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Terra Networks.- Cómo llegar a tener una cordial relación con nuestra “suegrita” sin morir en el intento, es un gran misterio para miles de mujeres en el mundo. Y es que la progenitora de nuestra pareja puede llegar a ser la mejor aliada o la peor enemiga con que podemos contar.
“La familia de origen de cada miembro de la pareja es muy importante. Son las personas más significativas en el desarrollo de todo niño, y también cuando se es adolescente y adulto. Por ello, las interacciones con los padres se deben mantener, siempre y cuando, no interfieran en la constitución del matrimonio, ya que éste requiere un espacio relacional de dos, y nunca de muchos”, explica la sicóloga y académica de Universidad de Las Américas, Oriana Vilches.
Rol de cuidado
Para la especialista, los problemas con la suegra, las bromas, burlas sobre ella y sus características son unos de los tantos mitos construidos en nuestra cultura. “Se tiende a generalizar cualquier comportamiento negativo para uno de los miembros de la relación amorosa, con la madre de uno de ellos”, sostiene.
Según la profesional, más que suegras con personalidades diferentes, estas mujeres tienden a comportase de acuerdo a un rol asignado por la sociedad. Muchas veces justifican su actuar basándose, precisamente, en esa especie de personaje que están jugando representar desde el momento que sus hijos se casan.
Es así como pueden ser muchos los prototipos de suegras que podemos encontrar al analizar las distintas experiencias de nuestras congéneres. Pero, sin duda, los siguientes “personajes” son las más comunes:
Segunda madre. Al entrar en una relación con su hijo te transformas inmediatamente en su hija adoptiva. Ella buscará que le cuentes todos tus problemas, le pidas consejos y, con ello, te acogerá dentro del seno familiar. No obstante, este juego requiere el estar dispuesta a sus periódicas intromisiones en tu vida personal.
Voraz competidora. La peor de todas. Esta mujer te ve como la culpable del alejamiento de su hijo y hará todo lo que esté a su alcance para mostrarte, ante él, como una incompetente sin remedio. No teme criticar y boicotear públicamente, con una malévola sonrisa, cualquiera de tus ideas.
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Eterna desvalida
Viuda o separada, este tipo de mujer es extremadamente poderosa a la hora de llamar la atención de su retoño. Se muestran indefensas ante los demás, lo que las hace pedir –directa o indirectamente– constante protección y atención. El convertirte en su rival la llevará a hacerte parecer como una mujer insensible que la ataca sin razón.
Escudo eficaz
La experiencia clínica de la sicóloga Oriana Vilches da cuenta que la interferencia habitual y sin límites de uno de los padres en el matrimonio puede llevar a un quiebre irreparable. También el volver en obligación algunas conductas, “por ejemplo, ir a almorzar todos los fines de semana donde la madre; salir a cenar, al cine, al teatro o de vacaciones, pero siempre con la suegra. Esto se agrava cuando la suegra está sola y la pareja dice: ‘¡No esperarás que la deje el domingo! ¡Ella necesita ver a los niños!’ ”, explica la especialista.
En esos casos, lo peor que puedes hacer es establecer una guerra de poder y dominio con su madre. Tampoco es recomendable compararla con tu propia madre para demostrar lo inepta o malévola que es ante lo ojos de tu chico. Asimismo, el poner a tu esposo en la disyuntiva de elegir entre su progenitora y tú nunca te traerá buenos resultados.
¿La clave? Según la especialista: “En primer lugar, dialogar, conversar y reflexionar sobre las diferencias que existen es lo mejor. Todo ello cuando sea posible esa instancia. La mayoría de las veces debe ser el hijo o hija quien debe dialogar con su madre para zanjar las dificultades en la relación con su pareja y establecer los límites de una manera cordial. Es un hecho que se acortarán las distancias si se le facilitan los encuentros, conversaciones y llamadas entre madre e hijos y si se mantiene el diálogo continuo”. Y agrega: “Muchas veces existen grandes diferencias culturales y valóricas entre las familias de origen, y esas diferencias tienen que ser siempre negociadas por el matrimonio”.
Con información de Terra Chile


