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 Cómo llevarse bien con la suegra
31 de agosto de 2009 09:51

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Suegra
Barbrha Ibáñez V./FMU


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Ciudad de México (México). La palabra “suegra” se relaciona con problemas, conflictos e incomodidad. En casi todas las culturas esta creencia está arraigada, e incluso chistes y comedias de situación cobran vida gracias al tema.

Sin embargo, una relación puede verse afectada cuando una madre desaprueba a su nuera o no tiene interés en estar cerca de ella. Esto puede acentuarse cuando ambas entran en una competencia, lo que genera un juego de poder en el que el novio se sentirá atrapado entre la espada y la pared.

Raquel Liberman, psicóloga y psicoterapeuta especializada en terapia individual, familiar y de pareja, explica que los conflictos entre nueras y suegras son frecuentes cuando los hijos están muy apegados emocionalmente a la madre. “En este tipo de dinámicas, la lealtad del hijo está con ella, entonces con la entrada de otra persona se siente desplazada”, explica.

Agrega que esto se da cuando el hijo varón cubre necesidades que el esposo no puede dar a la madre por ausencia o carencia. “Lo compensa con el hijo, y la pareja, es decir la nuera, vendría a ser una intrusa en esa relación de dos”, precisa.

Así, esa suegra se sentirá amenazada ante la presencia de cualquier mujer que se relacione con su hijo, sin que esto signifique que el rechazo sea personal o fundado. Si es el caso, es importante identificarlo y reconocer las consecuencias, además de la reacción de la pareja. “Nunca debemos permitir al esposo o novio que consienta esta situación. Cuando él se inclina hacia la mamá y permite que intervenga en las decisiones personales y de pareja, hay una invasión”, afirma.

La especialista considera que si el varón está desprendido emocionalmente de ella, no debería darse esa circunstancia, y la nuera no tendría por qué sentir que su suegra se entromete. Pero también es verdad que, aun en una dinámica familiar sana, a veces los caracteres e ideologías de las personas causan incompatibilidad.

Para manejarlo y fomentar un acercamiento que traiga armonía y beneficie a los involucrados, la doctora Liberman sugiere:

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1. Observar la relación de la suegra con su pareja, con la finalidad de entender su conducta. Si se trata de una mujer soltera, divorciada o viuda, será más sencillo comprender que intente llenar vacíos a través de su hijo.

2. Ver con qué otros apoyos emocionales cuenta para fomentarlos, por ejemplo, su propia pareja, otros hijos, actividades laborales, recreativas o sociales.

3. Dialogar en una actitud de respeto. Si una mujer percibe que su compañero no le da el lugar que le corresponde por complacer a su mamá, debe expresarlo desde el primer momento, sin atacar, agredir ni ofender, pues no hay que olvidar que se trata de la persona que le dio la vida a él. Se le deben hacer ver claramente las consecuencias y sentimientos que surgen cuando la suegra interfiere o invade la relación.

4. Reconocer su jerarquía. “Esto tiene que ver con los órdenes del amor, los padres siempre van primero, pero sin que quiera decir que la madre sea mejor que la pareja”, enfatiza la psicóloga.

5. Escuchar sus opiniones y respetarlas, aunque no se compartan. “No hay que engancharse en contradecir ni en pleitos. Pero jamás se deben permitir las imposiciones, descalificaciones o agresiones”, afirma.

La experta indica que nunca se debe pretender apartarla o hacer que él elija entre una y otra. “Hay que tener claro que una cosa es la relación de los dos y otra, la de él con su madre”, apunta.

Tampoco está de más ser amable y considerada. No hay que buscar aprobación sino crear una atmósfera en la que los tres puedan coexistir en armonía, convivir y ¿por qué no?, quererse. “Se puede aprender a tener empatía el tiempo que tengan que estar juntas, participar, tener la apertura para poder realizar alguna actividad, pero sin pasar la vida con ella, pues cada una tiene su espacio”, señala.

Con una buena comunicación, basada en respeto, ambas pueden encontrar puntos de afinidad, como el amor que tienen por el hombre que de alguna manera comparten, y mirarse una a la otra sin miedo ni rencor.

Con información de FMU
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