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 ¿Un amor en venta?
10 de abril de 2007 17:48

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Amor en el trabajo, acoso sexual, ejecutiva
Fernando Pascual


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México.- Trataba de cómo mujeres de la tercera edad se veían forzadas a trabajar de prostitutas para poder comer y tener un techo donde pasar la noche. Al ver este noticiero, no pude más que caer de nuevo en cuenta de esta realidad y tratar de comprender la angustia de estas mujeres que las lleva a este oficio.

La prostitución nació precisamente cuando hubo hombres que quisieron poder "gozar" un poco, egoístamente, de mujeres que tal vez ni conocían. Ante la exigencia del "mercado", pronto otros hombres o mujeres esclavizaron a quienes se llama "prostitutas", y las vendieron en mercados, plazas, carreteras, para que los "clientes" pudieran tener, siempre que pagaran, las prestaciones sexuales que quisieran.

Cuando se habla de la prostitución, se habla de un drama. Porque si el amar y el ser amado son las fuerzas que más feliz pueden hacer a una persona, la esclavitud del sexo, el abuso por dinero de un gesto que debería ser de amor, empobrece de un modo inimaginable a los clientes, y humilla en su dignidad, en su humanidad, en su capacidad de amar y de ser amada, a cada prostituta o a cada niño del que se abusa sexualmente.

UNA HISTORIA DE DRAMA

Quizá la gente se ha acostumbrado a ver tantas mujeres, algunas jovencísimas otras muy mayores, que lucen sus ofertas sexuales en público, incluso a pleno día. Quizá algunos ojos no se atreven a mirarlas, o las miran con compasión, pena, como quien quiere hacer algo por redimirlas. A veces se desea comprender su drama personal, su historia, dolores, penas.

Estas mujeres están con muchos, y ninguno las ama de verdad. Seguramente ellas quisieran también tener un amor fiel, un hombre con quien casarse para siempre, y se ven burladas y usadas por personas a las que difícilmente se les puede calificar sin caer en la tentación de un insulto que refleje la condena y la rabia que se siente.

Tal vez desean una mano amiga, una oportunidad para salir de esa situación, y se encuentran con auténticos esclavistas que las tratan y las venden como si fueran mercancías en un mundo que se dice defensor de la libertad y de la democracia.
Esperan una palabra de perdón, de aliento, una oración, y tal vez se encuentran con el desprecio de personas que se creen honestas y justas.

El drama de la prostitución nos interesa un poco a todos. Por ellas y por ellos. Porque también el cliente, a pesar de toda la pobreza afectiva que muestra con su comportamiento, merece una ayuda, quizá un tratamiento psicológico, para aprender a amar, para dejarse amar.

O, si tal vez no merece un poco de comprensión, sino una condena severa, al menos necesita que alguien le ayude. También los criminales, que han perdido "méritos" ante la sociedad, necesitan que alguien les dé una segunda oportunidad.

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Porque en contraposición con este drama hay que entender que la vida de cada ser humano depende de un motor fundamental, el amor. Y conviene recordar que este late, como el corazón, con dos movimientos fundamentales: uno hacia afuera y otro hacia adentro, amar y sentirse amado.

Quien ama a algo, a alguien, es capaz de todo. Quien se siente amado, protegido, ayudado, de un modo desinteresado y pleno, recoge energías para superar la enfermedad, el fracaso o la tristeza, y para construir todo lo bueno y grande de la propia historia.

Y es que el sexo, a pesar de lo mucho que presenta la televisión o de los comentarios jocosos que se dicen de vez en cuando, es una parte fundamental de la donación entre dos, un hombre y una mujer que se aman. Y, si se aman de verdad, lo harán con un compromiso total, sincero, hasta la muerte, sin sótanos escondidos, sin escapadas deshonestas.

Sin embargo existen diversas experiencias humanas que dicen lo que no es el amor. O, para ser más claros, lo que es vivir el sexo como puro placer sin compromiso. La masturbación y la prostitución son dos de esas formas de "vida sexual" en la que el placer ocupa el primer lugar y el amor queda en la penumbra.

AMAR Y SER AMADOS

Por eso, cuando triunfe el respeto del amor desaparecerán las cadenas y las presiones que llevan a tantas mujeres a la prostitución. El sexo será vivido en su dimensión verdadera, dentro de la vida matrimonial que lleva a los esposos a la fidelidad más entusiasta que se puede imaginar.

Cuando realmente se viva el amor, habrá menos clientes que busquen "pasarla bien" con un rato de placer que no puede ser completo si es sólo con una extraña, a la que quizá se desprecia, como también ella puede sentir desprecio hacia esos "hombres" que pagan por un rato de placer porque no han logrado una profunda madurez en el amor.

Nos toca a todos mirar con nuevos ojos a las prostitutas, tratar de comprenderlas y ayudarlas. ¿Cómo? Hay que cambiar nuestras miradas y corazones. Y, si está en nuestras manos, también buscar nuevos modos para ofrecerles un camino de liberación, de vida, de trabajo.

Sólo así algún día ellas podrán experimentar en plenitud un amor que habrá nacido de la experiencia del haber sido amadas y respetadas. Sólo así se puede pensar en dejar de ver jóvenes y ancianas despeñando con “resignación” el “oficio más antiguo de la humanidad”.

Con información de Tec de Monterrey