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Entre la virtualidad y la ética

 
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Entre la virtualidad y la ética
 
A lo largo de este breve ensayo pretendo presentar al lector aquellas condiciones sociales que engendraron a grandes personajes
 
 
Nachyelli Buitrón Morales
ITESM.-Grandes avances tecnológicos nos llevan a una nueva dimensión, que para muchos es desconocida; no hablamos de aquello que podemos ver a simple vista, pues tenemos la facilidad de acceso por el desarrollo de la industria de la computación a la gran red de redes, sino de lo que dejamos por entendido al hacer a un lado la reflexión de aquello que vemos.

Por tanto, hablamos de grandes retos que se nos presentan como seres humanos, como profesionales, como padres de familia y en particular, como docentes.

A lo largo de este breve ensayo pretendo presentar al lector aquellas condiciones sociales que engendraron a grandes personajes como Roberts, Jobs, Gates, Woznak y Goeken, entre otros, y cuyos logros tecnológicos influyen invariablemente en lo que hoy en día somos, en lo que hacemos, en lo que aspiramos, en lo que deseamos ser y hacer. De esta manera, se presenta uno de los grandes desafíos que se nos presentan a partir del desarrollo tecnológico: el poder de discernimiento de la información a partir de la reflexión que generemos en aquello a lo cual fácilmente accedemos. Sin embargo, en el ámbito de la ética también tenemos un gran reto, y es a partir del “plagio” o “acopio” que fácilmente nos volvemos presas al tener una gran diversidad de información accesible a un gran número de personas a la vez. Ante esto, el deber de todo docente -y yo añadiría, de todo aquel que “enseña” ya sea padre de familia, amigo, novio o profesor- es fomentar la honestidad, la responsabilidad y el respeto por aquellas ideas que fueron dadas a conocer para apoyar el conocimiento y acrecentarlo, mas no para estancarlo; pues cuando se plagia información, estamos estancando o frenando nuestra propia creatividad y atrevimiento a innovar.

Enfrentamos nuevos tiempos que demandan un aprendizaje significativo de aquella información a la que estamos expuestos, pero para ello, requerimos también “desaprender” ciertas actitudes y costumbres que nos llevan a conformarnos con lo que se nos presenta, sin dejar un espacio a la duda… a nuestra reflexión.

Desarrollo
Grandes cambios encaraba el mundo en la década de los 60, donde se respiraba el temor que, después de 15 años de terminada la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría derivara en un ataque nuclear. Ante esto, las manifestaciones sociales se tornaron cada vez más comunes, fomentando la rebeldía generalizada que tomó forma en libertad de expresión que se confundía con libertinaje. Las preguntas sin respuesta que los actos políticos provocaban, dio lugar a la liberación sexual y al ímpetu del joven por ir tras sus sueños y no repetir lo que sus padres habían vivido durante la Segunda Guerra Mundial. Tiempos de cólera y de psicodelia, pero a la vez de necesidad de creer y crear algo nuevo, fueron los elementos primordiales que incubaron a grandes personalidades como Roberts, Jobs y Gates que buscaban hacer de su amor por los “circuitos eléctricos y sus derivaciones” una forma de vivir divertida en el que entregaban su corazón.

A lo largo de estos años (los 60), se aspiraba un ambiente donde la innovación y la creatividad estaban en su mayor auge, originado en gran medida por la accesibilidad de información con que contaban los países, pues la comunicación entre ellos era más efectiva y las distancias cada día más cortas. El telégrafo, la televisión y la radio, eran parte indivisible del ser y estar de cada ser humano y tras su desarrollo se dio lugar a nuevas necesidades de “dependencia” a ellos. Hablamos de facilidad de acceso a la información, pero también de la dependencia que invariablemente se genera con ellas.

