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Ciudad de México (México). Las crisis amorosas en estos tiempos, le han permitido a las separadas preocuparse de sus necesidades personales, y proyectarse en su carrera profesional. Así que aconsejan los expertos afrontar este periodo como una etapa de crecimiento, para aprender de los errores y afrontar un futuro amoroso más próspero y feliz.
Por lo visto atrás quedó esa imagen triste, agobiada, y desesperanzada que caracterizaba a la mujer separada porque cada vez son más las exponentes del género femenino que se están tomando de mejor manera las crisis amorosas. De algún modo, su independencia económica, su profesión, su resolución a la hora de enfrentar los conflictos y su círculo social, las han ayudado a entender una separación como un proceso que se puede superar.
Al menos así lo describe Lorena de 35 años, quien puso fin a su matrimonio después de cinco años de relación: "Antiguamente separarse era una tragedia, pero hoy está sumamente aceptado, sobretodo si no tienes hijos, porque lo asumes como un noviazgo que no resultó, yo lo tomé así y no me deprimí nunca".
De algún modo, Lorena aceptó el divorcio de su pareja porque sabía que juntos no llegarían a ningún lado porque sus discusiones y peleas eran constantes: "Primero se me vino la idea de que fracasé, pero entendí que no seré ni la primera ni la última. Así que me reuní con mis amigas, hicimos fiestas de pijamas, tal como si fuéramos adolescentes, y fue muy gratificante", declara.
Porque para Lorena estar divorciada fue una liberación total, como ella misma cuenta empezó a retomar su juventud y a sentir que aún tenía muchas cosas que vivir: "Mi afán no fue tener otra pareja de inmediato sino que hacer lo que antes no podía. Salí a bailar, a comer con amigos, me di gustos sin sentirme culpable, y fue muy bonito, aunque debo reconocer que extrañé a mi marido los primeros meses".
A pesar de eso, reconoce que fue la mejor decisión que ambos pudieron tomar porque hoy cada uno tiene su pareja, y se están tomando la vida con mucha más calma: "Entendí que no quiero atarme tanto a una persona, no quiero caer más en la rutina de la casa y la familia. Entendí que aunque suene egoísta, lo más importante soy yo, así que si vuelvo a convivir no cometeré los mismos errores", concluye.
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Volviendo a nacer
Al respecto, la psicóloga, Thamar Álvarez Vega, nos comenta que efectivamente se produce en algunas mujeres después del divorcio, una especie de liberación emocional, debido a que los años de matrimonio probablemente la hicieron sucumbir en una rutina poco estimulante, que la llevó a no prestar atención a sus necesidades. O tal vez, de manera consciente o inconsciente, su marido logró apaciguar sus ambiciones, dejándola a merced de sus propios requerimientos emocionales.
Pero más allá de las causas, explica la especialista que superada la etapa del duelo -que existirá haya o no amor-, se producirá un renacer de la mujer, al reaparecer sus inquietudes, anhelos, y proyectos personales, con toda la fuerza que antes los mantuvo reprimidos.
"Una mujer que sepa utilizar de forma positiva y constructiva su fallida experiencia matrimonial podrá sacar muchas conclusiones importantes relacionadas con sus propias necesidades, su manejo constructivo o no tan constructivo de la vida matrimonial y, sobre todo, lo que desea y lo que no desea para el futuro", señala.
Entonces, esa etapa de jolgorio y diversión que expresan muchas separadas estará muy bien lograda si se trata de una verdadera felicidad: "Una divorciada que reacciona con mucha efusividad a la soltería es una persona que descubre que el matrimonio no es para ella, pues no sólo ocurre en mujeres que estuvieron subyugadas por el marido o por sus padres durante su infancia sino también en aquellas para las que el matrimonio fue una experiencia limitante, aburrida y poco estimulante", declara.
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Coqueteando con el amor
Finaliza el matrimonio y muchas veces de manera inevitable, se entremezcla el crecimiento personal de la mujer con la posibilidad de conocer nuevos hombres que despiertan su interés, en ese escenario la psicóloga aconseja tener mucha prudencia, para que la experiencia pueda ser realmente provechosa para su futuro.
"Algunas mujeres en su soltería se centrarán en lograr las metas y objetivos que se habían propuesto, y otras iniciarán una loca y desenfrenada carrera de conquistas y coqueteos. Las primeras responden al esquema que pese a los conflictos matrimoniales mantuvieron alta su autoestima y la claridad sobre lo que deseaban en la vida. En cambio las segundas responden a quienes se les resquebrajó su seguridad y cuya primera meta será recuperarla", explica.
Así que es favorable que siempre la divorciada analice si está disfrutando su nueva vida, o está solapando dolores que aún no ha podido sanar: "La mujer que busca ocultar la tristeza y la incertidumbre que el divorcio ha dejado con locas noches de desenfreno, no va a conseguir superar el problema. Lo más aconsejable es que asuma sus dificultades y solicite ayuda para salir de ese trance con mayores garantías de éxito".
Por lo tanto, retomar el amor debería tardar un tiempo, al menos hasta que se sanen las heridas y se cumplan los propósitos personales: "Una etapa de soledad y de reencuentro consigo misma es necesaria, pues eso le permitirá darse el espacio para analizar y evaluar lo que fue su experiencia matrimonial, y cómo la ha afectado como mujer y como ser humano".
Y agrega la psicóloga que puede la divorciada profundizar en sus necesidades para que tenga claridad sobre qué espera y desea de una pareja, qué está dispuesta a sacrificar y qué no, qué puede aportar en una relación amorosa, y cuáles son los requisitos mínimos que ella considera en una relación para que pueda convertirse en matrimonio.
Porque sólo así, podrá enfrentar los nuevos desafíos que le plantee la vida de manera clara y objetiva, ya que habrá asimilado tal cantidad de aprendizajes, que con el paso del tiempo mirará su divorcio como una experiencia que tuvo su razón de ser porque será sin lugar a dudas lo que cimentará su felicidad futura.
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