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Terra.- El impulso sexual es algo que existe desde que el ser humano nace. Y se mantiene activo hasta que muere la poca salud que tenga. Otra cosa bien distinta es su vía de expresión, que cambia en función de factores internos y externos.
En la infancia, dicho impulso se manifiesta básicamente bajo la forma de una viva curiosidad por las cuestiones relacionadas con el sexo y con el otro sexo, y por la experimentación con las propias sensaciones corporales. De hecho, en la mayoría de las personas la primera experiencia netamente sexual se produce mediante masturbación.
La "primera vez"
Existen factores biológicos y sociales que impulsan hacia la mayor precocidad de la “primera vez”.
El factor antagónico que intenta refrenar la precocidad de la “primera vez” procede del mundo adulto y de la religión.
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Derecho y libertad
Esos son lo hechos. Pero la pregunta sigue en pie: ¿para cuándo la primera relación sexual? Los derechos humanos y el principio de la libertad individual dejan la decisión en manos del individuo. Éste debe ejercer sus derechos y ejercitar su libertad siempre que no atente contra los de los demás. Y ha de hacerlo con responsabilidad, sin escuchar cantos de sirenas que le hagan embarrancar.
Por muy bien intencionados que sean, no se puede atender a las presiones sociales para actuar en un sentido u otro. Y presión es tanto que te digan que no lo hagas, como que te digan: hazlo ya; sean cuales sean los argumentos que se esgriman para convencernos de ello. En el exterior se debe buscar la información necesaria para saber tomar decisiones fundamentadas. Pero las motivaciones que nos lleven a la primera vez deben ser internas, nuestras.
Tener relaciones sexuales porque está de moda, porque nos las piden, para perder la virginidad, o cualquier otra razón, no son motivos suficientes. Evitar las relaciones sexuales por lo que puedan decir de cada cual, porque nos digan que hay que actuar así, por que está mal hacerlo, por temor a que duela, tampoco son razones suficientes para ello.
Que el cuerpo nos pida hacerlo es algo digno de tenerse en cuenta, según las circunstancias en las que nos encontremos. Si tenemos una persona con la que tengamos alguna clase de relación emocional, también lo es. Si esa persona también lo desea, es razón de más para pensárselo.
Habrás de saber lo que realmente quieres y lo que vas a obtener: sexo sin más o sexo en el contexto de un encuentro emocionalmente comprometido por ambas partes. Teniendo todo esto en cuenta, la edad no es un factor tan importante, porque tales condiciones pueden venir en momentos diferentes para cada uno. Es como el crecimiento: cada cual lo hace a su propia velocidad, sin tener en cuenta la de los otros. Por eso no hay una edad para la primera vez. Cuando se den esas condiciones será tu momento; no el de tus amigas: el tuyo.
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Todo lo demás sobra
En eso consiste “estar preparados”. En saber que tales circunstancias se están dando de verdad. Pero hay que evitar enfermedades y embarazos indeseados. Hay que evitar forzar las cosas (hacerlo con la primera persona que se nos cruce, por ejemplo, en cualquier sitio, sin deseos reales, engañando o forzando a hacerlo al otro), porque nos dejará un regusto frío y deslustrado de la experiencia.
En eso consiste ser responsables. Hay que evitar falsas perspectivas: con frecuencia la primera vez no es maravillosa, sino torpe y desaliñada, sobre todo si lo hacemos con miedo. Pero si nos lo tomamos con humor y ambos nos interesamos en aprender, no pasa nada. Nadie nace enseñado. Y esto reza tanto para las chicas como para los chicos.
El interés por las personas del otro sexo (o el propio en caso de homosexualidad) crece conforme se aproxima la pubertad, bajo el empuje determinante de las hormonas sexuales, que comienza a correr desbocadas por el torrente sanguíneo. Y es entonces cuando las fantasías aparecen durante la masturbación y el impulso sexual propiamente dicho, que hasta entonces estaba recluido en la misma persona, comienza a proyectarse hacia el otro y a desearse compartirlo con ese otro.
El deseo de tener “novio” (“novios”, más bien) es muy temprano, y la curiosidad sexual hacia él también (aunque no se manifieste expresamente: a veces se trata de simples juegos “tontos”, y otras veces de escarceos claramente eróticos).
Por eso, el inicio en el intercambio de caricias sexuales es también muy temprano: la mitad de las mujeres recuerdan haber practicado juegos sexuales en edades previas a los 13 años; y el número va en aumento cada década que pasa. Sólo las circunstancias sociales favorecen o reprimen que dicho interés se materialice en una relación sexual propiamente dicha o, más concretamente aún, en el coito.
La edad del primer coito disminuye cada vez más, encontrándose actualmente en un promedio que se sitúa entre los 16 y 17 años de edad. Los promedios son eso: medias; eso significa que hay chicas que comienzan bastante antes de esa edad, y otras que lo hacen después.
Con información de Terra España
