La joya de la Corona, Guanajuato y la Guerra de Independencia
Eduardo Flores Clair
La Joya de la Corona
La Joya de la Corona cuestiona la idea de que la minería fue destruida por la violencia de 'los levantados'
Para mayor información consultar el Tomo 6 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
Memoria 2010 © Derechos Reservados
Eduardo Flores Clair
La Joya de la Corona cuestiona la idea de que la minería fue destruida por la violencia de 'los levantados'. A la luz de nuevas fuentes históricas localizadas en el Archivo General
de Indias en Sevilla, logramos reconstruir una nueva versión, la cual esperamos que sea un punto de reflexión y motive nuevas investigaciones en este tiempo de festejos.
El lunes 24 de diciembre de 1492 Cristóbal Colón, estando en la isla de Cuba, poco después de descubrir el Nuevo Mundo, escribió en su diario:
(…)entre los muchos indios que ayer habían venido a la nao, habían dado señales de haber en aquella isla oro y nombrado los lugares donde lo cogían, vino uno parece que más dispuesto y aficionado o que con más alegría le hablaba, y (...) rogándole que se fuera con él a mostrarle las minas del oro. Est
trujo otro compañero o pariente consigo entre los otros lugares que nombraba que se recogía el oro, dijeron de Cipango, al cual ellos llaman Cibao, y allí afirman que hay gran cantidad de oro.
Entre designios y confusiones, Colón quería encontrar una nueva ruta comercial hacia las Indias, adquirir especias para satisfacer los paladares del Viejo Mundo, estrechar las relaciones con los soberanos orientales, expandir el cristianismo en las tierras paganas y, sobre todo, soñaba con encontrar oro. Desde tiempos muy remotos, el comercio occidental requería una gran cantidad de monedas de oro y plata, que las minas europeas no tenían. En este negocio, portugueses y genoveses se habían adelantado y desde hacía mucho tiempo buscaban esos valiosos metales en Medio Oriente y África, impulsando los primeros diversas exploraciones marítimas, sobre todo en Ghana, donde habían obtenido una cuantiosa riqueza cambiando baratijas por oro y esclavos.2
La ocupación
En la Nueva España, durante la época virreinal, los metales preciosos tuvieron un significado distinto para los 'enfermos de oro' (conquistadores) y los indígenas; estos últimos les atribuían un valor divino y formaban parte de sus ceremonias religiosas. Los hispanos, quienes tenían inclinación hacia el dinero contante y sonante, interrogaron a los nativos para que les indicaran los lugares donde se localizaban los yacimientos, pero por lo general tuvieron poco éxito. A pesar del paso del tiempo, los peninsulares mantuvieron en su imaginario que los indios escondían riquezas colosales, que era imposible localizarlas y ni con la ayuda de la tortura los hacían revelar el secreto. Los indígenas preferían borrar de su memoria los rastros de aquellos tesoros con el fin de que jamás ultrajaran o se apropiaran de sus espacios religiosos.
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