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México. “Los hombres no lloran, son agresivos y violentos. Además, es únicamente de ellos la responsabilidad de brindar el soporte económico de la familia”, éstas son algunas de las características con las que se ha explicado el rol del sexo masculino, pero ¿esto realmente tiene que ser así?
Desde pequeños poseemos lo que se denomina identidad de género, es decir, creencias y prácticas sociales que hemos aprendido y que nos reafirman como hombres o mujeres. La masculinidad y feminidad son impuestas por la sociedad a partir de patrones de conducta heredados por generaciones y en parte, asumidas por cada individuo.
Por ejemplo, a los hombres tradicionalmente se les concibe como proveedores de la familia, los que tienen que salir a trabajar y ganar dinero para mantenerla; mientras que las mujeres son las que deben atender a los hijos y el hogar. Otro rol típico es aquel que dicta que los niños no lloran y que deben aguantar todo, mientras que las niñas sí pueden externar de manera abierta sus sentimientos.
El maestro en sociología Roberto Garda, quien actualmente dirige la agrupación Hombres por la equidad asegura: “el límite entre lo impuesto y lo decidido no es muy claro, lo cierto es que cuando una persona comienza a dañar o a dañarse por llevar a cabo las ideas de género se enciende un foco rojo que indica que es un buen momento para reflexionar y eso es justamente lo que está ocurriendo actualmente”.
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El concepto de masculinidad se asocia con poder, y muchos hombres aceptan los roles porque les conviene poseer ese poder, es decir, aceptan estar todo el día en la calle porque ganan bien pero sacrifican tiempo con su familia; por otro lado, hay otros que se están cansando de ello y prefieren compartir responsabilidades con sus parejas. Así, ambos contribuyen al gasto familiar y a las labores domésticas por igual.
Roberto Garda asegura que de acuerdo a sus 13 años de experiencia, antes con Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias A.C. (CORIAC) y ahora con Hombres por la equidad, los varones que rechazan estos mandatos de masculinidad, encuentran por ejemplo, maneras de ser más productivos porque se alían con la pareja, trabajan los dos, hacen empresas familiares o buscan estrategias donde el dinero es producido por ambos, lo que a mediano o largo plazo beneficia a todos.
El especialista afirma: “el día que todos los hombres pierdan el miedo a cocinar y a llorar, dediquen tiempo con su familia, asuman su paternidad de una manera responsable, rechacen la violencia como una manera de relacionarse con las mujeres y con otros hombres; cuando los quehaceres domésticos sean también su responsabilidad, se estará hablando de una nueva forma de relacionarse en la sociedad”.
Además, esto brinda mucha mayor libertad de pensamiento y acción, pues lejos de los gastados estereotipos, cada persona decide sus actitudes de una manera responsable, con respeto para los demás y para ella misma, ya que más allá de lo masculino y femenino está primero la persona.
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