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El medicamento más común para tratar síntomas habituales como los dolores de cabeza o malestar en general, es el paracetamol. En la actualidad no se ha demostrado que este tipo de fármaco produzca alteraciones en el desarrollo del feto.
Igualmente, el metamisol (nolotil) es otro analgésico que se puede suministrar sin riesgos. Por el contrario, el ácido acetilsalicílico está contraindicado por su tendencia a provocar alteraciones en la coagulación, hemorragias cerebrales, ect. (aunque, en pacientes con abortos de repetición se indica tomar éste a bajas dosis sin ningún problema). En el caso en que los dolores sean más intensos, como podría ser el caso de una migraña y no cede con los fármacos anteriores, debe acudir al hospital ya que generalmente, la vía intravenosa de administración suele ser suficiente.
Los antibióticos que se podrían tomar si nos encontramos ante una infección bacteriana, serían la penicilina o la cefalosporina aunque en el caso de necesitar cualquier tipo de antibiótico sería necesario acudir al tocólogo para que sea él/ella quien recomiende el más adecuado, ya que otro tipo de fármacos de esta categoría necesitan estar bajo prescripción.
Cuando la mujer embarazada se encuentra ante la necesidad de empezar o continuar con algún tratamiento psicológico, deberían establecerse las pautas de la medicación conjuntamente entre el psiquiatra y el ginecólogo.
Para las depresiones las pastillas que se ingieren han de ser previamente estudiadas por el especialista y deberá suprimirse el uso de inhibidores (como los de litio) el máximo posible por su facilidad en atravesar la barrera placentaria.
Este tipo de fármacos puede desencadenar problemas en el feto justo antes de nacer y producir en él alteraciones cardiovasculares, alteraciones para respirar, etc. Para evitar estas situaciones es preferible hacer uso de medicamentos como benzodiacetinas suaves que garantizan el bienestar del feto.
Cualquier patología crónica deberá tratarse durante el periodo de gestación realizando un seguimiento más exhaustivo por parte del especialista
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En el caso de los tratamientos para la epilepsia, como cualquier otra patología crónica deberán tratarse durante el periodo de gestación aunque, realizando un seguimiento más exhaustivo por parte del especialista que recetará los anticonvulsivantes más adecuados para evitar posibles daños al feto. Lo habitual es que se mediquen con carbamazepina.
Problemas cardíacos y asma
Las pacientes embarazadas que sufran problemas cardiacos sufrirán alguna alteración en sus tratamientos como el hecho de pasar de suministrar los anticoagulantes de forma oral a hacerlo por vía parentenal. El mismo caso nos encontramos en pacientes con diabetes que pasarán de ingerir los fármacos en pastillas a suministrarlos mediante inyectables.
La paciente embarazada no debe abandonar su tratamiento para el asma si su neomólogo lo cree imprescindible; es peor una crisis asmática en la gestación que la posible y remota alteración del feto.
Además de ser obligatorio el hecho de consultar al médico el suministro de cualquier fármaco durante el embarazo, hay que evitar tratarse de diferentes patologías al mismo tiempo.
En estas situaciones se debe consultar al especialista que valorará el estado de salud de la madre para determinar la importancia y necesidad de cada tratamiento de forma que evalúe cada caso y diagnostique qué fármacos son prescindibles para evitar su ingesta.
Con información de Terra España
