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 Clósets de gran espacio, señala estatus
09 de abril de 2007 13:28

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Armario con acabado en wengué y puertas de cristal
 
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Contrario a la opinión popular, los neoyorquinos no anhelan más el poder o el dinero, ni siquiera el sexo fabuloso: desean con vehemencia espacio en su clóset.

Ya sea que vivan en pequeños apartamentos o en una mansión de la famosa Quinta Avenida, los habitantes de la ciudad ansían tener más armarios empotrados. Y los clósets se han convertido en un símbolo de estatus, de la misma manera que un automóvil llamativo pudiera ser en los suburbios.

"Es una cosa de la que se habla mucho. Uno no puede subestimar la importancia de un clóset," dijo Andrew Gerringer, director administrativo de la agencia de bienes raíces Douglas Elliman.

Algunas personas se jactan por sus clósets; otras saben que la envidia por un clóset es una emoción palpable en Nueva York.

"Si yo le dijera cuánto espacio de clóset tengo, usted se moriría," dijo Alan Hilfer, director en capacitación psicológica del Maimonides Medical Center de Brooklyn. Bajando el tono de su voz hasta un nivel de susurro, expresó: "Tengo más espacio en el clóset del que puedo llenar."

Cuando las personas visitan su apartamento de Manhattan, dijo, "se les hace agua la boca y se ponen celosos. Y yo pretendo como que los los clósets no existen."

La neoyorquina Daria Winter escogió recientemente un apartamento con clósets y con vista a una pared de ladrillos que está sobre otro apartamento con menos clósets y una buena vista.

Aún así, convirtió el segundo dormitorio en un clóset gigante para su extensa colección de ropa y zapatos.

"Las mujeres son celosas (...) y todos los chicos se ríen de mí. Entonces, ellos me culpan de causar que sus esposas y novias decidieran convertir sus cuartos de trabajo en un clóset," dijo Winter.

Hasta el alcalde quiere su clósets

Incluso la principal dirección de Nueva York -la mansión Gracie del alcalde- tiene poca cantidad de clósets, habiendo sido construida en 1799, cuando los armarios eran más usados, de acuerdo con la historia de la ciudad.

La agente de bienes raíces Jill Sloane, de la compañía Halstead, dijo que en Nueva York, un clóset en la sala y uno en el dormitorio son "mucho espacio de clóset."

La ejecutiva agregó que no hace mucho vendió un apartamento sin un solo clóset. "Uno tenía que usar su imaginación," indicó.

Aquellas personas sin suficiente espacio de clóset han tenido que colocar más cosas bajo la cama de lo que pareciera posible, o pagar extra por un espacio de almacenamiento en el sótano de su edificio.

El contratista Dominique Perret construyó recientemente un clóset de 9,10 metros de longitud -con 10 puertas- para un cliente en apartamento de Manhattan.

Pero para sus pertenencias que no caben en su apartamento de Greenwich Village, Perret alquila dos clósets en un almacén situado a cuatro cuadras de su casa y los visita casi todos los días. "Soñamos con una casa en el campo."

Más de un neoyorquino trata de hacer lo mejor para contrarrestar la escasez de clósets de la ciudad. Trabajadores de City Closet Storage llegan hasta la puerta de su casa con un armario de dos metros de longitud por dos metros de ancho, lo llenan con ropa y se lo lleva. Lo traerán de regreso con el cambio de las estaciones, listo para depositar nueva ropa y dejar la que se habían llevado.

Por 225 dólares, una compañía denominada Garde Robe saca hasta 50 artículos, los limpia, los remienda, los almacena y coloca sus artículos en un sitio de Internet. Los clientes entonces pueden visitar Internet, hacer clic en el artículo que quieren y se los entregarán en 90 minutos, las 24 horas del día.

Pero algunos neoyorquinos alegan que los clósets son sobreestimados.

"No tengo clóset. Es fabuloso no tener clóset," dijo Stephen Larkin, de la empresa de bienes raíces Corcoran Group. "Eso es como tener un hoyo en la pared que no me gustaría tenerlo," agregó.

Los clósets nos dicen mucho acerca de nosotros mismos, dijo Hilfer. Las personas siempre creen que encontrarán tiempo para ordenar sus pertenencias, y cuelgan las cosas para mantenerse en contacto con el pasado, indicó.

"Todavía tengo mis camisas psicodélicas (de los años 1960). No las uso más. Pero de vez en cuando, cuando estoy escudriñando en los clósets, las veo y me sonrío," dijo.