Más allá de las referencias religiosas, los oradores y ciudadanos que celebraban la independencia hacían algo más que demostrar su compromiso con la patria y recordar a aquellos que habían dado su vida por México. El público reafirmaba la historia de ese periodo conforme escuchaba el recuento de la batalla, en el cual el predicador ofrecía un ejemplo del sacrificio que la nación requería de sus ciudadanos, no sólo de sus políticos y sus generales, sino del pueblo en general. Vale Coyote entregaba su discurso del día de la Independencia, aun cuando lo fechaba el 36 de septiembre de 1814, en la misma forma en que otros funcionarios públicos y curas locales celebraban el día del Grito de Hidalgo en todo el país.11
El modelo de la política pública, oral, que se amplió enormemente con la Constitución de 1812 y se fortaleció durante la década de lucha insurgente aparece de manera clara en el discurso. El deber cívico requería a los ciudadanos a que acudieran a las reuniones públicas en las que se presentaban discursos o se leían en voz alta documentos y noticias. Tales eventos, que iniciaron durante el periodo colonial con la proclamación del cumpleaños, la muerte o la coronación del rey, requerían juramento público, de la misma manera que, tiempo después, la lectura de las constituciones nacionales. Este voto público de lealtad se realizaba durante festejos importantes, como el día de la Independencia, según se muestra aquí cuando Vale Coyote, después de señalar la gloria de sus patriotas y su victoria en la lucha independentista, convoca al público a prestar juramento con él mientras dice: 'Juremos todos' defender el país. Y luego continuaba con el rítmico canto de la misa: 'Dios nos conceda la paz, amigos de mi alma; Dios no permita que se diga que el país de Anáhuac es una pobre nación de puros cobardes', y luego, en lo que parece un responso de la misa, declaraba: '¡Vivan los libres! ¡Viva la patria!'. Esta cultura cívica oral tenía su asiento en la plaza, en la pública. La tribuna, el podio desde el que Coyote pronunciaba su discurso tomaba su nombre del funcionario romano encargado de la protección de la plebe, con lo cual reflejaba la creencia en un comportamiento cívico de protección al pueblo.
Coyote hacía referencia a intelectuales y novelistas que crearon la mezcla mexicana de liberalismo y republicanismo. La mención de Eugenio José aludía al escritor francés Eugène Sue, conocido como el rey del melodrama popular por sus tan leídas novelas de folletín. Se convirtió en el autor más leído en Francia en el año de 1841, y tal vez en toda Europa. Su obra más popular, Los misterios de París (1849), a la manera de Charles Dickens, con su heroína Fleur-de-Marie (tal vez el arquetipo de todas las Marías mexicanas, desde Santa hasta el presente), se centró en la vagancia, la miseria y la criminalidad urbanas, extrajo comentarios despectivos de Karl Marx, inspiró la escritura de Victor Hugo e impulsó su propia política socialista. También Chateaubriand adquirió fama y fortuna con sus creaciones de ficción publicadas de esta forma.12
De mucha notoriedad política eran los discursos de Chato Briones (François René Chateaubriand) y Juan Jacobo Rosiao (Rousseau). La filosofía política de ambos representaba para muchos liberales el dogma fundamental de la política. Vale Coyote aseguraba a sus oyentes que los dos ofrecían el 'fruto de la libertad' que los haría libres.
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