Después de habernos detenido un rato para gozar de las azules y misteriosas aguas del cráter de Alchichica, en las cuales según algunos buceadores que conozco suceden fenómenos magnéticos poco comunes, continuamos nuestro camino por la árida llanura poblana y llegamos a comer a Perote, ciudad ya veracruzana en el altiplano y puerta de entrada a la zona de montaña que marca el límite entre los dos estados.
Una vez satisfecho nuestro apetito emprendimos el camino hacia Xalapa; de Perote en adelante, la vegetación cambia drásticamente y mientras a nuestra derecha se ve la mole magnífica del Cofre de Perote y sus bastante deteriorados bosques de pino, a nuestra izquierda va quedando atrás la extensa y seca llanura del altiplano. Una vez adentrados en las montañas, el sol desaparece y da lugar a un verdadero "mar" de nubes que, viajando desde el Golfo de México, van a pegarse materialmente en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, dándole a esta zona la humedad suficiente para convertirse en un vergel.
Luego de tres cuartos de hora de bajar constantemente entre nubes y pequeños tramos donde salía el sol y podíamos apreciar el cambio de la vegetación, que de un bosque frío de pinos y encinos se iba convirtiendo en lo que los entendidos llaman bosque de niebla, vimos a lo lejos la ciudad de Xalapa, que reposa a los pies del cerro del Macuiltépetl, desde el cual por cierto, en días de claridad, se tiene una magnífica vista de la planicie costera hacia el mar.
Una vez en Xalapa, nos alojamos en el hotel Salmones y después de una cena ligera nos fuimos a descansar para empezar al día siguiente nuestra visita a esta ciudad, capital del estado y centro de su vida cultural y universitaria.
Por la mañana nos levantamos temprano para empezar nuestro recorrido. Debido a su ubicación, Xalapa tiene una topografía accidentada que da por resultado que sus calles y avenidas tengan una traza irregular e intrincada, con pendientes pronunciadas que proporcionan perspectivas visuales poco comunes en otras ciudades coloniales, generalmente de traza reticular. El centro de Xalapa es bello y señorial, porque aún conserva el sabor y la frescura de la Colonia; de hecho muchos de los nombres de sus calles y callejones hacen alusión a escenas y hechos de la vida pasada de la ciudad; tales son por ejemplo los casos de los callejones Jesús te Ampare y del Diamante. El primero adquirió su nombre porque se cuenta que hace ya mucho tiempo un transeúnte sufrió en él una terrible muerte a manos de un asaltante, y el segundo porque cuenta la leyenda que en él murió una amante infiel, la cual fue asesinada por su ofendido marido cuando descubrió que su mujer había olvidado su sortija -símbolo de fidelidaden la alcoba de su amante, quien además resultó ser su mejor "amigo".
Xalapa es una ciudad tranquila en donde las arquitecturas tradicional y colonial, se integran armónicamente con la soberbia arquitectura de estilo francés utilizada en los palacios y residencias del porfiriato, época en que la ciudad vivió un auge económico y un reflorecimiento.
Durante el periodo colonial, la economía de Xalapa cobró gran fuerza gracias al comercio, ya que debido al clima insalubre del puerto de Veracruz en aquellos tiempos, la feria comercial donde se exponían todos los productos llegados de ultramar se instaló en esta ciudad.
La casa típica de Xalapa se distingue sobre todo por sus techos inclinados de teja de barro, los cuales sobresalen de las fachadas formando un ancho alero que resguarda al peatón de la lluvia, la cual es un evento cotidiano en este lugar. Por lo general, estas casas esconden en su interior floridos y exuberantes patios alrededor de los cuales están las habitaciones.
Los vanos que dan hacia las calles, están protegidos con herrerías, algunas de ellas con hermosas decoraciones.