Moda
Foto: Getty Images
Al ritmo de música ranchera, Jean Paul Gaultier rindió un vibrante homenaje a México, al recrear el miércoles en su desfile de alta costura un paisaje donde la majestuosidad de Moctezuma se mezcló con evocaciones del mar Pacífico, con charros, plumas, pedrería y palmeras.
El ex 'chico malo' de la moda, ahora convertido en una de sus leyendas, presentó 43 creaciones, en una deslumbrante pasarela que concluyó con la actriz y cantante francesa Arielle Dombasle, que pasó su infancia en México, interpretó 'Cucurrucucú Paloma'.
Vestida con un largo traje en tul de seda, color naranja y coral, y adornado el pelo con plumas y flores, la espigada y rubia musa de cineastas como Raúl Ruiz, Robbe Grillet y el recién fallecido Eric Rohmer, se deslizó por la pasarela, entonando la apasionada ranchera,que habla de amor no correspondido.
'Dicen que por las noches no más se le iba en puro llorar, dicen que no comía, no más se le iba en puro tomar. Juran que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto, cómo sufrió por ella y hasta en su muerte la fue llamando', cantó Dombasle, creando una fuerte emoción en la sala.
El público, que se agolpó para este desfile, uno de los más esperados de esta temporada, fue recibido con vasos de tequila, lo que hizo sospechar a algunos que la inspiración de Gaultier se encaminaba hacia Mesoamérica.
Una de sus inspiraciones, dijo el modista después del desfile, fue el filme 'Apocalypto', de Mel Gibson. Quiso evocar, añadió, 'elementos de la naturaleza', como la selva, con 'mujeres felinas', mujeres pájaro. Además, tuvo presente, reconoció, a los mariachis y los conquistadores.
Gaultier no defraudó: cada creación era más sorprendente, más espectacular que la anterior.
En la primera, que tituló 'Mariachi Tequila', el modista vistió a su modelo con un gran sombrero en crin color marfil, bordado de abanicos de plumas también color marfil.
En la segunda, titulada 'Viva Zapata', presentó un jean bordado de cristales y un corsé amarrado en la espalda, sugiriendo el efecto de un tejido de petate, bajo un sombrero en crin azul, recubierto de un ligero velo.
Ese efecto de tejido con palmeras se repitió en otros trajes, en sombreros y bolsos.
Los colores de los vestidos, que transformaban a las modelos en princesas indígenas, fueron vibrantes: turquesas, amarillos, naranjas, verdes. Pero también celeste cielo, rosa pálido, del color de caracoles marinos... y chocolate, chocolate, chocolate.
Hubo también corsés en forma de armaduras y una máscara dorada que evocaba el mítico escarabajo precolombino.
El impacto que provocó el desfile en el público fue intenso. 'No hay palabras, fue espectacular', resumió una compradora italiana.
Con este desfile, Gaultier se confirmó una vez más como uno de los creadores más vitales del momento, junto con el británico John Galliano, que ideó para la casa Christian Dior un mundo de Amazonas, y de Karl Lagerfeld, que declinó para Chanel un mundo lujoso, en tules, encajes y sedas en colores delicados.
El derroche de lujo, pedrería, glamour, encajes y plumas que han desplegado durante estos tres días los exclusivos desfiles de alta costura hicieron olvidar, durante breves minutos, que afuera hay un mundo golpeado por la crisis económica, con su plaga de quiebras, desempleo y zozobras.
Pero la crisis ha pasado factura también a este selecto mundo de la alta costura, que sigue siendo, sin embargo, una de las principales estrategias de mercadeo de las grandes casas de costura, que buscan nuevos compradores entre los nuevos ricos de las economías emergentes de Asia.
Dos de los modistas miembros de este selecto grupo han debido ya tirar la toalla: el francés Christian Lacroix, cuya casa se declaró en quiebra y no halló quien la adquiriera, y el catalán Josep Font, que no desfiló esta temporada en las pasarelas de Alta Costura, optando sólo por el prêt-a-porter.
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