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 El último 'grito' de la moda
10 de abril de 2007 18:34

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Juventud en pret-a-porter
FMU/ Sergio Yakovlev Giorgana


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México.- Me llama la atención la moda actual de las jovencitas que usan los pantalones demasiado abajo, a la altura del huesito de la cadera, y un top demasiado alto y ajustado, como el de un bikini, sin nada entre uno y otro, salvo uno o varios aretes clavados en el ombligo. Me llama la atención porque es notorio que a muy pocas de ellas les va bien ese atuendo. ¿Será que está pensado exclusivamente para modelos esculturales que al imponerse como ideales se posicionan en la mente de las chicas?

La moda, desde mi punto de vista, es una imposición avalada socialmente capaz de infundir en el individuo el deseo de verse contagiado por esa tendencia en particular. Su poder mimético ilusiona a quienes la siguen, pues de alguna manera esa imitación los integra dentro de una élite o grupo social. “Si vistes como nosotras, eres como nosotras.”

No es importante que la nueva prenda le quede bien a uno, que sea de su agrado o que se sienta cómodo con ella; lo importante es formar parte, casi a pesar suyo, del grupo. “No es la dirección del río ni la calidad de sus aguas lo que importa, sino estar en la corriente”, dice Gustave Thibon.

El ser humano siempre ha vivido de modas. El vestido, la joyería, el mobiliario, la música, la pintura y hasta el tipo de cara, de cuerpo y la manera de pensar, se han regido por ella. Ya por estética, ya por consideraciones de identidad colectiva o por darle un giro a lo establecido, renovando las tendencias, cambiando las inclinaciones, la moda, aún en contra muchas veces de la salud, siempre ha formado parte de la vida del hombre.

Cómo olvidar los apretados corsés que daban una figura de muñeca a las damas a costa de una serie de daños en la postura, en la digestión y en la respiración. Cómo perder de vista aquellas culturas en donde el ideal de belleza se alcanzaba mediante la deformación de los huesos.

Los antiguos teotihuacanos, por ejemplo, sometían a los bebés a la rutina de llevar bandas y probablemente también tablillas en el cráneo, con el fin de oprimir la frente y la nuca y lograr un ensanchamiento que prolongaba, con cierta inclinación, los huesos del cráneo hacia atrás. ¿Qué daño podía provocar esta opresión? A la fecha no se sabe qué tanto pudo haber influido esta costumbre en el elevado índice de mortalidad infantil de los teotihuacanos. La mayoría de los niños morían en los primeros meses de vida.

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Aunque en estos pueblos, más que de moda debe hablarse de valores estéticos y de identidad colectiva, ya que no había en sus costumbres los cambios bruscos de ideales que se dan en la moda, la tendencia a seguir un patrón mediante el cual uno pudiera pertenecer a la comunidad, surgía igualmente de una práctica avalada por un grupo dominante. Después de todo, los gobernantes eran quienes imponían al pueblo el estándar de belleza que les agradaba.

El problema de la moda es que quien se somete a ella corre el riesgo de convertirse en esclavo permanente de sus rápidas cabriolas. Nada se piensa, nada se cuestiona con relación a los cambios de moda; simple y sencillamente uno los acepta, vengan como vengan, como un sumiso muñeco falto de personalidad.

La moda, dice Thibon, “halaga nuestros más vulgares instintos de cambio y de distracción, pasando sin cesar de un extremo a otro. Y bautiza como “novedades” las producciones surgidas de ese movimiento pendular.”

En vez de que uno se ajuste a la moda, debe ser ésta la que se ajuste a los gustos y deseos de cada quien. La autenticidad debe regir el ánimo de verse bien. Entonces más que hablar de moda hablaríamos de estilo: nada en demasía, y el tratar de armonizar lo que el comercio o la cultura nos ofrecen con nuestra muy peculiar forma de ser.

En vez de dejarnos ahogar en el pantano de las “novedades” en masa de la moda, nos convendría más hacer brillar la particularidad del gusto personal de nuestro propio estilo y enriquecer con él las costumbres de nuestra comunidad.

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