Enfrentar un proceso de separación en la pareja nunca es fácil, especialmente cuando hay niños de por medio. Aunque muchas veces los padres suelen actuar pensando en hacer lo mejor para sus hijos, suelen adoptar conductas que no sólo son inadecuadas, sino dañinas para ellos.
En México, la cifra de separaciones crece de manera rápida. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), tan sólo de 1990 a 2000 se separaron -ya sea de manera legal o sólo práctica- un millón 399 mil 885 mexicanos. De acuerdo con el último censo, en 2000, 2 millones 486 mil 662 mexicanos estaban separados o divorciados.
Cada una de estas cifras no sólo son números estadísticos, sino que representan familias que deben enfrentar la ruptura.
Arlen Reséndez Yebra, terapeuta familiar y de pareja, afirma que no hay esquemas o recetas para afrontar este problema, pues cada situación es diferente. Sin embargo, coincide en que, en todos los procesos de separación, debe haber una comunicación directa y responsable con respecto a los hijos. Ayudarles a expresar su dolor en lugar de concentrarse sólo en el propio, afirmará los lazos familiares y será de gran ayuda para que los hijos puedan procesar el duelo. En este sentido, se debe evitar en todo momento discutir los problemas maritales frente a los hijos.
Lo ideal es que la ex pareja decida mantener una relación cordial, si es así los padres deben poner especial cuidado en no crear falsas expectativas en los niños. Hablar con ellos y aclararles que, aunque los padres lleven una relación armoniosa, como pareja, han terminado. Esto los ayuda a asimilar de mejor manera la ruptura y a no generar esperanzas que no habrán de concretarse.
Aunque lo ideal es que la ex pareja mantenga una buena relación, la especialista afirma que en el caso de que uno de los padres sea violento, es mejor que éste se separe de los hijos por un tiempo y comience con un proceso personal y familiar de terapias. De otra manera, el círculo de maltrato se perpetuará aun en la distancia.
De acuerdo con la especialista, los menores que resienten en mayor medida las separaciones son, generalmente, los hijos únicos. Esto se debe a que cuando son varios hermanos, se prestan apoyo entre sí. Sin embargo, el apoyo fundamental debe radicar en los padres. Debido a que los niños tienden a culparse por la ruptura, es fundamental que se les reafirme que esto no es así y que se les asegure el amor que ambos sienten por ellos y que son lo más importante para ellos.
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También es importante no involucrarlos en los problemas de la pareja, ya que en ocasiones se utilizan como aliados o para dañar al ex cónyuge. Devaluar la imagen del otro adulto, ridiculizarlo o hacer comentarios negativos de él delante de la familia, debilitará la autoimagen del pequeño, pues ambos padres son quienes le dan identidad. De igual forma, que una de las partes asuma el papel de víctima, sólo dañará a los hijos.
Esto no implica hacerlos a un lado. La terapeuta afirma que llevar a cabo reuniones en las que los menores den su punto de vista y participen en las decisiones de la familia, es sumamente enriquecedor y puede abrir nuevas alternativas para resolver la problemática.
En este sentido es fundamental hablar al nivel de los niños, escucharlos y reafirmar el cariño que ambos padres sienten por ellos. La doctora Reséndez Yebra afirma que cuando los hijos participan en la solución del conflicto, se deshacen de la culpa, pues comienzan a delegar responsabilidades. Debemos entender que ellos son parte de la familia y por eso, es clave incluirlos.
Sobrecompensar a los hijos tampoco es una solución que aminore el dolor o resuelva los sentimientos conflictivos que ellos enfrentan. Esto puede ocasionar que el padre más estricto tenga problemas para controlar a los menores o los niños adopten actitudes de desobediencia en la escuela y con sus amigos, lo que repercutirá en ellos de manera negativa. A pesar de los cambios o ajustes que se presentarán, lo más recomendable es mantener su rutina diaria lo más estable posible, lo que incluye escuela, actividades deportivas, contacto con la familia, amigos, disciplina y responsabilidades.
Como padres hay que estar atentos a las reacciones de los hijos, por ejemplo, si durante más de dos semanas el niño presenta anomalías en su alimentación o sueño, sufre depresión o se niega a ver a alguno de los padres, lo más recomendable es acudir con un especialista que oriente y ayude a restablecer y sanar los lazos de la familia, pero sobre todo, la estabilidad emocional del niño.
En cualquier caso, es necesario que los padres refuercen en sus hijos la idea de que los aman sobre cualquier conflicto que puedan tener entre ellos. Además de hacerles sentir que cuentan con todo su apoyo. Todo esto será la clave para que este difícil tránsito de vida, no rompa los lazos de cariño que deben persistir en la familia.
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