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Independencia y Revolución: una mirada a San Luis Potosí
María Isabel Monroy Castillo

Independencia y revolución: una mirada a

Este trabajo se aproxima al proceso histórico en que la antigua provincia de San Luis Potosí se transformó en un estado independiente, federado y republicano y a la forma en que participó y vivió en ese proceso que hemos denominado genéricamente Revolución mexicana pero que encierra a su vez múltiples y diversas rebeliones y reacomodos políticos, movimientos revolucionarios a lo largo y ancho del país, distintas lógicas que van de lo local a lo nacional hasta converger en el establecimiento de un nuevo orden institucional durante la década de 1920.
 

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El término del reinado del Luis XVI en 1789, el mayor de los estados absolutistas, marcó el fin del Antiguo Régimen y el inicio no sólo de un movimiento político como lo fue la Revolución francesa, sino de una oleada libertaria en toda Europa, que se extendió años después hacia América y tuvo sus repercusiones en buena parte de las esferas de la vida cotidiana.


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María Isabel Monroy Castillo


El ocaso del orden virreinal

Durante la segunda mitad del siglo XVIII hubo en la provincia de San Luis Potosí múltiples cambios; podemos señalar tres momentos cruciales: el primero es de orden social-político, el segundo económico y el tercero político-administrativo (un proceso de centralización), que sumados nos permiten esbozar algunos rasgos que marcaron el carácter de la entidad a finales de esa centuria.

Los Tumultos de 1767

Los Tumultos, levantamientos ocurridos entre mayo y octubre de 1767 en la ciudad de San Luis Potosí y pueblos de su jurisdicción, coinciden con los motines de Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe y se les atribuye como causas el establecimiento del estanco del tabaco y la expulsión de los jesuitas. En el caso de San Luis es necesario añadir el descontento de los vecinos y mineros del cerro de San Pedro, a quienes habían dejado de reconocerles sus facultades y privilegios de mineros otorgados por las ordenanzas de minería. A ellos se aliaron, por los mismos motivos, los habitantes de San Nicolás del Armadillo, rancheros de la Soledad, Concepción y otros. La población con menos ingresos de la ciudad de San Luis Potosí y los barrios de indígenas a su alrededor, a excepción del de Tlaxcala, se unió a los descontentos y la rebelión estalló allí y en el valle de San Francisco (hoy Villa de Reyes); los rebeldes impidieron la salida de los jesuitas y el alcalde mayor, la autoridad principal, no tuvo capacidad para dominar la situación. La sedición se extendió desde San Felipe hasta Fresnillo, Bolaños, Venado, San Jerónimo de la Hedionda, Matehuala y Saltillo. Finalmente, el capitán Francisco de Mora logró restituir el orden mediante negociaciones. El visitador José de Gálvez, acompañado de una importante fuerza militar, llegó a San Luis Potosí el 24 de julio de 1767, hizo salir inmediatamente a los jesuitas de la ciudad con rumbo a Xalapa, escoltados por la tropa, pues eran los únicos que quedaban en la Nueva España, y a pesar de los acuerdos que el capitán Francisco de Mora había establecido para pacificar la región, Gálvez no los respetó y ejerció una cruel represión: condenas a muerte, mutilación de cadáveres, confiscación de bienes, destrucción de casas, expulsión de familias, condenas a presidio perpetuo y trabajos forzados con destino a las obras reales de la plaza de La Habana o de la fortaleza de San Juan de Ulúa, privación perpetua de privilegios y prerrogativas, azotes y multas. Aunque meses después publicó un bando en el que concedía el perdón general a todos los que no habían sido procesados, la experiencia dejó una honda huella en los pueblos; no es por tanto de extrañar que la geografía de la rebelión de 1767 se repitiera con ocasión del movimiento insurgente de 1810.
Asimismo, los Tumultos, nombre con el que se conoce este episodio sangriento, permitieron el establecimiento, también por orden del visitador Gálvez, de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad de los Ranchos, para organizar a los rancheros de la Soledad y Concepción que se habían establecido en un lugar de tránsito a las minas del cerro de San Pedro, así como a gente de diversa procedencia que se ocupaba del transporte de los metales y de proveer de leña y agua a los mineros. Alrededor de la ermita a Nuestra Señora de la Soledad se congregaron 350 familias, se dio solar a cada vecino y una legua de tierra dividida entre ellos en porciones iguales. Esta congregación correspondió a un plan para reubicar a la población que de una u otra manera estuvo vinculada a los Tumultos.
Dicho episodio mostró un descontento social con el orden virreinal, porque se trató de una rebelión de carácter popular que tuvo como telón de fondo la expulsión de los jesuitas, y se acentuó particularmente en esta región donde se mezclaban diversos actores que se vieron afectados en diferentes momentos.

