
A los 20 minutos la presión arterial regresa a su nivel normal, lo mismo que la frecuencia cardíaca, y la temperatura de pies y manos.
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Los niveles de monóxido de carbono y oxígeno se normalizan pasadas 8 horas, lo que permite que la respiración sea más profunda y se dé una mejor oxigenación pulmonar.
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Disminuye el riesgo de muerte súbita y ataque cardiaco tras 24 horas.
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Pasadas 48 horas, mejoran los sentidos del gusto y del olfato.
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Aumenta la capacidad física y la persona se cansará menos con cualquier actividad pasados tres meses.
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A las 12 semanas de abandonar el hábito, mejora la circulación sanguínea y el funcionamiento de los pulmones, reduciéndose el riesgo de sufrir algún evento cardiovascular.
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Mejora el drenaje bronquial y se reduce el riesgo de infecciones pasados nueve meses.
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En un periodo aproximado de 9 meses se reduce notablemente la tos, la congestión y la sensación de falta de oxígeno. Se reducen los catarros y molestias de garganta.
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Al año se reduce la posibilidad de tener una insuficiencia coronaria.
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Pasados cinco años el riesgo de sufrir un derrame cerebral, se reduce al nivel de una persona que no fuma.
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A los 10 años la tasa de mortalidad debido al cáncer del pulmón, se reduce a casi la mitad.
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A los 20 minutos la presión arterial regresa a su nivel normal, lo mismo que la frecuencia cardíaca, y la temperatura de pies y manos.
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