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Al llegar la noche el cuerpo se relaja, mejora la circulación sanguínea y el ritmo respiratorio, se eliminan toxinas y nuestra piel no está expuesta a la radiación solar, o la contaminación. Por tanto, está más receptiva y la efectividad de los tratamientos cosméticos se multiplica. Aquí te proponemos, una rutina básica de cuidado nocturno, para que el despertar sea, si cabe, más placentero.
Durante el día, nuestra piel actúa como un escudo protector frente a las agresiones externas, como la polución, el frío o el calor. Pero además, regula nuestra temperatura corporal y evita la deshidratación. Sin embargo, mientras dormimos, el trabajo no cesa, porque la piel se pone en marcha para regenerarse, multiplicándose por tres la actividad celular de nuestra epidermis.
Ritual nocturno para el rostro
Tres son los pasos básicos para su cuidado:
Déjalo actuar durante unos segundos, para que así sea más fácil eliminar la suciedad y el maquillaje. Comienza a aplicar la limpiadora desde la clavícula y, con las yemas de los dedos en movimientos circulares, extiéndelo desde el cuello a la cara, llegando hasta el nacimiento del pelo. No es mala idea retirarlo con un paño, o una toalla, humedecido con agua tibia.
Deberías elegir el producto en función de la textura que más te gusta (cremas, gel, jabón), en lugar de pensar en el tipo de piel que tienes (grasa, mixta, seca o normal). Ya que entonces, la limpieza será más placentera y lo harás a conciencia.
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El cuerpo también exige unos mimos nocturnos. Las ocho horas de sueño no son un cuento, sino una necesidad. Cuando dormimos, nuestro cuerpo elimina tensiones y toxinas y además, finalmente, descansa. Tomar un baño es un buen método para comenzar a relajarse. Además, el agua caliente abre los poros, facilitando la penetración de los tratamientos, ya sean cremas o aceites. Tómate tu tiempo para el ritual del baño.
Necesitarás, como mínimo, media hora. Desconecta el móvil, para que así nadie te moleste. Apaga las luces o, sin son regulables, ponlas al mínimo. Enciende unas velas aromáticas o un poco de incienso. También, poner de fondo una música relajante te ayudará a desconectar.
Se puede elegir un baño con espuma, o con aceites esenciales, que tienen poderes curativos. Por ejemplo, el romero mejora la circulación; la lavanda es muy relajante; la bergamota, desestresante y calma los nervios, mientras que la manzanilla es conocida por sus propiedades calmantes.
Una vez que has llenado el jacuzzi, aplica de 10 a 15 gotas de aceite esencial. Recuerda que la temperatura ideal del agua ha de oscilar entre los 30 y los 32 grados. Tras el baño, es conveniente darse una ducha rápida con agua fría, comenzando desde los pies, y en movimiento ascendente, para activar así la circulación de la sangre. Al salir del jacuzzi, cúbrete con un albornoz y relájate sobre la cama durante cinco minutos. Termina esta sesión antiestrés con una crema de cuerpo untuosa.
Los grandes olvidados
La noche es un buen momento para darles a nuestros pobres pies el descanso merecido. Además, no requieren mucho tiempo, ni esfuerzo. Antes de acostarte, aplícate una crema específica para pies y date un suave masaje. No sólo aumentarás la hidratación, evitando las antiestéticas durezas. Además, una agradable sensación de bienestar invadirá tu cuerpo, ya que los pies están llenos de terminaciones nerviosas.
Con información de Terra España
