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México entre dos amaneceres: las armas en las letras

México entre dos amaneceres

Memoria 20/10
Para mayor información consultar el Tomo 6 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

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La revolución gaditana: el papel de l...

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La redacción de la Constitución hispánica de 1812 fue un proceso beligerante, pese a ello, los delegados generaron un documento que transformó la Monarquía española en una nación moderna, para lo cual fue necesario hacer cambios verdaderamente revolucionarios, tales como la introducción de la participación política masiva a través de la creación de las diputaciones provinciales y el ayuntamiento constitucional.


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Sin embargo, el sacrificio no fue en vano. A raíz de él, Huerta disolvió el Senado y comenzó su descalabro político, al tiempo que en el interior del país su ejército era sistemáticamente destrozado por los constitucionalistas.34

Particular mención merecen los testimonios escritos aquellos años por extranjeros que se hallaban en México y que, por sus ideas políticas avanzadas, tuvieron la sensibilidad para captar el alma del movimiento. Desde antes del estallido de la Revolución, John Kenneth Turner tuvo oportunidad de atestiguar la enorme desigualdad existente en las haciendas mexicanas. Producto de sus observaciones fue el libro México bárbaro, mientras que John Reed da su personal testimonio en México insurgente.35 Otro autor que estuvo entre nosotros fue Jack London. El 21 de abril de 1914, cuando Huerta aún usurpaba el poder, tropas de Estados Unidos habían llegado a Veracruz. London fue enviado por el Collier's Weekly, con un sueldo de 1 100 dólares semanales. Las crónicas que el escritor, que ya para entonces había publicado cuarenta libros y se hallaba en la cima de su gloria, dedica a México no resultan favorables. Sin embargo, no era ése el primer contacto de London con México y su revolución. Como miembro activo de agrupaciones políticas de izquierda, se hallaba al tanto de lo que pasaba en nuestro país, y en el Saturday Evening Post del 19 de agosto de 1911 había publicado la narración 'El mexicano'. El texto inicia con los trabajos de opositores al gobierno de Díaz en la frontera. Pasa a ocupar el primer plano la aparición enigmática de Felipe Rivera, muchacho hosco y primitivo que consigue, inexplicablemente, dinero para la causa. Con esa capacidad que London tenía para conocer la psicología de los amenazados, supo convertir al muchacho en símbolo de la energía ciega de toda revolución armada. Así, uno de los personajes lo ve como

(…) la encarnación de la revolución (…) su propio espíritu, el ansia insaciable de venganza que no hace ruido sino que mata en silencio. Parece un ángel destructor que se mueve en la quietud sombría de la noche sin estrellas.


En la segunda parte del cuento se explica el origen del dinero que Rivera aporta a la causa: el muchacho boxea y, aunque es un desconocido en las grandes arenas, se enfrenta a un boxeador estadounidense consagrado para obtener los dólares que la Revolución mexicana necesita para la compra de fusiles.

London volvió a su país antes de lo previsto, en parte porque no progresó la guerra entre ambos países y en parte debido a la pleuresía y la uremia que le aquejaban. Finalmente su pluma no realizó un trabajo mercenario que en el fondo le repugnaba. La conjura de Woodrow Wilson no había prosperado, los constitucionalistas destrozaban al ejército federal en Zacatecas y la habilidad política de Carranza dejaba en ridículo al gobierno estadounidense. Cuando el 23 de noviembre de ese 1914 los últimos marines abordaban las naves de guerra de vuelta a su país, London ya se encontraba en aguas del Pacífico.

Eran aquellos tiempos en que la duración entre la vida y la muerte era escasa, donde las fronteras entre ambos extremos se tocaban y confundían. 'Era el tiempo tortuoso de la Revolución, cuando la trayectoria era lenta y acorralaba las vidas humanas, como los toros en la tienta', escribe María Esther Nájera, autora de un libro de cuentos cuyo título, Pasajeros de segunda, constituye un manifiesto y una toma de postura respecto a quienes se convierten en protagonistas de la parte más dolorosa del movimiento, 'pasajeros de segunda cabalgando en jinetes de dolor, sacrificadas por una Revolución que intenta redimirlas'. Esta cotidiana vecindad con la muerte adquiere notas de humor sombrío, como en el cuento de Carmen Báez:

—Lo van a matar —dijo alguno.
La soldadera de los ojos verdes
preguntó:
—¿Por qué van a matarlo?
—Porque es un hijo de la tiznada…

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