Irak:
Una guerra sin final
AP (26-08-04) KUFA, Irak.- Una ronda de morteros cayó sobre la principal mezquita de la ciudad de Kufa, dejando 27 muertos y 63 heridos, pocas horas antes de que el principal clérigo chií del país llegara a Nayaf decidido a terminar con tres semanas de enfrentamientos.
La mezquita de Kufa estaba repleta de iraquíes que se preparaban para marchar a la vecina Nayaf.
Horas después del ataque, elementos armados no identificados dispararon contra miles de chiís que marchaban hacia Nayaf, matando al menos a tres personas e hiriendo a otras 46, dijeron testigos.
Los enfrentamientos también continuaron el jueves en Nayaf, y aviones de guerra estadounidenses bombardearon presuntas posiciones del Ejército Mahdi del clérigo chiíta radical Muqtada al-Sadr. Se escucharon explosiones en toda la ciudad.
La violencia desalentó las esperanzas de encontrar una solución rápida a la crisis que ha enfrentado a los partidarios de al-Sadr y a una fuerza combinada de soldados estadounidenses e iraquíes.
Los militares norteamericanos y los insurgentes se culparon mutuamente por los ataques con morteros contra la mezquita de Kufa.
El Gran Ayatola Alí Husseini al-Sistani, de 75 años, regresó el miércoles a Irak desde Londres y el jueves se dirigió a Nayaf desde la ciudad de Basora, al sur del país, en una caravana de 30 vehículos blindados.
Llegó a Nayaf poco antes de las 3.00 de la tarde y se trasladó directamente a una de sus casas del vecindario al-Sa'ad, a poco más de un kilómetro de la reverenciada mezquita Imán Alí, donde los milicianos se encontraban atrincherados.
El primer ministro interino Ayad Alaui declaró un cese de fuego de 24 horas en Nayaf desde el momento de la llegada de al-Sistani "para reforzar nuestro compromiso con la paz".
Alaui expresó su esperanza de que la iniciativa de paz de al-Sistani tenga éxito para que el gobierno no tenga que recurrir a un operativo en la mezquita.
"Enfatizo que este es el último llamado para la paz y que esta es la última oportunidad para terminar con el derramamiento de sangre inocente", sostuvo Alaui en una declaración.
"Si Dios quiere, nuestras plegarias para la paz en Irak y la estabilidad de la seguridad se cumplirán".
Alaui y otros funcionarios han emitido varios ultimátum a los milicianos para que se rindan, pero aún no han implementado sus amenazas.
Miles de personas estaban reunidas alrededor de la mezquita de Kufa en el momento del ataque, y las ambulancias llegaron a toda prisa al área para llevar a los heridos a los hospitales.
Había varios cadáveres en la mezquita, bastión de los seguidores del religioso radical Muktada al-Sadr, dijeron testigos.
Jussam al-Jusseini, lugarteniente de al-Sadr, indicó que un mortero cayó en la mezquita y otros dos cerca de sus puertas. Otros indicaron que fueron dos las detonaciones.
Había sangre regada sobre el concreto del patio posterior de la mezquita y un par de sandalias yacían abandonadas en las cercanías, señalan imágenes de Associated Press Television. Las esquirlas lanzadas por la detonación arrancaron pedazos de los muros y el pavimento, pero parece que no hubo daños estructurales graves al edificio.
Mojammed Abdul Kadjim, funcionario del hospital al-Furat al-Awsat, en Kufa, dijo que murieron 27 personas y 63 más resultaron heridas.
La morgue estaba llena de cuerpos y más de una docena de cadáveres tuvieron que ser dejados en el jardín del nosocomio.
Aún no se ha determinado quién disparó los morteros. Los estadounidenses han enfrentado a rebeldes chiítas leales a al-Sadr en el vecino Nayaf, y en ocasiones en la misma Kufa, durante tres semanas.
"Estábamos reunidos dentro y fuera de la mezquita, preparándonos para viajar a Nayaf cuando dos morteros cayeron, uno dentro de la mezquita y el otro en la puerta principal. Este es un acto criminal. Solamente queríamos realizar una manifestación pacífica", dijo Jani Jashim, quien llevó a un amigo herido al hospital.
Luego del ataque, miles de manifestantes leales a al-Sadr marcharon sobre Nayaf, pero fueron atacados desde una base entre las dos ciudades, dijeron testigos.
Los manifestantes se dispersaron cuando se iniciaron los disparos. Las víctimas fueron desalojadas en vehículos civiles y ambulancias. Al menos tres personas murieron y 46 resultaron heridas, dijo Abdul Kadjim.
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