Soy mujer
Foto: Getty Images
Un detalle insignificante para algunos puede ser algo realmente importante para otros, el fin de un deseo, el principio del fin. O pequeñas costumbres que aguantas durante mucho tiempo y al final se vuelven no negociables.
En otras palabras, ¿cuáles son las cosas que 'matan el amor' y sacan de quicio? Te traemos las más habituales.
En la primera cita
Según algunos especialistas de la seducción, unos minutos bastan para saber si la persona nos gusta o no. Pero si se presentan detalles feos en la primera cita, la verdad no hay nada que hacer.
Mal aliento: no hay nada peor que acercarse un poco a la persona y sentir que de la boca de la otra persona emana un mal olor. Puede ser por algo que se comió o simplemente por que tiene problemas dentales o del estómago.
Uñas sucias: sólo toleramos unas uñas dudosas si es pintor y justo acaba de salir del taller, o si se las ha manchado porque ha tenido que cambiar una llanta pinchada.
Errores de lenguaje: algunas palabras o errores de pronunciación como la popular 'x', son algunos detalles que ponen a dudar.
Un mal perfume: si usa el popular 'pachuli' o una colonia con un olor poco agradable, seguramente no querrás ni tenerlo al lado.
Un humor pesado: se cree divertido y te saca todo su repertorio de chistes malos. Puede que algunos te hagan sonreír vagamente, pero otros son sexistas y racistas.
Ex adicto: aquel que no puede olvidar a la novia y todo hasta el más mínimo detalle le recuerda a ella.
La mirada inquieta: es simple, este hombre es un mirón y no puede dejar de mirar a todas las mujeres que pasan. Como si tú no estuvieras ahí.
'Perdona, lo tengo todo previsto': Es cierto que no siempre se sabe lo que se quiere y que a menudo criticamos a los hombres por su miedo al compromiso. Pero, de ahí a comprometerse en seguida con este casi desconocido que ya te habla de niños, de sus nombres preferidos, de un almuerzo de domingo con sus padres, de vacaciones en la playa con sus amigos y de un fin de semana fuera, pues no. Hay un límite. Incluso puede ser hasta un poco sospechoso.
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En la cama
Si ya se ha pasado la prueba de la primera cita y comienza a aparecer el deseo, pues ¿por qué no dejarte tentar? Sin embargo, hay detalles poco agradables que pueden aparecer en el momento de las relaciones sexuales.
Una casa desarreglada: es algo no negociable para muchas mujeres. La habitación con olor a guardado, el baño desaseado y hasta lleno de pelos por todas partes, los bordes de la tina llenos de moho, las sábanas sucias, los ceniceros llenos de colillas hasta arriba. No es por ser exigentes, pero por lo menos un poco de aseo no vendría mal.
Cuando el hombre se desnuda: algunos pequeños detalles pueden irritar. Unos bóxers viejos o rotos, las uñas de los pies largas, un olor corporal desagradable, pelos en lugares inesperados, entre otros.
Durante el acto: las mujeres siempre esperamos un mínimo preliminar antes de . Caricias, besos y palabras agradables que enciendan la pasión e inciten a querer tener sexo con la otra persona. Pero si esa persona es un patán y se olvida por completo de los buenos modales y quiere de una vez penetrarte, hay que ponerle freno. Y si a esto se le suman frases como 'mami déjame metértelo ya' o cosas por el estilo, tal vez estás con el hombre equivocado.
En pareja
Las cosas que matan el amor están en todas partes y pueden saltar a la vista cuando menos te lo esperas.
Celos excesivos: ¿Dónde estabas? ¿Con quién? ¿De qué hablaron? ¿Por qué no me llamaste? son algunas de las preguntas del interrogatorio exhaustivo que realiza una persona celosa.
Aunque al principio estas preguntas se pueden tomar como pruebas de amor o mínimos toques de atención, rápidamente pueden convertirse en un veneno real para la pareja.
Pasamos fácilmente del estado del interrogatorio inocente al del registro de un funcionario del DAS, celular, bolsos, correos electrónicos, todo vale. Puede volverse obsesivo y acabar con la relación.
Cambiar al otro a cualquier precio: empieza de forma agradable, animando a cambiar de corte de pelo, a modificar el maquillaje, a cambiar los pantalones demasiado cortos por prendas de diseño. Pero enseguida se pasa a sugerir al otro que cambie de amigos, de profesión, de gustos.
Cuando la rutina hace de las suyas: dejaron que la costumbre entrara en la relación y entonces, se deja de hacer el mínimo esfuerzo. Ya no hay sorpresas ni detalles y los silencios llegan a ser eternos e incómodos.
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