El descubrimiento
de las minas de Real de Catorce

El mineral de Catorce fue descubierto hacia 1772 por Sebastián Coronado y Manuel Martínez. Alrededor de 1778 se encontraron más vetas. El nombre que recibió el lugar fue Real de Minas de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce, pero con el tiempo se le llamó simplemente Real de Catorce, que es como hoy lo conocemos. Su establecimiento y desarrollo se le encargó a Silvestre López Portillo, experimentado minero que había trabajado en los reales de Guanajuato, Guadalcázar y cerro de San Pedro. Éste logró que se asentase la población, y suplirla en tiempos de escasez, además de apoyarla durante sus mayores dificultades, como cuando la epidemia de tifo o tabardillo llegó en 1786.
En estas minas se explotaba plata nativa, sulfúrea y córnea, cobre virgen, plomo puro, azufre sin mezcla, magistral, salitre, mercurio, asbesto, amianto y serpentina. Esta riqueza produjo la afluencia de numerosas personas, mineros viejos y experimentados, novatos, aventureros, comerciantes, bachilleres, médicos y los franciscanos de Charcas.
La fisonomía del mineral cambió pronto por su rica producción, que permitió la construcción de obras importantes: parroquia, palenque, teatro y plaza de toros. Al mismo tiempo, se generó una intensa actividad comercial. En 1795 se calculaba la población de Real de Catorce en quince mil personas.
El descubrimiento y aprovechamiento de estas minas subrayó la vocación histórica minera del altiplano potosino. Su producción en las dos últimas décadas del siglo XVIII colocó a San Luis Potosí entre las provincias más ricas del Virreinato, volviendo a poner a la entidad en uno de los lugares más significativos de la minería novohispana.

El establecimiento de la
Intendencia de San Luis Potosí

El sistema de intendencias buscó la recuperación económica de la Corona española al ejercer una mayor centralización. Fue una estructura administrativa sobrepuesta al organismo de gobierno ya existente en la metrópoli y en sus reinos de ultramar. El establecimiento de las intendencias en Nueva España, aprobado a fines de 1786, se llevó a cabo en 1787, asentándose doce: México, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Valladolid, Guanajuato, San Luis Potosí, Guadalajara, Zacatecas, Arizpe, Mérida y Durango.
La de San Luis Potosí era la más extensa del Virreinato; en ella se encontraban regiones heterogéneas y contrastantes, y su gobierno era complejo, ya que incluía algunas de las Provincias Internas de Oriente, de las cuales dos dependían del Virreinato y las otras dos de la Comandancia General de Oriente, de manera que su intendente gobernaba, en el reino de México propiamente dicho, la provincia de San Luis, que se extendía desde el río Pánuco hasta el de Santander y comprendía las importantes minas de Charcas, Potosí, Ramos y Catorce; las Provincias Internas del Virreinato: el Nuevo Reino de León y la Colonia del Nuevo Santander; las Provincias Internas de la Comandancia General de Oriente: las provincias de Coahuila y Texas. Su límite septentrional fue el río Mermentas o Mexicano, que desemboca en el Golfo de México, al este del Sabina. Fue muy difícil administrar tan extenso territorio, y más aún porque las autoridades establecidas en las Provincias Internas de Oriente no reconocieron la autoridad del intendente de San Luis Potosí en materias de gobernación y justicia. Esta intendencia desapareció con la consumación de la independencia en 1821.
En los albores del siglo XIX la población indígena de la Intendencia de San Luis Potosí, que aún no había sido incorporada a la religión católica, propició la existencia de misiones tardías; a pesar del evidente decaimiento del sistema, las encontramos en Salinas, San Francisco Cuayalab, San Nicolás de los Montes, Valle del Maíz, San Miguel de Aquismón, Villa de Santiago de los Valles, San Miguel Tamapache, San Francisco La Palma, Santa María Acapulco, San Pedro Tanlacu, San Antonio Huayabos, Presidio de Río Grande, Ciudad de Béjar y Presidio de la Bahía del Espíritu Santo.

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