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Educar al niño en la espiritualidad |
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Es de suma importancia para un niño recibir una educación espiritual. Cualquiera que sea la creencia de sus padres. |
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FMU/ Sergio Yakovlev Giorgana
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México.- Hace unos días, en una plática que inesperadamente tomó un giro hacia los senderos de la espiritualidad, un amigo me comentó lo necesitado que estaba de creer en algo: “Es que nunca nadie me habló de Dios y no sé en dónde encontrarlo”, me dijo desanimado.
Inmediatamente comprendí lo importante que es para un niño recibir una educación espiritual. Cualquiera que sea la creencia de sus padres, esta enseñanza habrá de mostrarle que detrás de las apariencias del mundo, hay un misterio vivo que late dentro de sí, el cual ha de abrirle las puertas a la paz interior en los momentos difíciles de la vida.
Un antiguo relato narra la historia de Yashin, un niño que solía hablar constantemente con Dios, quien, lleno de la gracia divina, consigue ir abriéndose paso en la vida sin dificultades. Siendo todavía un adolescente consiguió un trabajo de cargador con un amigo de la familia. Su buena disposición y excelente ánimo le granjearon la amistad de un cliente rico a quien solía atender. Éste lo contrató para que administrara su negocio y al cabo de los años, cuando el hombre rico envejeció le heredó el negocio. Así se hizo de fortuna, buena fama y reputación. Se casó, tuvo hijos y se construyó un magnífico palacio en donde daba suntuosas fiestas.
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Un día, un terrible terremoto azotó su aldea, y el pueblo entero pereció bajo los escombros, incluida su familia. En un abrir y cerrar de ojos Yashin lo había perdido todo. Su tristeza fue inmensa. Se acordó entonces de Dios, a quien había olvidado entre tantas bienaventuranzas. Sólo Él podía ayudarlo en esos momentos de desesperación. Haciendo un esfuerzo recordó cómo implorarlo. Fue así que escuchó una voz interior que le decía: “Nunca me he movido de aquí; has sido tú quien ha salido y entrado del recinto”.
La vida espiritual es un regalo. Yace en nuestro interior, pero su descubrimiento requiere de otro que nos ayude a quitarle la envoltura. Cuando los padres abren esta posibilidad, obsequian al niño una semilla que, como en el caso de Yashin, habrá de dar frutos cuando las circunstancias lo requieran.
La mejor manera de despertar ese mundo interior en el niño es en la vida cotidiana. Si el pequeño aprende que Dios forma parte de su vida, le será fácil encontrarlo. ¿Dónde? En la alegría, el cariño que recibe y da a los demás, los buenos y malos ratos, lo que le hacen sentir el día y la noche, el abrazo, los juegos, lo que no logra comprender.
Otro recurso es la oración nocturna, la conversación profunda que invita al niño a reflexionar sobre la vida y el ejemplo que recibe de sus padres.
Detrás de la vida siempre hay un misterio; la vida misma es de hecho el misterio más grande que ha existido. El mundo espiritual enseña que ese misterio es una luz bondadosa que nunca abandona a quien la reconoce. Cuando el niño logra reconocer esta enseñanza, está listo para descubrir que “las puertas del cielo, donde habita Dios, siempre están abiertas de par en par”.
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