En palabras de Young (1998) “As the electronics age moved beyond the space race in the late 1960s, and the microprocessor made possible the integration of electronic circuits a new generation of American boys were coming of age” (p.149). De esta manera, una nueva mecánica de transmisión de información en donde se trataban de unir las diferentes tecnologías anteriormente desarrolladas, fue el origen de lo que ahora conocemos como la Era de la Información. Una nueva era, donde las distancias son más cortas y la información que se genera en cada minuto es considerada como la materia prima para el ámbito productivo, empresarial, familiar, social y educativo. Esta conjunción en microprocesadores, sin lugar a dudas cambió radicalmente nuestra sociedad, pues tuvimos que “ceder” parte de nuestra cultura para “formar” parte de una nueva, la llamada “globalización”.

Roberts, Jobs, Goeken, Wozniak, Gates, nombres que nos han hecho realidad el gran sueño del ser humano: trascender, pero una trascendencia que gracias a sus desarrollos tecnológicos y en materia de computación, ha llegado a más y más personas con la facilidad de un click de mouse de computadora o bien a través de un simple “enviar” en el caso de mensajes por la gran red de redes o vía teléfono celular. Sin duda ellos fueron parte indispensable en esta trascendencia, logrando lo que Young (1998) establece: “… mechanics caught another wave in the American experience; they were the ones with entrepeneurial dreams, who saw the potencial in packaging together the parts and pieces necessary to build kits” (p. 149). Ellos se caracterizan por la sensibilidad, el amor y la pasión de aquello que hacían y que al conjuntarse lograron lo que ahora es de fácil acceso para nosotros y de cuyos beneficios difícilmente podremos desligarnos. Mentes innovadoras, creativas y con un gran apetito por demostrarse a sí mismas que eran líderes de sus sueños, de aquello que sabían que cambiaría el rumbo no sólo de América sino de todo el mundo; así ha sido y de eso no podemos dudar.

Establecemos invariablemente una relación entre el inicio de una nueva comunicación más generalizada y la aparición de la gran red de redes, Internet, pues como lo mencionamos anteriormente y establece Vázquez (1998; p. 2) “… a mediados de la década de los 60, temiendo que la guerra fría derivara en un ataque nuclear, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos comenzó a buscar la manera de construir una infraestructura de telecomunicación capaz de soportar la pérdida de una de sus partes sin que esto afectara a otras… proyecto conocido como ARPANET (Advanced Research Projects Agency – ARPA)… desarrolló los protocolos de comunicación que permitieron que todas las computadoras de la red se mantuvieran al mismo nivel, evitando que un punto central tuviera a su cargo la administración de la información… lo que impide que una transmisión monopolice los servicios de la red”. Con ello, la confidencialidad tan demandada por la población americana se aseguraba. Con la aparición de esta gran red de redes, el hombre ha encontrado acceso inmediato y muy barato a aquello que soñaba tener y que tal vez por el costo o por la distancia, no podía en otros tiempos. ¿Ídolos? Sin duda son ídolos para el mundo entero, puesto que gracias a su visión de negocio e ilimitada creatividad es posible conocer lugares muy remotos, hablar a larga distancia con los nuestros por el costo de una llamada local; estudiar a distancia y poder generar conocimiento sin necesidad de tener un profesor enfrente. Los tiempos han cambiado y nosotros también. Como maestros y alumnos, no sólo desempeñamos esos papeles, sino que cada día esas funciones se han multiplicado ante la creciente necesidad de ser multifacéticos y fácilmente adaptables a los cambios vertiginosos de los que somos testigos. Ahora, la mujer no sólo se desempeña como ama de casa, sino como profesional, como mujer de negocios, como madre y esposa, cargos que tal vez no sabía cómo desempeñar tan rápidamente en tan sólo 24 horas del día. La pregunta que surge es ¿Realmente esta variedad de funciones que ejerce la mujer fomenta el desarrollo de los pueblos? Cuestionamiento que tal vez retome en posteriores ensayos.

Considero que es de vital importancia recuperar el verdadero papel que la mujer ejerce como motivadora del cambio social, en la medida que la educación, los valores y las actitudes que desarrolla en su hogar, sean llevados a todos los ámbitos en que el ser humano se desempeña, fomentándolos, desarrollándolos y buscando el beneficio social.



 
 
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