
Lo que antes tomábamos como los estragos inevitables de hacernos adultos mayores, en realidad, son fruto de malos hábitos y estilos de vida. La mala alimentación y hábitos, no la genética, son las principales causas de las enfermedades degenerativas en la adultez.
Foto: Getty Images/Información de Linda Nacif

Podemos terminar un maratón, recordar dónde pusimos nuestras llaves, tener un cuerpo tonificado, aprender un idioma, hacer un tour en bicicleta por Europa y disfrutar del sexo a cualquier edad, si aprendemos a equilibrar nuestro tiempo, nuestros compromisos, nuestras emociones, nuestra comida y nuestras hormonas.
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Las decisiones que tomamos hoy harán la diferencia mañana entre el mero sobrevivir (quizás en una casa de retiro) o disfrutar de una vida plena, completa y llena de acontecimientos (en nuestras propias casas o viajando por el mundo).
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Se trata de convertir decisiones conscientes y buenas, a hábitos inconscientes. Son los malos hábitos y no los defectos genéticos, los que con el tiempo, nos alcanzan.
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Podemos renovarnos a cualquier edad. Entre más pronto comencemos una vida mejor, saludable y larga inicia más pronto.
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Pero podemos morir antes a causa de un estilo de vida y malos hábitos. No tenemos control sobre el envejecimiento prematuro, pero tenemos un control total de nuestro crecimiento biológico.
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Si nos permitimos acoger la intimidad, se puede disfrutar del amor con una sexualidad más madura. En las mujeres, el tiempo entre un orgasmo y el siguiente es más corto que el de los hombres, y las mujeres pueden tener orgasmos múltiples hasta entradas en los noventas.
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Lo que antes tomábamos como los estragos inevitables de hacernos adultos mayores, en realidad, son fruto de malos hábitos y estilos de vida. La mala alimentación y hábitos, no la genética, son las principales causas de las enfermedades degenerativas en la adultez.
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