Encuesta
Adolescentes hispanos y afroamericanos prueban los cigarros primero que los jóvenes de otros grupos poblacionales, y aquellos que mantienen buenas relaciones con sus padres tienen menos probabilidades de convertirse en fumadores, indica un estudio.
A la edad de 13 años, el 69 por ciento de los adolescentes hispanos y el 62 por ciento de los afroamericanos ya habían fumado, de acuerdo con una investigación publicada en el último número del American Journal of Public Health.
A esta edad, el 52 por ciento de los adolescentes anglos y el 32 por ciento de los asiáticos habían fumado cigarros.
El estudio, realizado por la organización RAND Corporation junto al Programa de Investigación de Enfermedades Relacionadas con el Tabaco de la Universidad de California, le dio seguimiento durante diez años a 6.000 jóvenes de California y Oregon.
A la edad de 15 años, sin embargo, sólo siete por ciento de los afroamericanos se habían convertido en fumadores regulares, al igual que los asiáticos, mientras que la proporción entre hispanos y blancos fue de un significativamente mayor 20 por ciento.
Ya en la adultez, a los 23 años, afroamericanos y asiáticos tienen "sustancialmente menos probabilidades de ser fumadores regulares".
"Los jóvenes afroamericanos tratan de fumar más temprano pero dejan de hacerlo pronto", dijo el investigador líder del estudio, Phyllis L. Ellickson.
Agregó que "incluso aquellos afroamericanos que fallan en dejar de fumar, mantienen el hábito en niveles más bajos que los hispanos y anglos desde la adolescencia a la adultez".
Al analizar las respuestas sobre circunstancias de vida que podrían haber influenciado para fumar, los investigadores descubrieron diferencias entre los afroamericanos que apuntan hacia el rol de los padres en la adquisición de este hábito.
Al responder preguntas relacionadas con la aprobación de los padres para fumar, los afroamericanos fueron el grupo con mayores probabilidades de encontrar desaprobación de sus mayores.
Igualmente mostraron mayores probabilidades de mantener comunicación con sus padres sobre sus problemas personales.
Entre las edades de 13 y 14 años disminuye considerablemente las posibilidades de los niños de este grupo de tener un mejor amigo que fume, y su ambiente social es menos conductivo hacia este hábito.
Continúa 'Padres hacen la diferencia'...
"Nuestro estudio sugiere que nosotros podríamos tener la capacidad de impedir que más jóvenes fumadores desarrollen un hábito regular, ayudando a los padres", dijo Ellickson.
Sería necesario, de acuerdo con el investigador, ayudar a los padres a desarrollar formas de "hablar con sus hijos sobre el hábito de fumar, mejorar los vínculos con ellos, y desalentar la presión de amistades para fumar".
La influencia positiva que reciben los niños afroamericanos de su ambiente social para desalentar el hábito es tan fuerte que, según el estudio, es capaz de imponerse sobre otros factores de riesgo asociados con probabilidades de fumar, como pobre desempeño académico o de conducta social.
Otra investigación dada a conocer esta semana por el Center for the Advancement of Health sustenta el hecho de que los adolescentes que muestran problemas de comportamiento tienen más posibilidades de comenzar a fumar y mantener el hábito.
Entre las actitudes que analiza la investigación están la tendencia a comportamientos de riesgo, rebelión, y actividades delictivas.
Pero este estudio confirma igualmente que aquellos adolescentes que tienen buenas relaciones con sus padres presentan menor riesgo de convertirse en fumadores.
Una pobre relación madre-hijo se encontró como factor de riesgo entre los niños anglos, mientras que "un buen cuidado de los hijos impartió un efecto protector contra el fumar entre todos los grupos étnicos", señaló la autora del estudio, Dense B. Kandel, de Columbia University.
