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 Con una buena suela, tienes buena salud
10 de abril de 2007 11:02

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Botas de mujer

Cada vez andamos más rápido, y necesitamos calzar mejor. Para mantener los pies en forma y el cuerpo en armonía, escoge tu calzado según su aplicación, comodidad y seguridad.

Para cada edad y etapa de desarrollo, terreno y situación, época del año, actividad y estilo de vida, existe un zapato o zapatilla saludable.

Nuestro ritmo de vida se acelera, nuestras actividades se diversifican, nuestras necesidades y deseos se multiplican: cada vez necesitamos hacer más cosas en menos tiempo, acudir a más lugares, desplazarnos con más velocidad y comodidad.

Igual que un coche, que no puede ir muy lejos y en buenas condiciones sin unos neumáticos adecuados, por más potente que sea su motor, la calidad y comodidad de nuestros desplazamientos dependen de cómo calcemos nuestros pies.

Pero en el caso de las personas, del calzado también depende no sólo la salud de sus extremidades sino la de buena parte del cuerpo: "Dime como calzas, y te diré como caminas y te sientes”.

“Como caminamos toda la vida sobre zapatos, elegirlos correctamente es la mejor inversión para nuestra comodidad y salud. El calzado debe adaptarse a cada etapa de la vida y adecuarse a cada pie. La comodidad debe primar sobre la estética”, explica el traumatólogo Antonio Díaz Martínez, de la Clínica Ruber Internacional.

El calzado influye sobre nuestra forma de andar y un zapato mal ajustado puede originar alteraciones y malformaciones de los dedos, mientras que un impacto inadecuado del pie en el suelo puede causar lumbalgias y enfermedades articulares degenerativas en el tobillo, la rodilla y la cadera.

Los últimos estudios y consejos de los expertos, demuestran que hay un tipo de calzado más adecuado y saludable para cada edad, actividad y forma de vida, y cada tipo de zapato tiene sus ventajas e inconvenientes, que conviene conocer al elegirlo.

Continúa 'El pie infantil'

Según los especialistas, el zapato ideal para la niñez es el que protege el pie sin incomodarlo, el que le deja andar a gusto y no fuerza el gesto.

Para esta etapa algunos expertos aconsejan un zapato sencillo que no presione el tobillo, de piel suave, suela flexible y sin impedimentos a la movilidad del pie y el tobillo.

El zapato no debe condicionar el crecimiento del pie infantil. Es frecuente encontrar niños que llevan zapatos justos, incluso pequeños, que además de incomodarlos y entorpecerlos, propician problemas como la uña encarnada y deformidades.

Según el doctor Antonio Díaz Martinez, "hay que mimar el pie del niño, desde que nace: si lleva un calzado adecuado y camina bien, se evitarán pequeños traumatismos que pueden predisponerle a padecer problemas en la columna vertebral".

Al comprar zapatos para el niño hay que tener en cuenta que la medida del pie aumenta cuando soporta el peso del cuerpo, por lo que conviene hacer andar al pequeño al probarles el calzado, para comprobar que es cómodo y de su medida.

"Hay pies morfológicamente distintos: unos tienen el dedo gordo más largo que el resto y en otros sobresale el segundo dedo, por lo que el zapato del niño tiene que ser amplio para que no presiones sobre ninguno de estos dedos. Por ello es importante que los padres prueben al niño el zapato con el pie en el suelo, porque es cuando se expande", señala Díaz Martínez.

Debido al rápido crecimiento de los pies, es mejor cierta holgura en el calzado: cuando más pequeño es el niño, es más probable que un zapato a la medida le resulte pequeño unos meses después; hay que sustituir el calzado infantil si queda justo. Además, hay que vigilar el acabado interior del calzado, porque unas costuras gruesas o mal hechas o cosidas, pueden lesionar la frágil piel infantil.

"Independientemente de que se elija zapato o bota, el calzado debe dejar libre el tobillo para que trabaje normalmente y no se atrofien los músculos y ligamentos de esa zona; también es bueno que tenga un cierto refuerzo en la parte posterior para que sujete el pie", señala el doctor Díaz Martínez.

El zapato debe ser recto o con la mínima forma de derecho e izquierdo, porque a veces esta forma angulada puede predisponer a que los pies de los niños de entre 14 y 15 meses se tuerzan.

La suela debe ser algo adhesiva para evitar caídas y relativamente fina para que permita percibir la irregularidades del suelo o la temperatura, ya que cuando comienza a andar el niño continúa utilizando los dedos de sus pies como órgano táctil.

El zapato infantil debe pesar poco y ser poroso, para garantizar una transpiración correcta, y no debe tener tacón, para evitar que el pie se deslice y los dedos vayan hacia la punta del zapato.

A medida que crece, el niño diversifica sus actividades y los terrenos donde se mueve. Los expertos recomiendan que los pequeños anden por suelos irregulares y más o menos blandos, como los de playa, la montaña, la arena o la hierba, lo cual brinda fortaleza y elasticidad a sus pies en desarrollo.

Lo ideal es que anduvieran descalzos, para estimular la capacidad de percepción y adaptación del pie, pero como normalmente esto no es posible, se recomienda calzar al niño con zapatos de suela delgada y flexible, lo más parecido a llevar los pies descalzos.

Si el pequeño desarrolla sus actividades en suelos duros y lisos, es mejor que use zapatos de suela flexible, pero más gruesa, similar al que tienen las zapatillas deportivas.

