Los trastornos de la alimentación clásicos se estabilizan mientras aumenta la incidencia de otros problemas atípicos, como "el síndrome del atracón", que lleva a algunas personas a asaltar la nevera e ingerir grandes cantidades de comida en muy corto tiempo, hasta hartarse.
Las dietas restrictivas y las prohibiciones excesivas también favorecen la glotonería descontrolada.
Extremos dañinos
Una persona que abre con avidez el frigorífico y recorre los armarios de la cocina en busca de alimentos que calmen su irrefrenable impulso de comer, aparentemente tiene muy poco que ver con otra que apenas prueba comidas o bebidas, porque siente que está gorda pese a que sufre una extrema delgadez y desnutrición que ponen en peligro su salud y su vida.
Pero ambas tienen algo en común: sufren un trastorno de la conducta alimentaria, aunque sus manifestaciones difieran por completo: una sufre anorexia y la otra el "trastorno por atracón", explica el doctor Alberto Miján de la Torre, del Servicio de Medicina Interna del Hospital General Yagüe de Burgos y profesor de Nutrición de la Universidad de Valladolid, en España.
Los expertos vienen observando en sus consultas que los desajustes alimentarios tradicionales y bien definidos como la anorexia o la bulimia se mantienen estables, mientras están aumentando otros desórdenes atípicos por su edad de comienzo o manifestaciones clínicas, como el trastorno por atracón, a los que se consideran enfermedades emergentes.
La manifestación más evidente de un individuo anoréxico es la delgadez extrema, hasta tal punto que un porcentaje considerable de afectados pueden morir debido a la desnutrición y sus complicaciones.
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