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 Brinca la brecha generacional
09 de abril de 2007 16:50

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Familia
FMU/ Regina Moctezuma

Hace unos meses murió mi tía abuela Carmen. Lo más común hubiera sido que, una mujer como ella, que nunca se casó, hubiera dejado este mundo completamente sola. Pero no fue así, mis abuelos la hicieron parte de nuestra familia desde el mismo día en que se casaron y le dieron la oportunidad de ser como otra madre para sus hijas y otra abuela para sus nietos.

Lo que sí se quedó solo fue su departamento lleno de antigüedades, retratos familiares y recuerdos, mismos que tendríamos que ir a rescatar, para después, poner en venta el lugar donde Carmen pasó más de la mitad de su vida.

No pude ir el día en que se vació el departamento, pero le pedí a mi mamá que me guardara todas las fotos, los álbumes y las notas que mi tía hubiese hecho, todo con el fin de enriquecer el árbol genealógico en el que llevo tiempo trabajando. Mi hermana sí fue y regresó como si hubiera ido de compras a la tienda de moda, con suéteres, guantes, sombreros, faldas y demás.

Resulta que las modas regresan y la que le tocó a la generación de mis abuelos, empieza a recircular entre la juventud de principios de este siglo. Resulta que no sólo compartimos la moda con esa generación, sino que compartimos momentos enriquecedores e inolvidables. Resulta que de un brinco podemos saltar la brecha generacional que cada vez es más estrecha.

Mis padres, a veces, dicen que sus padres, o sea, mis abuelos, no fueron tan buenos con ellos como lo son con nosotros, que somos sus nietos y quizás yo algún día diga lo mismo a mis hijos. Lo cierto es que la vida nos da nuevas oportunidades para hacer lo que, por alguna razón, dejamos de hacer en su momento, así los abuelos se reivindican con los nietos en todo aquello en lo que fallaron con sus hijos, construyendo relaciones duraderas que sirven como lazo entre el pasado y el futuro.

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La mayoría de la gente que conozco adora a sus abuelos y tiene toda clase de recuerdos con ellos; sin embargo, mientras más pasa el tiempo, también la mayoría deja de frecuentarlos y olvida hacerse un huequito en su semana para ir a visitarlos y platicar con ellos.

A veces, se nos olvida que cuando nuestros padres no estuvieron presentes, así fuera por unos días, quienes se trasladaban a nuestras casas para cuidarnos, eran nuestros abuelos. También se nos olvidan las noches enteras en que nuestras abuelas nos leyeron cuentos hasta que nos quedáramos dormidos. Y qué decir de los abuelos que no dudaban en echarse una cascarita con los nietos.

Quién iba a pensar que con setenta años de diferencia, mi hermana y mi tía abuela compartirían los mismos gustos. Quién iba a pensar que sus recuerdos enriquecerían mi trabajo biográfico. Quién iba a pensar que moriría con mucha compañía a pesar de no haber tenido descendencia.

Quién iba a pensar que el escalón que existe entre una generación y otra es muy corto y que, estirando bien las piernas, se puede llegar de un salto al escalón de la generación de nuestros abuelos. Pero sobretodo, quién iba a pensar que durante el mismo mes, éste, el de agosto, se celebraría tanto el día de la vejez como el día de la juventud (12 de agosto, Día de la Juventud y 28 de agosto, Día del Anciano).

Qué mejor señal para recordarnos que los jóvenes y las personas mayores embonamos muy bien y que tenemos este mes y el resto de nuestras vidas, para convivir con nuestros abuelos, nuestros tíos abuelos y todas las personas que con su rostro, con su mirada, nos demuestran que hay mucho que aprender de ellos.

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