Continúa 'Exigencias del deporte'

El calzado deportivo, es cómodo, se adapta bien y se aproxima al modelo del zapato ideal, pero la clave está en elegirlo bien. Un tenis de buena piel, plantilla bien adaptada al pie y suela gruesa, blanda y elástica, pueden ser un calzado "todo terreno" de gran comodidad, pero si son de un material poco transpirable o tienen una suela poco elástica, pueden perder todas sus ventajas.

Los podólogos aconsejan disponer de varios pares de zapatos deportivos e ir alternando su uso, tanto para facilitar su limpieza y aireación, como para dar al pie cierta variedad en el apoyo.

Los tenis de correr de entrenamiento, los que se usan más tiempo, deben tener una suela que suba por la parte delantera recubriendo la puntera y protegiéndola del desgaste.

Su parte delantera debe estar ligeramente levantada para favorecer el paso de atrás hacia delante, y debe ser lo bastante ancha como para que los dedos estén cómodos y suficientemente flexible para no frenar el movimiento del pie.

El material del empeine debe permitir que el pie transpire, el contrafuerte trasero no debe ser demasiado alto para no dañar el tendón de Aquiles, y los refuerzos laterales tampoco deber ser demasiado altos para no molestar los tobillos.

Además, la suela debe ser resistente y no deslizante, y es importante que la parte donde descansa el talón funcione como un amortiguador, ya que al correr el talón impacta contra el suelo.

Continúa 'Las mujeres sufren más de los pies'

La mayoría de las dolencias de los pues las sufren las mujeres y son atribuibles a su forma de calzarse. Muchas escogen zapatos ajustados; y otras, las más altas, tienden a usar zapatos completamente planos, por razones de comodidad o estética.

Pocas usan zapatos que respeten la armonía de sus pies, que se adapten a su longitud y anchura, y que tengan un tacón de 3ó 4 centímetros de alto como máximo, como sugieren los expertos.

El calzado ajustado favorece la deformidad del pie, que va adquiriendo una forma en punta o triangular, propiciando la aparición de juanetes, "dedos en martillo" y lesiones de las uñas, sobre todo la del dedo gordo.

Además de generar dolencias similares, el tacón alto causa un aumento de la curvatura fisiológica de la columna lumbar, favoreciendo la aparición de lumbalgias. Las sandalias y zuecos, que dejan el talón al descubierto, favorecen la callosidades en el talón, mientras que los zapatos sin sujeción posterior, inducen la deformidad de los dedos en garra, debido al gesto repetitivo de intentar coger el zapato para que no se caiga del pie.

Algunos expertos aconsejan a quienes usan tacones, colocar algo blando, como una almohadilla, debajo de la parte delantera del pie, ya que ésta soportará buena parte del peso de la mujer.

El calzado masculino tampoco se libra de algunas críticas. Con frecuencia, los mocasines o los zapatos de tipo inglés con cordones, tienen refuerzos posteriores demasiado duros, los cuales favorecen las inflamaciones del tendón de Aquiles.

Además, los varones a menudo utilizan zapatos excesivamente cerrados incluso en pleno verano, con calcetines de fibras sintéticas, lo cual favorece la aparición de micosis.

La seguridad y la estabilidad del calzado son especialmente importantes en las personas mayores, debido a que tienen un mayor riesgo de sufrir caídas, lesiones graves y fracturas.

Los expertos aconsejan actualizar a menudo el calzado del anciano, para adaptarlo a los cambios en su estructura que pueden sufrir sus pies debido a los procesos degenerativos y las dolencias de cada uno, como la diabetes o la insuficiencia circulatoria, que hace que sus pies respondan peor ante las complicaciones derivadas del frío o las pequeñas heridas.

Continúa 'La importancia del calzado'

Hay que insistir desde la infancia en la importancia del calzado para el buen estado del cuerpo, en especial de los pies y piernas.

Para ser saludable, el calzado debe adaptarse al pie y no a la inversa. Al elegir zapatos, hay que considerar qué actividades se van a efectuar con ellos, en qué estación del año y qué terreno se va a pisar. No se usa un mismo zapato en invierno y en verano, para caminar y para correr, para la ciudad y para el campo.

Al calzarse el pie debe encontrarse a gusto, ni demasiado suelto ni apretado. Sus dedos deben moverse sin rozar continuamente con el zapato, mientras que el tacón no excederá los 5 centímetros y su base será lo bastante ancha como para repartir bien el peso del cuerpo. El pie debe quedar bien apoyado.

Antes de comprar unos zapatos, hay que probárselos bien, calzándolos en ambos pies, y andando un poco por la tienda.

Al elegir calzado hay que responderse estas cuestiones: ¿El pié está cómodo en la parte delantera? ¿ Lo sujeta bien en la parte de atrás? ¿Las costuras no dejan pasar el agua? ¿Hay 10-15 milímetros de distancia entre los dedos y la puntera? ¿La puntera está un poco levantada? ¿Es flexible el empeine? ¿La suela está bien cocida y pegada? ¿El puente es bastante rígido? ¿Tiene el tacón 3 centímetros por lo menos? ¿El contrafuerte es resistente?.

Además de escoger un calzado correcto, hay que limpiarlo periódicamente y mantenerlos seco, lo que ayuda a prevenir los hongos y los problemas de sudoración excesiva y mal olor. La humedad producida por la sudoración excesiva empapa y ablanda la piel del pie, haciéndola más susceptible de formar ampollas.