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 Todo sobre los estimulantes sexuales
10 de abril de 2007 19:19

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Sexo, erotismo, orgasmo
 
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Otras veces se trata de simple curiosidad, de un interés por añadir novedades a la práctica sexual cotidiana. Desde la noche de los tiempos se han propuesto numerosos productos con supuestas facultades afrodisíacas.

El clorhidrato de yohimbina y el polvo de cantárida son muy famosos, y, sobre todo respecto al primero, existen varias leyendas urbanas sobre su uso en fiestas para desinhibir sexualmente a las mujeres.

Ninguno de las dos sustancias son estimulantes sexuales. Sí que producen cierta vascularización genital e irritación uretral, lo que produce una comezón que puede confundirse con los ardores sexuales. Pero poco más. Un problema importante es que en dosis no muy altas, son productos tóxicos que pueden llevar a la muerte por envenenamiento a quien los ingiere.

Otros no estimulantes muy populares

Otros productos han surgido en la mente popular como afrodisíacos por una cierta analogía supersticiosa. Así, el polvo de cuerno de rinoceronte, lo único que tiene de afrodisíaco es la imagen erguida, grande y rígida de esa parte del animal, que recuerda a un pene en erección. Nada más.

Los alimentos tipo ostras (cuyo olor y textura puede recordar a algo que no voy a decir aquí), camarones (con otra clase de evocación), condimentos como el azafrán o la canela (con efectos tónicos generales ciertos), sólo sirven como afrodisíacos si ponemos mucha fe en ello.

Pero es que si creemos firmemente que un azucarillo disuelto en un vaso de agua nos va a estimular sexualmente, lo hará. Porque el verdadero estimulante sexual está en la imaginación.

En realidad no existen sustancias capaces de estimular el apetito sexual, salvo una hormona, la testosterona. Se ha comprobado que tanto a los hombres como a las mujeres, cantidades variables de esa hormona provocan un pico de excitación sexual que baja cuando ceden las concentraciones de testosterona en el plasma.

El problema de la testosterona es que su consumo regular tiene efectos secundarios importantes, pues aparte de incrementar el vello en la mujer, hacer su voz más grave y aumentar el tamaño del clítoris, puede facilitar la aparición de algún tipo de cáncer, como en los hombres.

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Con mucha imaginación

Sin embargo, imaginación tenemos todos (unos más que otros), no es peligrosa, carece de efectos secundarios y resulta gratis. De modo que cuando queramos más estimulo sexual debemos acudir a ella.

Porque es ella la que hará estimulante cualquier cosa que queramos que lo sea. Y su estímulo ocasiona un verdadero aumento del deseo sexual en un momento dado. Así, las fantasías sexuales, propias y compartidas, harán que nuestra pareja y nosotros mismos nos pongamos a cien.

Y los sentidos

También los sentidos son vías regias para llegar a nuestra mente y estimular el deseo sexual. La evocación de olores, sabores, tactos que tengamos asociados a encuentros sexuales previos, pueden elevar nuestro deseo sexual si así nos lo proponemos.

Escuchar, leer o ver escenas eróticas o abiertamente pornográficas son un excelente estímulo sexual muy efectivo. A solas o compartiéndolo con nuestra pareja. Acudir a ver un espectáculo erótico puede ser uno de esos estimulantes. Contemplar una película pornográfica, también. Leer una novela erótica, igualmente. Y son muy efectivos.

Las escenas que más gustan ver, leer o escuchar a las mujeres son, por este orden:

  • Un hombre masturbándose
  • Un hombre y una mujer teniendo relaciones sexuales (incluso si él se muestra algo brusco)
  • Sexo en grupo con más mujeres que hombres (sobre todo si hay mujeres que se relacionan entre sí)
  • Lo mismo pero con más hombres que mujeres
  • Hombres manteniendo relaciones homosexuales

    Para los hombres, las escenas son casi las mismas:

  • Una mujer masturbándose
  • Un hombre y una mujer manteniendo relaciones sexuales
  • Dos mujeres teniendo relaciones sexuales, y sexo en grupo.

    De modo que los verdaderos estimulante sexuales están en nosotros mismos. Sólo tenemos que aprender cuales son los de nuestra pareja y acordar con ella lo que se va a hacer en cada momento.

    El efecto placebo

    También conviene recordar que, con frecuencia, la expectación generada ante la perspectiva de hacer algo especial para estimularnos sexualmente es más eficaz que cualquier cosa que hagamos para conseguirlo.

    Nuestro cerebro es la zona erógena más efectiva que tenemos. Es cuestión de alimentarla, cuidarla y acariciarla convenientemente.

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