Pronto terminó el periodo del bajo costo del azogue. El 26 de enero de 1811 las Cortes reunidas en Cádiz determinaron establecer la libertad de comercio de este insumo, con lo cual dejó de existir el precio subvencionado. Los mineros de Guanajuato padecieron un abasto caprichoso que dependía de un comercio internacional que tardó tiempo en establecer los mecanismos necesarios para mantenerlos dotados. De manera paralela se dio un mercado ilegal; principalmente, los ingleses se encargaron de traficar con azogue conseguido en los yacimientos de Europa central.32 A finales de 1815 el virrey Félix María Calleja, por medio de un bando, difundió la noticia de que, a causa de la crisis económica que padecía el Real Erario, daba por concluido el Real Asiento de Azogues, pero para ayudar a los mineros se comprometía a rematar diez quintales anuales de este mineral líquido en Sevilla, al precio de 38 pesos; los compradores 'españoles' debían transportarlo por su cuenta y riesgo y llevarlo a cualquier puerto habilitado de 'Indias'.33 Éste era un gesto de gratitud de la derrotada monarquía; sin embargo, sólo la minería novohispana demandaba dieciséis mil quintales de azogue anualmente y los mineros, para conseguir este imprescindible insumo, se vieron obligados a pagar precios muy altos.
Distintos testimonios durante los años de guerra revelan que el mayor obstáculo que enfrentaron los mineros en la restauración de la industria fue el sistema monetario que prevaleció. En noviembre de 1814 el doctor Victoriano de las Fuentes, cura del Arzobispado de Michoacán, realizó un informe que remitió al Ministerio de Indias para difundir la triste situación de la minería, años después de los arteros ataques de las fuerzas insurgentes. En general describe un panorama sombrío; en su opinión, esa deplorable situación no podía prolongarse, y era indispensable la ayuda de la Corona, quien debía autorizar el establecimiento de una casa de moneda. Según De las Fuentes, de manera cotidiana se sufría por la falta de 'circulante'. Además del saqueo insurgente, Guanajuato padecía la emigración de los 'acaudalados', con todo y sus 'riquezas', hecho que provocó una reducción de 'la liquidez de los negocios mineros'. De hecho, aquellos empresarios que lograron restablecer sus negocios poseían considerables cantidades de metales, pero no 'monedas', que les resultaban imprescindibles para cubrir los gastos de las mercancías y los salarios de los trabajadores. En otras palabras, la minería atravesaba una crisis de liquidez, pues la extracción y beneficio de los minerales aumentaba día a día, pero hacía falta dinero con qué pagar los costos que se generaban.
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