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Son ya algo tan corriente como los análisis y ecografías periódicas que se realizan. Su importancia se ha venido contrastando a lo largo del tiempo gracias a los beneficios evidentes que proporcionan a la embarazada.
Por una parte, proporcionan una información vital a la madre sobre todos los procesos que se desarrollan en su cuerpo a lo largo de la gestación y la instruyen sobre una serie de técnicas esenciales para colaborar con el equipo médico en el momento del parto.
Por otra parte, proporcionan a la futura madre un importante apoyo psicológico para afrontar la maternidad, con todas las complicaciones que ello va a suponer para su vida a partir de ese momento.
El cuerpo cambia
La información es una ventaja esencial de la preparación al parto. El embarazo no es un proceso misterioso cuyos secretos sólo conoce el ginecólogo. La preparación proporciona los conocimientos esenciales para comprender los procesos que suceden semana tras semana.
Una mujer que conoce paso a paso los cambios que va sufriendo su cuerpo, las pautas de crecimiento de su bebé, está preparada para afrontar cualquier circunstancia médica que se presenten durante la gestación.
El conocimiento permite a la futura madre vivir con intensidad su embarazo, pues ya no se trata de una cuestión en la que ella es mera espectadora pasiva, que no entiende nada de lo que está pasando, y se convierte en protagonista esencial del proceso.
La madre colabora en el parto
Buena parte del contenido concreto de la preparación al parto está enfocada a afrontar en las mejores condiciones posibles el momento del nacimiento.
La preparación proporciona, por una parte, información detallada de lo que ocurre en ese momento, de lo que el equipo médico va a hacer y de cómo la madre puede ayudar a buen fin del proceso.
Por otra parte, aporta los conocimientos para que la colaboración de la madre sea verdaderamente efectiva. Las técnicas de relajación y de respiración para controlar las fases del momento de la expulsión son la gran aportación de la preparación a un buen parto.
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Una madre que no sabe cómo y cuando empujar, que no sabe relajarse en las fases precisas, que no sabe controlar las contracciones y los dolores del momento, que se descontrola, que es incapaz de soportar el trance, se convierte en un elemento negativo en el momento clave del nacimiento del niño y puede constituir un factor de riesgo o de fuerte inconveniente para el parto.
Por el contrario, una madre informada y entrenada en todas estas cuestiones es una colaboradora eficaz del equipo médico y parte esencial del nacimiento sin problemas de su hijo.
Relajarse
El parto es un proceso físicamente agotador y mentalmente estresante. Relajarse es esencial para controlar el dolor y para lograr que todo el parto se realiza sin complicaciones para la madre y el bebé. Una madre relajada puede controlar todas las fases del parto, recuperarse entre contracciones y colaborar activamente con el equipo médico para que el bebé nazca en las mejores condiciones. La relajación también reduce la tensión muscular y ayuda, de este modo, a contrarrestar la fatiga. Aunque médicos y matronas van indicando a la parturienta lo que tiene que hacer cada momento es conveniente conocer las técnicas básicas de relajación en el parto, que se explican en los cursos de preparación al parto.
La relajación hay que practicarla a lo largo de todo el embarazo, implicando a la pareja, en un ambiente tranquilo, cálido, que permita la concentración. Unos minutos al día para practicar posturas de relajación y técnicas respiratorias son fundamentales para un buen parto.
Posturas que relajan
Cuando comienza el trabajo del parto la madre puede adoptar una serie de posturas que la ayuden a superar las incomodidades que a partir de ese momento comienzan. En general, hay que considerar que la gravedad es una buena cooperante del parto, que ayuda a colocar al bebé en la posición correcta.
Por eso, no es conveniente permanecer acostada boca arriba. Estar de pie facilita el proceso y proporciona sensaciones de libertad y comodidad. Agacharse, si no resulta físicamente incómodo, ayuda a la circulación y a la colocación del bebé, lo mismo que sentarse con las piernas cruzadas. En la cama se puede permanecer acostada sobre el lado izquierdo para descansar lo más posible.
