocupadas por algo más inmediato que la creación de la identidad nacional. Individuos que intentaban ganarse la vida se convirtieron en los proveedores del nuevo patriotismo. Vendedores ambulantes, artesanos, escritores, actores e intérpretes de toda índole buscaban el gusto de las masas para asegurarse un modo de vida; sus creaciones o interpretaciones requerían un extenso público. Éste apareció cuando pudieron enunciar un sentimiento compartido, pero inexpresado, o presentaron una lección bien conocida de manera ligeramente nueva, o explicaron algún obvio, si bien misterioso, atributo de la vida cotidiana, es decir, cuando intentaron responder a la extendida curiosidad que los mexicanos sienten por ellos mismos y por su país.

La complejidad de la labor artística y cultural de la Compañía de Rosete Aranda tiene que ver con la cimentación del sentimiento y las imágenes de 'lo nacional', terreno al que contribuyó decisivamente con los 'cuadros de desfiles y fiestas típicas', que incluían, además de los rasgos físicos étnicos de las personas y sus vestimentas, la música regional y los telones de las bellezas naturales y las imágenes emblemáticas de los pueblos y ciudades del país. Todo ello imprimió en el imaginario popular mexicano un sentido y una noción de comunidad que devino en la asunción de la diversidad cultural de etnias, paisajes, tradiciones, costumbres, músicas, modismos lingüísticos, humor, etc. Es decir, los títeres de Rosete Aranda, en su modesta medida, ayudaron a consolidar la identidad nacional mexicana.

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