Seducción
Foto: Terra España
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México. Existen muchas personas que aún los ven con recelo. ¿Dónde queda el hombre si la mujer le encuentra sustitutos más eficaces e incansables? Es el temor que anida en muchas mentes masculinas. ¿Hasta qué punto me acostumbraré a ellos si me dan más placer que los hombres? Es un temor que está en algunas (pocas) mentes femeninas.
Parece que los juguetes sexuales están de moda, aunque carecemos de cifras fiables de usuarias. Parece que utilizan regularmente estos infatigables amantes artificiales entre una de cada cuatro y una de cada tres mujeres (25% al 33%), si bien les gustaría probarlos a dos mujeres de cada tres.
Sin embargo, no estamos hablando de algo tan moderno como se cree. Los dildos, olisbos o consoladores son tan antiguos como la humanidad según señala el registro arqueológico.
Existen modelos fálicos en piedra encontrados en yacimientos mesopotámicos, egipcios, sumerios..., pinturas y esculturas griegas y egipcias representando a mujeres haciendo buen uso de tales artificios convenientemente untados con aceite de oliva..., escritos antiguos señalando su uso por las hebreas de hace más de cinco mil años..., etc. Vamos, que nuestras tatarabuelas no se estaban sexualmente quietas cuando se quedaban a solas.
Existen escritos afirmando que entre las griegas florecía un extenso mercado de estos objetos y se intercambiaban las direcciones de los artesanos más imaginativos y eficaces en su fabricación. Incluso en épocas sombrías en los que estaban explícitamente prohibidos, existía en España un eficaz mercado de vibradores camuflados bajo la apariencia de masajeadores faciales que se vendían por correo y se anunciaban en revistas gráficas de gran tirada.
En algunos lugares sigue estando prohibida legalmente su venta, como en los Estados de Texas, Mississipi y Georgia de los EE UU. ¡Cuidado con lo que llevas en el bolso si viajas allí!
A los viejos consoladores se les añadió electricidad para que vibraran hace algo más de un siglo. Fue un invento médico elaborado para remediar las dolencias de las mujeres diagnosticadas de histéricas, a golpe de orgasmos. Más tarde, su uso trascendió el ámbito meramente sanitario y se generalizó entre el resto de las mujeres a lo largo del siglo XX.
Siempre ha existido un gran mercado para los vibradores; lo que parece demostrar que hay un mercado estable para ellos con compradores activos y más o menos fieles. Si las mujeres no se masturbasen, como parece que le gusta creer a nuestra sociedad, resulta incomprensible que los fabricantes y vendedores de este tipo de artilugio se mantengan activos y no quiebren. Al contrario, parecen prosperar más que nunca.
Pero eso no es porque las mujeres se masturben más impulsadas por un ambiente más permisivo que en otras épocas, sino porque se atreven a reconocerlo en público (tampoco demasiado) y a comprarlos en las tiendas especializadas, o enviar a alguien que lo haga por ellas.
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También para sexo anal
Pero los juguetes eróticos no sólo están orientados al estímulo del clítoris (los vibradores tienen forma de pene, de lengua, y otras diferentes) o de la vagina (consoladores, bolas vibradoras, etc), también se han orientado al estímulo del ano y al incremento de la sensualidad de los encuentros. Así, dentro del concepto de juguetes eróticos se encuentran los aceites lubricantes, que intensifican las sensaciones, geles y perfumes estimulantes, lencería seductora, juegos compartidos y un largo etc. En definitiva, sirven para divertirse, a solas o en compañía, añadiendo un ingrediente inusual como es el juguete.
Curiosamente, aunque los hombres han sido considerados tradicionalmente más erotofílicos que las mujeres, no son tan dados al uso de estos juguetes tan estimulantes, salvo que su pareja los inicie en ellos, las mayores usuarias de tales artefactos son mujeres. Aquí se da una pequeña paradoja, porque aunque el perfil del cliente de las tiendas que venden estos artilugios es principalmente masculino (un 70%, frente a un 30% de mujeres), sin embargo, la gran mayoría de los artículos que se compran son juguetes destinados al uso femenino.
Los hombres suelen comprar, sobre todo juguetes que también se puedan utilizar en pareja. Aunque también se venden objetos autoeróticos para ellos; no la clásica muñeca inflable, sino las vaginas, las bocas y las manos de gelatina con o sin vibración. Las mujeres que acuden a estas tiendas, sin embargo, compran generalmente juguetes destinados a la masturbación, o, en menor escala, artículos de lencería para uso personal o en pareja.
De hecho, más de la mitad de las ventas de juguetes eróticos las constituyen los vibradores y los estimuladores de todo tipo, así como bolas chinas y las lenguas, con o sin vibración.
Las películas, los geles y los lubricantes ocupan, de lejos, el segundo lugar con un 13% de las ventas aproximadamente. Mientras que la lencería erótica ocupa un tercer lugar con 10%.
Con información de Terra España
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