
Los bebés lloran. No hay manera de evitarlo; es una de las pocas formas que tienen de comunicarse. Puede resultarte difícil al comienzo, pero gran parte de la crianza de los hijos se basa en probar y equivocarse, y pronto aprenderás a adivinar sus necesidades, leer sus señales de aviso y secar sus lágrimas.
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A los recién nacidos les gusta estar abrigados y calentitos. Aprenderás cómo cambiarle rápido los pañales y volver a vestirlo. Ten cuidado de no abrigarlo en exceso, ya que es menos probable que se queje de tener demasiado calor pero puede llorar si está en un clima cálido que le produce desespero.
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Los bebés necesitan muchos cariños. Les gusta ver las caras de sus padres, escuchar sus voces y sentir sus latidos, y pueden incluso detectar su olor particular (¡especialmente el de la leche de mamá!). Después de darles de comer, hacerlos eructar y cambiarles el pañal, muchos bebés necesitan tan sólo que los alcen. No lo estás malcriando, sólo necesita atención y tú eres su única compañía.
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Una vez que aprendas a reconocer las señales de que tu bebé tiene hambre ' está inquieto, hace ruidos y busca tus pechos si lo alzas ' lograrás darle de comer antes de que comience a llorar. Darle de comer podría no calmarlo de inmediato pero déjalo que coma si es que tiene ganas. Dejará de llorar una vez que su estómago esté lleno.
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Algunos bebés hacen notar de inmediato cuando necesitan que les cambien el pañal. Otros no se incomodan. De cualquier forma, esto es fácil de observar y sencillo de solucionar.
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Si bien por lo general los recién nacidos necesitan mucha atención, puede fácilmente ocurrir que reciban demasiados estímulos y tengan una crisis. Los recién nacidos tienen dificultad para procesar toda la estimulación que reciben ' las luces, el ruido, el ser pasado de mano en mano ' y pueden sentirse abrumados cuando hay demasiada actividad. El llanto es su forma de decir que ya fue 'suficiente'
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Si acabas de alimentar a tu bebé y de cerciorarte de que está cómodo (puede que esté incómodo por algo tan ínfimo como un cabello enredado en el dedo del pie o por una etiqueta de la ropa que lo esté molestando) pero todavía sigue llorando, procede a tomarle la temperatura para estar segura de que no está enfermo. Pronto diferenciarás el llano que te indica que tiene un malestar y debes acudir.
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Muchos recién nacidos atraviesan periodos de nerviosismo durante los cuales no logran calmarse fácilmente. Ayúdalo a sentirse tan abrigado y protegido como lo estaban en el útero, e intenta envolver a tu bebé con una cobijita y tenerlo junto a ti. Ponlo junto a tu pecho y escuhar los latidos de tu corazón tal vez le ayude.
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Dale un paseo en auto o mécelo en su sillita. Dale masajes. Y no olvides cuidarte tú misma, tal vez el estrés que sientes lo percibe, entonces acude al padre o algún familiar y pide consejos. Recuerda que no le pasa nada a tu bebé y que llorar no le hará daño; tal vez simplemente necesite desahogarse. En todo caso descarta siempre que no esté enfermo y acude al médico si su llanto es persistente.
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Los bebés lloran. No hay manera de evitarlo; es una de las pocas formas que tienen de comunicarse. Puede resultarte difícil al comienzo, pero gran parte de la crianza de los hijos se basa en probar y equivocarse, y pronto aprenderás a adivinar sus necesidades, leer sus señales de aviso y secar sus lágrimas.
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