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México.- Continuamente los que vivimos en la Ciudad de México y otras ciudades contaminadas, escuchamos hablar de las altas concentraciones de ozono que se encuentran en el aire que respiramos, y que llegan en ocasiones a ser potencialmente peligrosas para la salud.
El ozono es una molécula sumamente reactiva, es un poderoso oxidante que puede reaccionar con todo tipo de moléculas orgánicas. Las células de nuestro cuerpo que entran en contacto con el ozono resultan afectadas por su exposición a este agente tóxico.
Los principales órganos afectados son los del aparato respiratorio; en un estudio realizado en la Ciudad de México entre personas que laboran al aire libre, se les encontró una actividad pulmonar disminuida. También se sabe que la irritación que produce en las mucosas puede facilitar las infecciones respiratorias y producir un estado inflamatorio crónico. Esto se debe a los radicales libres que se producen cuando el ozono reacciona.
A pesar de que los radicales libres son causantes de la oxidación de las células y por lo tanto de diversos procesos degenerativos, éstos son productos naturales del metabolismo oxidativo, que generamos de manera constante. Nuestro organismo tiene sistemas de defensa para mantener los niveles de los radicales libres bajo control. Sin embargo, cuando nos sometemos a fuentes externas de estos, como sería el caso de una continua exposición al ozono ambiental (o el generado por otros dispositivos, como las fotocopiadoras y los generados de ozono usados como desinfectantes de agua), el organismo sufre lo que se conoce como estrés oxidativo, como consecuencia del exceso de oxidación que los sistemas de defensa no puede contrarrestar.
Dado que las condiciones ambientales que se viven en la Ciudad de México, en donde diariamente se está en contacto con este contaminante, y conociendo los datos que se tienen del poder oxidante del ozono y el daño directo que causa al organismo, es importante considerar acciones para reducir el daño oxidativo. Las vitaminas antioxidantes, como la vitamina E, desempeñan un papel fundamental.
La vitamina E es una de las defensas primarias del organismo contra la oxidación: “secuestra” a los radicales libres generados por la exposición al ozono, actúa como un “escudo protector” de las membranas de nuestras células, y ayuda a evitar su deterioro por los radicales libres.
Los radicales libres son átomos o grupos de átomos que tienen un electrón “desapareado”. Estos “roban” un electrón de la primera molécula que se encuentran, con el fin de alcanzar su estabilidad electroquímica. Una vez que el radical libre ha conseguido robar el electrón que necesita para aparear su electrón libre, la molécula estable se ha oxidado o, en algunos casos, se convierte a su vez en un radical libre, iniciándose así una verdadera reacción en cadena que destruye las células.
Con información de CB Comunicación
