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 Aprende a dar un beso 'francés'
23 de enero de 2008 11:22

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Beso apasionado


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México. Esta pregunta llega a ser un verdadero problema cuando comienza el interés por las cosas del amor y de las cuestiones sexuales. Pero también sigue siéndolo para algunos y algunas a edades más adultas.

El beso “francés”, “profundo” o “con lengua”, no consiste simplemente en juntar las puntas de las lenguas cuando se besan los labios del otro. Pero tampoco consiste en disparar la lengua (como hacía la criatura de Alien, el 8º pasajero) hasta alcanzar las profundidades más ocultas de su garganta.

Si los besos en los labios resultan tan estimulantes es por su riqueza en terminaciones nerviosas. Le sucede lo mismo a la mucosa bucal. A pesar de eso, la actitud de los que se besan es importante a la hora de determinar el sentido que deben tener las sensaciones que perciben. Porque un beso en la boca puede ser físicamente muy excitante o completamente indiferente.

Dos personas convenientemente motivadas son capaces de sentirse estimuladas con el simple contacto de sus labios. Si a eso se añade cierto juego con el borde de los labios, acoplándolos entre los del otro y percibiendo su calor y su humedad, el resultado puede ser muy excitante. De hecho, durante el beso, los labios se hinchan cuando los amantes actúan de esa manera; es su reacción ante la pasión.

A veces, las cosas se quedan ahí. Pero en otras ocasiones se va más allá y entra en juego la lengua. Con los dos cuerpos habitualmente fundidos en un abrazo, la lengua del que besa busca paso entre los dientes de quien es besado. Éste abre la boca para recibirla. Quien besa, utiliza el extremo y los bordes de su lengua para explorar y acariciar con ellos los de la lengua del otro, o debajo de la misma.

El receptor se deja hacer o participa activamente entrelazando su lengua con la del que besa. En algún momento, éste abandona ese juego y busca acariciar el borde interno de las encías del otro, sobre todo la superior; y también acaricia la parte anterior del paladar o cielo de la boca. Con suavidad.

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Tales acciones son sumamente excitantes para quien recibe el beso. Excitación que puede desencadenar una reacción general del cuerpo a la estimulación erótica, con erección del pene, de los pezones y humidificación de la vulva. En el caso masculino es posible que tal excitación no desencadene una erección, pero sí la secreción transparente de las glándulas de Cooper; el llamado líquido preeyaculatorio.

Con frecuencia es un solo miembro de la pareja el que besa, siendo el otro siempre receptor. Pero lo verdaderamente excitante es intercambiar los papeles de un modo secuencial, de modo que unas veces sea uno el que besa y el otro el que recibe, y otras veces suceda al revés. Incluso dentro de la misma “sesión” de besos.

También es lo más equitativo, porque quien percibe más sensaciones estimulantes en el beso es siempre el receptor. Por eso en una pareja que se quiere y se atrae, lo verdaderamente interesante es intercambiar los papeles. Esto no quiere decir que el que besa permanezca indiferente a los estímulos del beso, naturalmente.

En parejas muy jóvenes, sobreexcitadas y curiosas, un beso de este tipo puede desencadenar todo el proceso de respuesta sexual humana con rapidez ocasionando orgasmos. Les sucede tanto a los hombres como a las mujeres. Es una reacción que desaparece conforme arraiga el hábito de besar.

Tales reacciones al beso pueden ser un fin en sí mismas, una consecuencia agradable a un deseo de fusión de la pareja y, también, puede ser un gesto preparatorio para intimar más y ocasionar un encuentro sexual completo.

Con información de Terra España