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Las autoridades sanitarias podrían aprobar en primavera el uso estético de los controvertidos implantes de silicona, prohibidos desde 1992, en un momento en que la cirugía para aumentar el tamaño del pecho vive un auge entre las adolescentes.
Se trata de los implantes fabricados por Inamed, una compañía de California que señaló que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) volverá a estudiar el producto el próximo mes de abril.
La FDA rechazó los implantes en enero, aunque el uso para reconstrucción, es decir para mujeres a las que se extirpó el pecho, sí está aprobado.
Los implantes de silicona se vendieron en este país durante unos 20 años hasta que en la década de los 80 muchas mujeres se quejaron de rupturas en el producto, lo que produce que la silicona se esparza por el cuerpo.
Estos incidentes desembocaron en investigaciones y una ola de demandas multimillonarias contra los fabricantes que se solucionaron con un acuerdo en 1999.
Siete años antes, en 1992, la FDA decidió prohibir el uso de los implantes de silicona (salvo para reconstrucción).
Pero ahora el producto podría volver a estar en boga, arropado en parte por un estudio del Instituto de Medicina que señala que no hay pruebas de que causen cáncer de pecho o enfermedades de la piel, aunque reconoce que las complicaciones son frecuentes.
Dan Cohen, uno de los vicepresidentes de la empresa californiana, señaló que los estudios realizados por su compañía muestran que entre las mujeres que utilizaron implantes para aumento de pecho, el 26 por ciento requirió cirugía adicional, y al 7,5 por ciento hubo que sustraerle el producto.
A pesar de ello, la compañía asegura que las rupturas sólo ocurrieron en el 1,2 por ciento de los casos.
La noticia de que la FDA volverá a considerar el asunto llega en un momento en que la cirugía entre las adolescentes se ha multiplicado.
Hasta hace poco, la cirugía plástica entre las adolescentes no iba más allá de arreglarse la nariz o acabar con el acné, algo que muchas jóvenes hacían en las vacaciones de verano, al concluir el instituto y antes de comenzar la universidad.
Pero debido, entre otros factores, al empuje de series de televisión como "Extreme Makeover" o "The Swan", la cirugía plástica comienza a percibirse como algo factible y relativamente sencillo para transformar en princesita a esa Cenicienta que algunas llevan dentro.
Las estadísticas de la Asociación Estadounidense para la Cirugía Plástica indican que el número de jóvenes que optaron por operaciones para aumentar el tamaño de pecho se triplicó del 2002 al 2003, cuando alcanzó los 11.326.
Esta es una tendencia arriesgada y que preocupa a muchos expertos.
Las adolescentes son, por así decirlo, carne de cañón, ya que tienden a estar obsesionadas e insatisfechas con su apariencia, son demasiado jóvenes y no tienen criterio para comprender las implicaciones de la cirugía, sobre todo en lo que se refiere a los riesgos derivados de los implantes de pecho.
Entre ellos se encuentran, además de las rupturas, la necesidad de operaciones periódicas para reemplazar algunos materiales, o la interferencia con la lactancia o las mamografías.
En la mayoría de los casos, conviene recordar las palabras de Diana Zuckerman, presidenta del Centro de Investigación Nacional para las Mujeres y las Familias: "Tener 'delantera' es muy importante a los 18 años, pero no tanto a los 25".
Esta institución está tan preocupada por la tendencia que ha creado una web (www.breastimplantinfo.org) con información sobre los riesgos e historias personales de pacientes que optaron por esta medida.
Entre ellas está Kacey Long, una joven que se puso en manos de un cirujano a los 19 años.
Unas semanas después del procedimiento médico, Long comenzó a experimentar dolor en los brazos y en las articulaciones y fatiga, hasta el punto de que su familia tuvo que pedir un préstamo de cerca de 7.000 dólares para volver a colocar a la joven en la mesa de operaciones, pero esta vez para deshacerse de los implantes.