En general, se recomienda cambiar de postura a menudo durante la fase inicial del parto y no permanecer demasiado tiempo en la misma posición. Un cambio postural cada treinta minutos es muy recomendable.
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Técnicas de respiración para relajarse
Para una correcta relajación durante el parto es esencial controlar el proceso de respiración, que ayudará a controlar el dolor. Hay que entrenar previamente les técnicas respiratorias y la madre debe conocer su frecuencia respiratoria normal, pues a lo largo del parto deberá respirar a ritmo más fuerte o más lento, según las fases del proceso. Además, una adecuada técnica respiratoria permitirá mantener el aporte de oxígeno al bebé en los momentos críticos del nacimiento.
Las técnicas básicas de respiración durante el parto son las siguientes:
A continuación expulsará el aire por la boca mientras contrae lentamente los músculos del abdomen. Esta respiración se hará en cada contracción y ayudará a la oxigenación del bebé, pues durante esta fase disminuye de forma considerable. Entre contracción y contracción hay que recuperar la respiración normal para recuperar fuerzas.
Una cuestión de pareja
Afortunadamente, el embarazo se vive cada vez más como una cuestión integral de la pareja y no como algo que compete exclusivamente a la madre. Analizándolo con cierta perspectiva, podemos decir que uno de los factores que más ha influido en la implicación conjunta de la pareja en el proceso de gestación han sido los cursos de preparación al parto. Desde un principio fomentaron la implicación del padre en el embarazo y pronto se hizo habitual que a las clases de preparación asistiesen juntos padres y madres.
El padre ya no es ese señor que acompaña a su pareja embarazada al ginecólogo, no se entera de nada y confía en que su mujer tome buena nota de todo lo que dice el médico. Es pieza clave del proceso de gestación y responsable en buena medida del equilibrio emocional de su pareja.
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Los cursos de preparación han enseñado al padre lo que pasa en el cuerpo de su pareja; le han enseñado a facilitar los ejercicios físicos que la relajan; le han enseñado a reorganizar su vida cotidiana para participar activamente en la gestación; le han enseñado a relacionarse con su hijo y le han enseñado cómo responder ante todos los acontecimientos que se avecinan.
La preparación ha institucionalizado el hecho de que el embarazo es cosa de dos y esa es una de sus principales virtudes.
Nueve meses después
Un recién nacido acapara al ciento por ciento la vida de la madre. Todo gira en torno suyo y hay que saber una serie de cuestiones relacionada con él que parece interminable.
Prácticamente no hay método de preparación al parto que no incluya sesiones dedicadas al conocimiento de lo que pasa cuando el bebé ya está en casa y requiere toda la atención de los padres. Desde cuestiones higiénicas esenciales, la alimentación y los cuidados médicos iniciales, la información que se transmite a los futuros padres es exhaustiva.
Las preguntas e inquietudes de los padres también lo son
Un factor al que cada vez se le da mayor importancia es la preparación psicológica de los padres, aunque focalizada mucho en la madre para afrontar esa fase concreta. Los tenores y angustias de muchas madres ante la responsabilidad que cae sobre ellas y el sentimiento que muchas experimentan de no ser capaces de afrontar la situación con eficiencia degeneran en situaciones de depresión que una buena preparación ayuda a prevenir.
La mentalización ante lo que se avecina y el reforzamiento de sus sentimientos de seguridad y autoestima se acrecientan con una buena preparación para el parto. En la mayor parte de los cursos de preparación la didáctica no termina el día del parto. Casi todos incluyen sesiones de postparto con terapias de ejercicios físicos que ayudan sobre todo a que el cuerpo de la madre recupere poco a poco la normalidad.
Es una ventaja fundamental de la preparación integral al parto. Que la madre vuelva a ser lo que era, que no asuma desgastes físicos irrecuperables, que la llegada del hijo sea un acontecimiento feliz pero que no conlleve daños físicos, son elementos clave para que el embarazo sea una experiencia integralmente dichosa.
Con información de Terra España
