PACHUCA.- El pulque nunca volverá a tener la importancia que mantuvo en Hidalgo. Al contrario, año con año, su producción disminuye: En 1972 se extraían 450 mil litros diarios, mientras que hoy esa cifra alcanza apenas los 112 mil. Pese a lo anterior, Hidalgo aporta el 72 por ciento del pulque que se produce en el país.
Entre las razones para esta baja en la producción, se menciona que ésta se debe a la corrupción de los introductores en la Ciudad de México: "Lo que venden son puras porquerías... Imagínese, de 22 barricas que en total tienen 5 mil 500 litros, ellos sacan 66 mil... Y para acabarla de amolar, el maguey está desapareciendo, culpa principalmente de los mixioteros, que por quitarle las penca o la piel, dejan muerta la planta".
A juicio del secretario general del Consejo Estatal de Productores del Maguey y el Nopal, Luis Acosta Hernández, la industria pulquera está condenada, si bien no a la desaparición, sí a sobrevivir apenas, en un país donde "la copa" se ha apoderado del mercado.
En la entidad hidalguense, de acuerdo con un estudio de la Comisión Nacional de Zonas Aridas, cerca de 15 mil personas de 56 de los 84 municipios que conforman el estado, se dedican a actividades relacionadas con la explotación del maguey, de donde se obtiene el aguamiel, materia prima del pulque.
Habitante natural de lugares semidesérticos o con mínimas precipitaciones pluviales, el maguey ha servido, desde etapas prehispánicas, como captador de líquidos, de acuerdo con una investigación de la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca.
El territorio de la entidad ocupa 20 mil 813 kilómetros cuadrados, de los cuales, para esta fecha, un 74 por ciento presenta severos problemas de erosión debido a "la degradación se suelos", representada por la destrucción masiva de zonas magueyeras, entre otras acciones negativas.
Es así que esta erosión se refleja en niveles que van de más a menos: un 11 por ciento es de tipo severo; un 23 por ciento, alto; un 29 por ciento, ligero; un 26 por ciento, no manifiesto, y un 11 por ciento moderado.
La cruda realidad es que un estado que durante siglos se caracaterizó por su producción pulquera, hoy simplemente observa cómo languidece esta producción, casi en igual nivel que lo hicieron las ahora ex haciendas pulqueras, que alcanzaron su clímax en la era porfiriana y que, de a poco, pero irremediablemente, quedaron habitadas sólo por fantasmas de tlachiqueros.